El Monte de los Cráneos

EL MONTE DE LOS CRÁNEOS

Judea, siglo I

            

¡Padre, tú que tienes el poder, sálvame! ¡Padre, tú que puedes, líbrame de este destino! ¡Padre, si lo que quieres, puedes ahorrarme este suplicio!

¡Padre! ¿Qué es esto que jamás había experimentado? ¡El dolor, padre, el dolor! ¡Mírame! Los clavos me atraviesan las manos y los pies, las espinas laceran mi piel. Me azotaron, padre, me golpearon con látigos y con palos, desgarraron mi carne con púas y garfios. ¡Y tú permaneciste observando sin hacer nada! ¿Cómo puedes contemplar mi sufrimiento sin intervenir? ¿Con esa misma indiferencia miras el dolor de todos los mortales?

Estoy muriendo, padre, y no quiero morir. ¡No quiero morir! ¡No quiero este sacrificio! ¿Es en verdad necesario? ¿No te bastó con haber traicionado y violado a mi madre? ¿Con esto volveré los corazones de los hombres hacia ti? ¿Con esto los salvaré de la Muerte? ¿Cómo puedo salvarlos de la Muerte, padre, si no puedo salvarme yo mismo? ¿Tú podrás, padre? ¿Tú podrás traerme de vuelta?

Oh… ¡No! ¿No te das cuenta? Mi vida y obras no han servido de nada, la Muerte viene en camino… ¡Puedo sentirla apoderarse de mí! No podemos vencerla. Pronto dejaré de existir. ¡La he visto! ¡No…! No puedo, padre, no puedo. Oh, si supieras el tormento que vivo, si pudieras conocer el miedo que me posee. ¡No veo esperanza, no veo salvación! ¿No lo entiendes, padre? ¡No podemos vencer! Ese lugar que has creado para aprisionar a tus enemigos… ¡No podrá contenerla!

Pero… tú ya lo sabías, ¿verdad? Oh… ahora lo entiendo. No te interesa vencer a la Muerte, no te interesa recuperarme de su poder. Sólo me entregas para saciar tu sed de sacrificios. Voy a morir, oh Padre, voy a morir. ¡Ya lo sé! Siento el frío, el silencio y la oscuridad entrando por mis heridas. Moriré de forma absoluta. Y entonces harás que los hombres digan mentiras, los harás decir que hice milagros, que resucité a los difuntos, que yo mismo volví a la vida después de morir. Ellos te adorarán por tales embustes, y mi cuerpo mutilado permanecerá en una sepultura olvidada y sin nombre. ¡El dolor, padre, el dolor! Si de todos modos me vas a sacrificar, ¿no podrías dejarme morir ya?

Pero claro… Necesitas el sacrificio, necesitas el sufrimiento, necesitas que todos miren este espectáculo de tortura y demencia. ¡No! ¡¿Cómo puedes hacerme esto?! ¡Soy tu hijo! Soy tu hijo… una parte de tu ser encarnado. De nada te sirve mi sufrir. No podemos vencer, padre, ¿no te das cuenta? Oh… Oh, no… Ahora lo veo… Estás loco, estás loco. ¡Hombres, vean a mi padre! ¡Está loco, está loco! Ansía adoración y holocaustos. Promete su protección sólo a quienes se someten a su voluntad. Para los demás, ¡la condenación eterna, mientras él permanece sentado en su trono de cráneos y mártires hasta el Amanecer de la Muerte! ¡Padre, detente, no sabes lo que haces!

Estoy muriendo, muero ya… No encuentro esperanza de descanso ni sosiego… Todo lo que hay frente a mí es oscuridad y frío… Sé que estoy por morir, es más de lo que puedo soportar… pero me obligas a mantenerme despierto, me obligas a sentir, tal es tu maldición… No… Muero, muero ya… ¡Ah!… ¿Qué es eso? ¡No…! ¡NO! ¡¡El horror, el horror!!

¡Padre, padre! ¡¿Por qué me has abandonado?!

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Acerca de Maik Civeira

Escritor friki.
Esta entrada fue publicada en El horror a través de los siglos. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a El Monte de los Cráneos

  1. Pancho dijo:

    A fin de cuentas era un ser humano como nosotros, no veo porque no podría pensar algo así.

  2. Pingback: “El monte de los cráneos” « chilangoenpuebla

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