Springheeled Jack

SPRINGHEELED JACK

Londres, década de 1830

            Noche prematura. Niebla espesa. Silenciosos relámpagos. Truenos lejanos. En las afueras de la ciudad.

El mayordomo tomó la capa y el sombrero de míster Peabody y lo condujo al salón de fumar donde ya lo esperaban otros ilustres personajes.

            -Buenas noches. Les ruego disculpen mi retraso.- Peabody había llegado siete minutos tarde.

            En el salón de fumar estaban sentados en sendos poltrones Lord Pennyworth, el noble joven y romántico; míster Waterstone, el comerciante que había viajado por todo el mundo, y el doctor Van Hausen, que se calificaba a sí mismo como librepensador.

            -Adelante, Peabody.- dijo Pennyworth –Sir Richard aún no se presenta.

            Afuera de la mansión de sir Richard Ferguson una tormenta azotaba los caminos que bajaban hacia Londres. La oscuridad del cielo sólo era interrumpida por eventuales relámpagos.

            -Los espíritus están inquietos.- dijo Pennyworth con una lánguida sonrisa. –Siempre lo están en estas noches de tormenta.

            Waterstone asintió con la cabeza y Van Hausen bufó con fastidio. Peabody se sentó en un sillón y pidió una taza de té al mayordomo. Unos segundos más tarde se apareció sir Richard en el umbral del salón.

            -Buenas noches, caballeros. Les ruego que disculpen mi tardanza.- pero sus invitados sabían que al excéntrico caballero le gustaba hacerse esperar y amaba la teatralidad.

            -¿Cuál será el tema de nuestra tertulia, sir Richard?- preguntó el médico.

            -Me alegra que pregunte, doctor.- dijo el aludido tomando asiento en un cómodo sillón -Nuestra tertulia versará en torno a una serie de sucesos que han estado perturbando las nebulosas calles de nuestra ciudad por los últimos meses. Un fenómeno que combina el misterio con el terror y que quizá no esté exento de implicaciones políticas. Me refiero al fenómeno de Springheeled Jack. ¿Realidad o fantasía? ¿Natural o sobrenatural? ¿Qué opinan ustedes, queridos amigos?

            -¡Bah!- exclamó Van Hausen –¿Qué hay que decir? No se trata nada más que de un caso de locura masiva. Todas esas “apariciones” y “ataques” no son más que las ilusiones de mentes vulgares y confundidas.

            -Yo no estaría tan seguro, mi querido doctor.- dijo lord Pennyworth –Una o dos personas pueden alucinar. ¿Pero tantas y en tantos lugares? No lo creo.

            -Quiero hacer hincapié en lo que usted mencionaba, sir Richard, en cuanto a las implicaciones políticas.- mencionó Peabody –En verdad creo que las hay.

            -En lo personal,- acotó Waterstone –He visto muchos sucesos raros en mi vida, y creo que sería ingenuo descartar de antemano cualquier posibilidad.

            -¡Oh, por favor!- espetó el médico.

            -Caballeros, veo que todos se apresuran a opinar. Pero ¿conocen de verdad todo lo que hay que saber referente al fenómeno de Springheeled Jack?

            -Admito que no.- dijo Van Hausen –No suelo ocuparme en averiguaciones de este tipo.

            -Debo decir que yo sólo he escuchado rumores muy difusos. No tengo noticia de todos y cada uno de los… avistamientos.- confesó Peabody.

            -Yo no presto atención a lo que dicen los diarios.- dijo Pennyworth con orgullo –Prefiero escuchar las historias que cuenta la gente humilde, cuyas ideas no han sido contaminadas por los dogmas del racionalismo.

            -En lo particular,- dijo el comerciante -he tratado de mantenerme ignorante en lo posible de este asunto. En la India atestigüé algunas cosas horrorosas y no quiero que este tipo de preocupaciones me acosen en mi querida Inglaterra.

            -Muy bien, caballeros.- dijo sir Richard tomando una copa de brandy que le sirvió el mayordomo –Me tomaré entonces la libertad de informarles puntualmente acerca de todo lo concerniente al caso de Springheeled Jack. –sir Richard se colocó sus espejuelos, abrió frente a sí un cuaderno de notas y comenzó a narrar, echando ocasionales vistazos a las páginas manuscritas…

***

            La primera noticia que tengo sobre Springheeled Jack la encontré entre los diarios de mediados del año pasado. Una nota reporta sobre un hombre de negocios que caminaba por la calle casi a media noche, cuando vio una sombra atravesar la avenida a gran velocidad para luego dar un salto imposible sobre la barda de un cementerio y perderse en la oscuridad. A este reporte siguen otros similares. En todos ellos, pobladores de Londres de todas las clases sociales y edades declaran haber visto una figura correr a gran velocidad y dar saltos imposibles para una criatura humana.

Guardo en mi hemeroteca privada un testimonio especial que quiero compartir con ustedes. En él se dice que el reverendo Emil Shepherd estaba de rodillas orando en su habitación cuando sintió un extraño escalofrío. Levantó la mirada hacia la ventana y distinguió, de pie sobre el tejado de la casa vecina, una silueta humana recortada contra la luz de la luna llena. El reverendo se puso de pie y caminó hasta la ventana, extrañado por la presencia de una persona en un sitio tan peligroso. Abrió la ventana y se asomó para llamar a aquel hombre, ¿un deshollinador o un albañil, quizás? Pero en cuanto el reverendo pronunció las primeras palabras, el ser en el tejado se volvió y corrió hacia él a toda velocidad emitiendo un chillido que el religioso calificó de “infernal”. Shepherd, espantado, se metió en la habitación y con rapidez cerró la ventana. La criatura chocó contra el vidrio y luego dio un salto impresionante. El reverendo escuchó los pasos del ser corriendo sobre el tejado de su propia habitación hasta que no se oyó más. Quizá la criatura dio otro salto y siguió sus correrías por los tejados, ¿quién lo sabe? Lo importante es que cuando la cosa se impactó contra el vidrio, el reverendo pudo verlo por un segundo: describe que toda su cara, de tamaño humano, estaba ocupada por una boca inmensa y monstruosa, llena de dientes torcidos y aserrados. El resto de su cuerpo, dijo Shepherd, parecía ser humano.

Reproduzco esta descripción porque es única y significativa. No hay ninguna otra descripción de Springheeled Jack que suene siquiera similar. Por favor, querido doctor, no me interrumpa, ya podrá usted dar su punto de vista escéptico sobre el caso. Como decía, ya para entonces se le había dado aquel epíteto a nuestro fantasmal personaje. El origen del mote, proviene, como sabréis de la sugerencia que hizo algún periodista de que Jack podría tratarse de un simple mortal que se las ingenió para montar resortes en los tacones de sus botas, lo cual explica su antinatural capacidad para dar saltos.

Entiendo que usted es de esta opinión, míster Peabody, pero muchos testimonios contradicen tal teoría. De cualquier forma, hasta antes de octubre del año pasado, sólo había habido avistamientos de Springheeled Jack, nunca ataques. Eso cambió el día 31 del citado mes.

Una jovencita de nombre Mary Stevens, iba en dirección a la casa en la que trabajaba como sirvienta, después de visitar a sus padres. Según dijo la muchacha, estaba caminando por la calle cuando escuchó una serie carcajadas enloquecidas cuyo origen no pudo dilucidar. Miss Stevens aceleró el paso, pero una figura saltó desde la oscuridad de un callejón y la sujetó con manos poderosas y frías como tenazas de metal. Miss Stevens describe a su atacante como un hombre alto, anormalmente pálido, envuelto en una capa negra y raída, con un sombrero de copa sobre su oblonga cabeza y cuyos ojos brillaban de color rojo. El hombre se reía como un degenerado y sujetaba a la chica con fuerza; entonces procedió a arrancarle la ropa con sus garras mientras le besaba y mordía la cara. Los gritos de Miss Stevens terminaron por atraer a un grupo de hombres, ante la vista de los cuales, el atacante dio un salto y desapareció. De inmediato los vecinos del lugar se organizaron en una partida de búsqueda y registraron cada callejón de las cercanías con la intención de darle caza al misterioso agresor, pero no pudieron encontrar nada.

A la media noche siguiente, en las cercanías de la casa donde trabajaba miss Stevens, un cochero circulaba por la calle cuando vio que una figura aterrizó, quién sabe desde dónde, en medio del camino. El caballo se asustó tanto que el cochero perdió el control y el carruaje se volcó, patinó y fue a estrellarse contra una barda. La figura dio otro salto y desapareció de la escena, dejando al caballo muerto por desangramiento y al cochero gravemente herido. Éste dice que jamás olvidará las carcajadas demoniacas del ser que se le atravesó.

Ahora, ustedes recordarán la asamblea popular a la que convocó nuestro Alcalde, sir John Cowan, en enero de este año. Pues bien, en esta sesión se dio a conocer que un ciudadano anónimo había escrito una carta al Alcalde denunciando a un bromista desconocido. La carta del ciudadano anónimo reporta que dicho “bromista” se le había aparecido a sus víctimas usando tres disfraces distintos: el de un fantasma, el de un demonio, y el de… ¡un oso! De sus dos primeros disfraces, dice que los ha usado para asustar a señoritas de tal forma que dos de ellas perdieron por completo la razón. Sobre el tercer disfraz del bromista, cuenta de un jardinero que podaba el césped de su amo al anochecer cuando de pronto fue atacado por un oso negro que había salido de la nada. El jardinero huyó y se escondió dentro de la casa. Más tarde, acompañado por otros sirvientes, registró el lugar y no encontraron rastro del oso.

Ahora bien, comprendo que uno pueda disfrazarse a la perfección de diablo o de espectro; lo hemos visto en el teatro. Y que una aparición repentina y bien planificada podría espantar al más valiente de los hombres, no digamos ya a señoritas nerviosas. Pero ¿qué disfraz de oso puede ser tan excelente que logre engañar y asustar a un hombre adulto? Todo es muy extraño y sin embargo, no encuentro aquí relación directa con Springheeled Jack. Oh, por favor, señor Peabody, le ruego me permita terminar de hablar antes de expresar sus opiniones.

También en enero de este año, un deshollinador dijo haber visto… algo. Se encontraba dicho trabajador en el tejado de una casa cuando vio a un ser acuclillado en una chimenea lejana. La criatura estaba cubierta de la cabeza hasta las rodillas con manto negro que cuidaba de mantener cerrado con una de sus manos. Pero las piernas desnudas de la criatura eran velludas y tenían una forma de lo más extraña: las rodillas eran gruesas y estaban ligeramente dobladas, y los tobillos eran anormalmente largos. El deshollinador, que había sido marinero y estado en Australia, comparó las patas del ser con las de un canguro. La criatura se volvió hacia el buen hombre y profirió una carcajada espantosa. El susto hizo que el deshollinador cayera del tejado hasta un balcón que por suerte sólo estaba unos pies más abajo. Tirado de espaldas, el testigo pudo ver que la criatura pasaba por encima de él dando salto y que se perdía en la oscuridad de un callejón aledaño.

El fenómeno toma tintes más extraños con lo que sucedió el siguiente mes. La noche del diecinueve de febrero, la joven Jane Alsop se encontraba en la casa paterna cuando escuchó un silbato de policía seguido de una voz varonil que clamó “¡Ayuda! ¡He atrapado a Springheeled Jack y necesito ayuda!”. Miss Alsop abrió la puerta de la casa y enseguida una silueta oscura cayó sobre ella. Se trataba de un hombre con la cara pálida y la expresión tiesa e inexpresiva, vestido con ropa delgada y ajustada, que miss Alsop describió como “aceitosa”. Sus manos estaban enguantadas, pero en los dedos estaban colocados conos filosos de metal, a manera de dedales, que el atacante usó como garras para abrir la ropa de la joven. Los gritos de miss Alsop atrajeron a sus familiares, ante los cuales huyó el misterioso agresor dando saltos imposibles y profiriendo carcajadas diabólicas.

Otros reportes aseguran que Springheeled Jack no parecía un ser humano, ni nada parecido, sino que lo describen como una sombra encapuchada, apenas con sustancia material, que salta por los callejones y las azoteas chillando de forma sobrenatural. Tengo el testimonio de un marinero quien, junto con su camarada, escuchó el chillido y vio a la criatura columpiándose de cornisa a cornisa. El marinero asegura que su camarada perdió la razón después de escuchar el chillido.

Pero la mayoría describe a Springheeled Jack como un hombre, con un aspecto caballeresco incluso, y hay quien afirma que el ser se comunica en perfecto inglés. Algunos testigos aseguran que Jack tiene patas de macho cabrío. Sumados a estos testimonios hay varios reportes de gente que ha visto osos negros, panteras y caballos negros con los ojos flameantes corriendo a gran velocidad por la calles del centro de Londres a media noche, aunque no estoy seguro de cómo o si estas historias se relacionan con Springheeled Jack.

Éstos son los principales testimonios y si nos quedáramos sólo con ellos pensaríamos que podría tratarse de un bromista, muy pesado pero inofensivo, cuya única intención es causar pánico. Los reportes que les presenté hablan de gente que vio a este… diablo, o como quieran llamarle. Es decir, son relatos de gente que ha sobrevivido a los encuentros con Springheeled Jack. Pero me pregunté ¿y si alguien se ha topado con este demonio y no ha vivido para contarlo? Entonces empecé a investigar.

A lo largo y ancho de Londres ha habido una serie de homicidios extraños en los que nadie parece haber reparado. Cuerpos decapitados de por lo menos dos hombres han sido hallados flotando en el Támesis. Nueve jovencitas fueron encontradas horriblemente violadas y sus cadáveres muestran las huellas de cuchillos… o garras. Una señorita cuya identidad no ha podido ser averiguada fue encontrada con vida y desnuda ante una iglesia. La joven presentaba indescriptibles heridas y, según un examen médico, había sido brutalmente violada. La señorita no pudo dar testimonio porque había perdido la razón y no hablaba.

Dos niños pequeños de un orfanato amanecieron muertos sin que se supiera que estaban enfermos. Ambos tenían marcas en el cuello como si los hubieran sujetado con fuerza, pero esa presión no parecía haber sido suficiente para haberlos estrangulado. Es como si su atacante sólo los hubiera sostenido del cuello mientras les hacía… algo más. Otros niños han sido encontrados en condiciones similares en toda la ciudad. Siempre se trata de niños varones en perfecto estado de salud que amanecen muertos sin señal de quién o qué les hizo daño, más que unas marcas leves en el cuello. Como estos niños, al igual que las señoritas violadas y asesinadas, pertenecían a las clases bajas, no se han hecho averiguaciones al respecto. Por cierto, estas muertes ocurrieron en zonas en las que Springheeled Jack había sido visto en días anteriores o posteriores. Pero parece que soy el único que ha hecho la conexión.

Caballeros, les dejo las evidencias, los relatos, las historias. Somos hombres educados y creo que podremos, con el uso de nuestra capacidad de raciocinio, encontrar la explicación de este extraño fenómeno que aterroriza a nuestra ciudad.

***

Sir Richard calló y por unos instantes los únicos sonidos que se escucharon en el salón fueron el aullar del viento y el repiqueteo de la lluvia.

-No es bueno hablar de cosas macabras.- dijo míster Waterstone –Hablar de ellas las despierta y las atrae.

-Tiene usted razón.- añadió Lord Pennyworth –Es bien sabido que hablar de fantasmas o leer sobre ellos en las situaciones propicias puede provocar que se le aparezcan a uno. Existe un castillo en Irlanda que… bueno, ya les contaré en otra ocasión. Volvamos al tema de Springheeled Jack. ¿Qué opina usted, mi querido doctor?

Van Hausen tenía el seño fruncido y la expresión fatigada –Todo este asunto no es más que un caso de alucinaciones en masa; locura colectiva, eso es todo. Ocurre un suceso extraño y de inmediato la imaginación le da interpretaciones irracionales. Después, todo suceso mal entendido es visto a través del cristal del mito que el primer suceso generó. Usted mismo, sir Richard, reconoce que en este caso hay una multitud de sucesos tan disímbolos que no se entiende cómo podrían estar relacionados, además de las tan diferentes y disparatadas descripciones que se han hecho de Springheeled Jack. ¿Cuál de todas es la correcta? ¿Cuál es la relación entre tantos extraños sucesos? La respuesta a ambas preguntas es: ¡ninguna! Es la imaginación de la gente la que trata de relacionar todo lo que capta con sus propias supersticiones, en este caso, el demonio saltarín.

-¿Y cómo explica usted los asesinatos?- preguntó sir Richard.

-Es simple. Londres está lleno de criminales. Asesinatos y violaciones se cometen todos los días. Como la gente ignorante tiene en la cabeza que el tal Springfield Jack merodea las calles, enseguida piensa que cualquier suceso tiene que ver con él.

-Ése es el punto de vista escéptico. ¿Usted qué opina, Peabody?

-Bueno, yo no subestimaría tanto a los londinenses como el buen doctor. No creo que tantas personas hayan alucinado más o menos el mismo asunto. En lo personal pienso que este Springheeled Jack es una persona de carne y hueso, un bromista con algo de experiencia de trucos teatrales. Mis sospechas se dirigen hacia el Marqués de Waterford, amigo suyo, Lord Pennyworth, según tengo entendido.

-Lo he tratado, sí, pero lo considero un tipo grosero y vulgar. No es mi amigo.

-En efecto, el Marqués ha tenido problemas antes por sus actos descarriados de vandalismo, borrachería y bromas muy pesadas, y es bien sabido que ha intentado forzar a dos damas de la sociedad a sostener relaciones licenciosas con él. También he escuchado rumores de que ha llegado a violar a jovencitas que se ponen a su servicio y que a partir de hace dos años escoge a las sirvientas de sus palacios entre lo más bajos lupanares de Dublín. Creo que el Marqués de Waterford es quien, disfrazado como Springheeled Jack, se ha divertido aterrorizando a los londinenses y atacando a las señoritas.

-¿Y cómo explica usted los asesinatos?- inquirió Lord Pennyworth –El Marqués es sin duda un individuo depravado, pero no lo creo capaz de cometer esos brutales crímenes que se le atribuyen a Springheeled Jack.

-Yo tampoco.- aceptó míster Peabody –En este punto concuerdo con el doctor. Unos asesinatos han ocurrido, como ocurren siempre, quizá con más intensidad, y da la casualidad que se dieron en la misma época en la que el bromista hacía de las suyas. La gente, asustada y supersticiosa, relaciona una cosa con la otra, aunque no estén conectadas de forma alguna.

Lord Pennyworth dio entonces su parecer –Las explicaciones del doctor y de míster Peabody son intrigantes. Sin embargo, yo tengo la firme creencia de que este fenómeno no se puede explicar con razonamientos fríos y estáticos. Creo que en el caso del llamado Springheeled Jack nos enfrentamos a un ser de otras esferas… ¡No se ría, mi buen doctor! Pienso que seres semihumanos provenientes de otros planetas podrían tener las características que se le atribuyen a Jack: ojos brillantes, piel pálida, dedos como garras. Su capacidad innatural para dar saltos impresionantes podría ser el resultado del efecto que la poca gravedad de la tierra tiene sobre él. Y en cuanto a los asesinatos, es posible que esta criatura sea antropófaga o que se alimente de la energía vital de sus víctimas, como hizo con esos niños.- después, milord añadió con una sonrisa de satisfacción -¿Qué les parece? Original, ¿no?

-¡Todos están equivocados!- exclamó de pronto míster Waterstone para sorpresa de sus contertulios, pero de inmediato, más tranquilo, se disculpó. –Por favor, dispénsenme. Me he dejado llevar. Pero en verdad creo que ustedes no ven más allá. Yo he viajado por África y la India y en mis años mozos serví en el ejército de Su Majestad en América. He visto alrededor del mundo cosas muy extrañas. ¡Ritos demoniacos perpetrados por tribus perdidas, ruinas de ciudades tan antiguas que no deberían existir, libros con saberes prohibidos que enloquecerían al más cuerdo de los hombres con sólo leerlos! Este Springheeled Jack pertenece a esta clase fenómenos sobrenaturales y espantosos. Su naturaleza es desconocida y la cantidad de datos tan contradictorios sobre él es un claro indicio de que no podemos comprenderla. Cada quien lo ve como su limitado cerebro puede entenderlo…

-Por favor, míster Waterstone.- intervino Van Hausen -¡Eso es ridículo!

-No. Les parece ridículo porque son hijos de la Ilustración, porque no han constatado que en lugares a los que no llega la razón suceden cosas monstruosas. Oh, si hubiesen visto lo que yo he visto. ¡Lo que no desearía volver a ver…!

-Por favor, amigo Waterstone, contrólese.- exigió sir Richard con firmeza.

-Oh.- suspiró Waterstone mientras se limpiaba el sudor de la frente –Les ruego indulgencia. Pero deben entender… No, lo mejor no será hablar más de esta cuestión.

***

            En efecto, no se habló más del asunto por esa noche. Los caballeros discutieron, distraídos y sin interés, otros temas y tópicos. Pasada la media noche, la tormenta dio lugar a un denso mar de niebla y un potente frío se apoderó del salón. Llegó el momento en que los contertulios de sir Richard comenzaron a despedirse y uno tras otro abandonaron la mansión. Míster Peabody fue el último en despedirse.

            -Ha sido una velada placentera, sir Richard, como siempre.

            -Hasta luego, mi buen amigo, descanse.

            Ligeramente adormilado, Peabody observaba el camino a través de la ventana de su carruaje. Un bostezo le hizo casi cerrar los ojos, justo en el momento en que creyó ver algo allí afuera. Peabody aguzó la vista y se concentró en las tinieblas. Algo cayó de pronto a unas yardas frente a su ventana, causándole un sobresalto, y de forma igualmente repentina remontó las alturas. Peabody creyó escuchar que a lo lejos alguien o algo se reía…

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Acerca de Maik Civeira

Escritor friki.
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