Samhain (Parte II)

(LEER LA PARTE I)

No sé cómo encontré la salida, pero cuando lo hice me encaminé directo a casa sin darme la oportunidad de emitir un suspiro de alivio. Al no encontrar a Molly, me dirigí a la recámara, me recosté y de inmediato caí dormido.

El viajero no lo ve venir. Solitario, por un camino oscuro apenas rozado por la luz espectral de una luna casi llena, no tiene, sin embargo, tiempo ni cabeza para pensar en espectros. Su mente, en cambio, está llena de cálculos y cifras, de deudas y cobranzas. Ha visto las luces del pueblo en la distancia y ha ordenado al cochero que se apresure. Su mente está tan absorta en unos documentos relativos a una hipoteca que tarda en darse cuenta de que el carruaje se ha detenido. Está a punto de llamar al cochero, cuando éste se estrella contra su ventana con un gesto deformado por el miedo y el dolor. El hombre del carruaje salta hacia atrás por el susto. Así como ha aparecido, el pobre sirviente de pronto se esfuma. El patrón, resoplando, con gesto tembloroso, aproxima su rostro a la ventanilla. Con gran estruendo, en un instante una mano enguantada atraviesa el vidrio, aferra al mercader de los cabellos y tira de ellos hasta hacer que su cabeza se asome entre trozos de cristal filoso que rasgan su cuello. El rollizo caballero no puede ni empezar a imaginar lo que sucede cuando cae la hoz sobre su garganta.

Molly fue quien me despertó. Era ya de madrugada y yo sentía haber dormido como un tronco.

-¿Dónde has estado?- preguntó.

-Fui a dar una caminata por ahí. No estuve fuera mucho tiempo. Regresé a casa y me quedé dormido. ¿Qué hora es?- entonces noté que Molly estaba vestida de negro -¿Qué pasa?

-Cuando llegaste al medio día estabas tan furioso que ni siquiera me diste la oportunidad de decírtelo. Mataron a los O’Reilly.

-¡¿Qué?!

-Los encontraron hoy en la mañana. Yo no los vi, pero escuché que habían sido horriblemente mutilados.

-Pero… ¿quién?

-No se sabe. El comisario y los alguaciles están totalmente desconcertados… Por la brutalidad de los asesinatos muchos dicen que debió haber sido obra de algún indio loco.

-Dios mío… ¿Y qué ha sucedido hasta ahora?

-He estado día y noche en el pueblo, en casa de los O’Reilly, en Iglesia… Es una locura. No te imaginas el estado de… no sé… Hay en el pueblo un sentimiento muy extraño, agitación e irrealidad y… miedo.

-¿Miedo?

-Sí, claro. Como te puedes imaginar, la gente está muy asustada.

-Desde luego, es lo más natural… ¿Pero qué pasará ahora?

-Van a enterrar a los O’Reilly, por eso vine a buscarte. ¿Vendrás, verdad? Sé que los viejos no te eran muy simpáticos, pero todo el pueblo estará ahí.

-Iré, iré. Sólo déjame prepararme.

El polvo al polvo, las cenizas a las cenizas y todo eso. El funeral y el entierro me parecieron irreales, como si no estuviera presenciándolos, sino viéndolos a través del velo del sueño o de una narración hacía mucho olvidada. No podía asimilar la idea de que los O’Reilly estuvieran muertos y me parecía aún más increíble que en All Saints Hill se hubiese llevado a cabo un homicidio tan brutal, en apariencia digno de los que estaban ocurriendo en Londres por esas fechas. La ceremonia transcurrió y se desvaneció como una bocanada de opio. Molly y yo volvimos a casa; estaba exhausto y sólo quería dormir.

Las lápidas y las cruces de hierro que brotan del suelo te cortan las rodillas desnudas, sin importar lo lento y cuidadoso de tus pasos. Donde antes estaba tu calle con tu casa y las de tus vecinos y familiares ahora se encuentra un cementerio oscuro y antiguo, pululado por sombras amorfas que proyecta la luz anaranjada de una luna perversa. Todo lo que conoces, todo lo que amas y en lo que confías ha desaparecido. Buscas aún con un poco de esperanza y mucho temor un elemento familiar en este escenario, pero sólo te topas con una silueta alta y desgarbada que camina hacia a ti con sonoros pasos de madera. La luz de su linterna le ilumina el rostro y él te sujeta del cuello y lo aprieta con fuerza. Tu garganta colapsa bajo la presión que ejerce su mano enguantada y sabes que vas a morir. Entonces te suelta y caes al suelo, tosiendo y convulsionándote. Él eleva su hoz en el aire y con un golpe la hunde en tu abdomen. El metal se abre paso entre tu carne y tus entrañas, y sientes que tu sangre tibia baña la mano de tu asesino. Aún vivo, lo escuchas reír.

Desperté llorando en silencio. Ni siquiera gemí ni me moví bruscamente. El miedo era tanto que ya nada podía hacer. Tras varios minutos de mirar la oscuridad con ojos irracionales e instintivos, logré recobrar la calma y el aliento. Poco después reuní la voluntad para levantarme de la cama. Me sobresalté al ver mi propio reflejo en el gran espejo de la pared. Estúpido espejo, reliquia de los ancestros de Molly. Odiaba los espejos: para mí eran como ventanas desde las que nos miran seres horrendos que tratan de parecerse a nosotros.

Caminé hasta mi estudio. Saqué de un cajón una pequeña cantidad de opio y me dispuse a fumarlo, pues no había lo hecho desde hacía algún tiempo. Sabía que las consecuencias podían ser desastrosas; es indescriptible la manera en la que el opio transforma lo imaginado en sensorial y lo sensorial en conceptual, y al fumarlo me exponía a que las pesadillas que me acosaban se tornaran reales ante mí. Pero no había estado tan asustado desde no recordaba cuándo y quizás el opio me ayudaría a elevar esa experiencia emocional al máximo.

No obstante, las palabras no fluyeron o lo hicieron torpemente. En busca de una dirección, releí por enésima vez algunos pasajes de The Philosophy of Composition del magnífico Edgar Allan Poe:

Entre todos los temas melancólicos, ¿cuál lo es más, según lo entiende universalmente la humanidad? Respuesta inevitable: ¡la muerte! Y, ¿cuándo ese asunto, el más triste de todos, resulta ser también el más poético? Según lo ya explicado con bastante amplitud, la respuesta puede colegirse fácilmente: cuando se alíe íntimamente con la belleza. Luego la muerte de una mujer hermosa es, sin disputa de ninguna clase, el tema más poético del mundo.

Entonces se fijó en mi mente una idea que consideré muy buena si lograba relacionarla con mi alterado estado de ánimo. Narcotizado, me entregué a la escritura de fragmentos sin sentido ni coherencia, carentes de cualquier calidad narrativa, pues sólo con ideas no se puede hacer literatura y las palabras seguían sin fluir como yo quería. Dejé de intentarlo y por primera vez, ante esos fragmentos y rodeado del miedo transformado en denso humo, me percaté de que mi mediocridad como escritor jamás me permitiría captar en papel el grado supino que el miedo, la más intensa de cuantas emociones conozco, alcazaba en mí. Sólo entonces me di cuenta de que, por primera vez, la calabaza me había matado. Me reí como estúpido y volví a la cama.

Al día siguiente el pueblo se enteró del asesinato del señor McCall y su cochero. Los encontraron tirados en medio de la carretera, junto a la hoguera que había sido el carruaje. No sé bien los detalles… de hecho no logro recordar ni siquiera quién me dio la noticia, pero sí retengo la impresión que me causó. Primero todo me fue inexplicablemente indiferente y tardé en percatarme de lo que las palabras “han asesinado a McCall” implicaban. Después, como de golpe, me llegó el significado del hecho, y la idea del homicidio se fijó en mí, causándome un terror inefable que me postró e impidió levantarme por casi una hora. Al final, pude ver las cosas con frialdad y sólo me quedó una sensación de extrañeza a causa de mis reacciones anteriores.

-¿Qué me está pasando?- le comenté a Molly esa noche, mientras estábamos sentados en el pórtico mirando los campos de maíz –Paso del miedo a la indiferencia y… ¡qué es eso!

-¿Qué?- dijo ella.

-En el sembradío. Vi a una figura moverse. Un hombre encapotado, creo…

-No hay nadie por allí… Excepto ese espantapájaros.

En efecto, no muy lejos se podía distinguir la silueta de un espantapájaros, apenas mecido en su poste por una leve brisa.

-No.- dije –Lo que yo vi estaba del otro lado…- y entonces sentí ese miedo inexplicable otra vez –Vámonos, Molly. Vamos adentro de la casa. Por favor, no te entretengas, necesito entrar ya.

Entramos, cerramos todas las puertas y ventanas con todas las aldabas y cerrojos que había, pero aún así el miedo no se iba.

-Por todos los cielos, Michael, estás pálido y sudando frío…

No respondí. Me metí en la cama y que cubrí con las sábanas como el niño que teme al coco.

-Abrázame, Molly, por favor, sólo abrázame. Tengo mucho miedo.

Esta noche está inquieto, tiene sed. La sangre en su hoz no lo satisface. Pero ha decidido tener paciencia y esperar antes de colectar el sacrificio. Recorre el sembradío, el bosque y el cementerio. Desde lo alto de la colina mira hacia el pueblo. Ríe.

-Tú y yo tenemos algo en común.- me dijo el viejo Ralph Petersen cuando me visitó al día siguiente –Queremos hacer una literatura de horror que se aleje de las malditas Dime Novels y se acerque más a la literatura seria. Poe lo hizo, Maupassant y Ambrose Bierce lo están haciendo. Pero nos enfrentamos a un problema por partida doble: por un lado, el público iletrado preferirá siempre el sensacionalismo barato y fácil de digerir de los Penny Dreadfuls y será incapaz de comprender cualquier intento de calidad literaria, no digamos ya de erudición, en un cuento del que ellos suponen su única finalidad debería ser causar un poco de miedo, cuando no un morbo insano. Por otro lado, los lectores cultos siempre estarán demasiado ocupados denostando el carácter fantástico de nuestros textos como para notar sus méritos artísticos. Por mucho que se cacaree sobre Maupassant estos días, te puedo asegurar que en cien años se leerá Pierre et Jean en las universidades y ya nadie se acordará de L’Horla.

-No lo dudo.- dije por toda respuesta a su larga disertación.

-Tu libro es bueno, Michael. Muy bueno. Pero entiendo la posición de Stevenson: quizá no sea de agrado para el gran público. ¿Sabes? Por momentos me causó miedo verdadero. Existen pocos textos que lo han logrado. No hablo del leve temor que se siente al dejarse sumergir en la atmósfera del relato, sino un miedo intelectual y a la vez metafísico que se experimenta incluso después de haber terminado de leer. La nuit de Maupassant, por ejemplo, es uno de esos cuentos… Pero tú bien sabes que yo no leo literatura gótica con la intención de sentir miedo, sino de gozar estéticamente con sus imágenes y símbolos… En fin, una debilidad noto en tu libro, y es cuando describes escenas de muerte, asesinatos y tortura. Siento que en ellas te has dejado influir mucho por la literatura sensacionalista de la que tratamos de alejarnos.

-Es cierto.- respondí –Traté de completar el horror en los conceptos con el horror en cuanto a imágenes. Quizá mucha gente no pueda entender porqué una idea es aterradora, pero sentirán algo de miedo al imaginarse en una situación de tortura.

-¿Qué te da miedo, Michael?- preguntó de golpe.

Vacilé unos segundos antes de responder –Perder la razón, Ralph. Eso me asusta. No saber más qué sueño y qué es realidad. No saber si mi mente consciente controla mis acciones o si actúo en contra de mis pensamientos racionales. Me asusta no poder entender ya el mundo.

-Oh, ¿y acaso lo entiendes?

-Entiendo las leyes de la naturaleza y conocerlas me da seguridad. Por eso en mis cuentos la suspensión de esas leyes es el elemento principal.

-¿Sabes, Michael? Eres demasiado racionalista para un irlandés católico que escribe cuentos de terror, y ése es quizá tu defecto. Tus peores miedos son la pérdida de la racionalidad y el sufrimiento físico, porque no concibes otros elementos de tu ser más que el cuerpo y la mente. Pero piensa que en este mundo la mayor parte de la gente es muy supersticiosa y le teme a los rincones oscuros. Para llegar a esas personas necesitas entender que ellos tienen miedo de cosas para las que tú ni siquiera tienes un nombre.

Reflexioné un momento –A veces… A veces sólo tengo miedo. Es un miedo irracional, primitivo, supersticioso, que llega a mí y de pronto se va.

-Bien. Aprovéchalo, Michael, aprovéchalo. Úsalo para tu obra… Por ejemplo, estos asesinatos que han estado ocurriendo. ¡En un pueblo tan pequeño y tranquilo! Es un excelente material, deberías tomar nota de ello.

-No sé si sea ético hacerlo. Conocía a las víctimas, soy vecino de sus familiares.- dije, aunque en verdad el consejo de Petersen me inspiró a después escribir estas líneas, y si no lo hice antes fue porque al principio di muy poca importancia a los crímenes.

-En fin, es tarde y debo viajar a Boston para tomar un tren hasta Providence. Me espera una larga tarde… Por cierto, creo que no te lo dije, pero la próxima semana habrá una conferencia en la sede de la Sociedad Histórica de Nueva Inglaterra sobre los orígenes de la celebración de All Hallows Evening.

-¡Bah! Hay pocos en Nueva Inglaterra que saben tanto sobre Halloween como yo. Bien podría hablar a todos esos pedantes de la Sociedad sobre Samhain, el festival de las cosechas de los antiguos celtas. Se celebraba el 31 de octubre y se creía que durante unos días la barrera que divide este mundo del más allá quedaba diluida y los espíritus venían a convivir con los vivos.- comencé a hablar como si me encontrara dando una conferencia -Con la llegada del cristianismo todo cambió. Los antiguos ritos paganos se convirtieron en los aquelarres de las brujas y los demonios. Disfrazado de adoración a los santos y a los fieles difuntos, Samhain pudo sobrevivir. Lo mismo le pasó a la Walpurgisnacht germana; era un festival de la primavera en el que se encendían hogueras para aplacar a los espíritus del caos. La cristiandad la convirtió en la fiesta de Santa Walpurga. En todo el mundo pagano hay festivales de cambio de estación en los que se recuerda a los muertos y se conjura a las fuerzas del Más Allá. En un principio la cristiandad los quiso tachar de demoniacos, pero al final terminó absorbiéndolos. Claro, eso no evitó que durante muchos años persistieran historias de aquelarres y orgías el 30 de abril o el 31 de octubre. De hecho, como tú bien sabes, en nuestra querida Nueva Inglaterra aún hay rumores de horribles rituales que se llevan a cabo por esas fechas en las colinas y barrancos más apartados. Pero, desde luego, a mí no me invitan a impartir conferencias porque no obtuve mis conocimientos en Harvard, sino en las bibliotecas públicas de Boston…

-En esta conferencia se hablará del origen de los Jack O’Lantern…

-Sobre ello podría dictar conferencias también.

-Seguro que sí, pero además el conferencista, un muchachito de apellido Carter, o algo así, hablará sobre los recientes descubrimientos en cuanto al culto de Fobos.

-¿El culto de Fobos?

-¡Ajá!, de eso no sabes mucho, ¿eh? Es algo totalmente nuevo y no sé bien de qué va este asunto, pero creo que es de una secta en la antigua Grecia que adoraba a Fobos, el dios del miedo. No sé qué relación tenga con Halloween o Samhain, pero Carter ha prometido revelar información nueva e importantísima.

-De todos modos no puedo ir…- dije –No puedo darme el lujo de pagar un pasaje hasta Boston a menos que sea estrictamente necesario.

-De acuerdo. Yo asistiré y luego te contaré.

Nos despedimos y Petersen se fue en el carruaje que lo esperaba afuera de mi casa. Él tenía la suerte de ser heredero y vivir de las rentas, lo que le permitía dedicarse de tiempo completo a las letras. Yo, por mi parte, tenía que emprender mi camino a la oficina del difunto señor McCall.

Halloween… había olvidado lo próxima que estaba esta fiesta, pero es que en aquellos días tenía cada vez menos noción del tiempo y de las fechas. En All Saints Hill era una celebración importante y Molly, como maestra de la escuela, estaba involucrada en la organización del evento. Creo que por eso se ausentaba tan seguido de casa, pero no estoy seguro. Sucedía que repentinamente, incluso a mitad del día, me quedaba dormido y sufría espantosas visiones sobre monstruos, demonios y otras cosas que no podía nombrar. Estaba tan absorbido por la escritura que no me daba cuenta de lo que sucedía fuera de mis pesadillas y mis páginas…

Pero estaba hablando sobre McCall… El hombre murió, ¿saben? ¿Por qué fui a su oficina? Ah, sí, Molly me envió a ver no sé qué documentos. Pero pronto me aburrí de esperar en la fila de los deudores y me volví a casa para dormir una siesta.

La casa es oscura, de sombras largas, frías y resecas. Caminas con lentitud y escuchas tus propios pasos sobre la duela. Atraviesas el pasillo asfixiante y llegas hasta una cámara enorme, cuyas paredes se han perdido en la oscuridad. Allí está él, dándote la espalda, mirando un ventanal lloroso. Cuentas tus jadeos y oras porque no se vuelva. Cuando reúnes valor te echas a correr lejos de esa recámara. Pero no importa cuánto corras, no llegas al final del corredor y los pasos leñosos detrás de ti se acercan cada vez más hasta que sientes el abrazo mortal de una sola mano enguantada, que te obliga a voltearte. Entonces ves a tu madre. No estás ya en la casa de largas sombras, sino en un prado, y tu madre, tan bella y tan joven, te sonríe rodeada de esmeralda y por todas partes hay hombres, mujeres y niños alegres que juegan, ríen, corren y bailan al son de la  alegre música de flautas y violines. Te permites sonreír y estar tranquilo. Pero la música de pronto se convierte en un himno siniestro y monótono y los danzantes se contorsionan en el suelo con espasmos y vomitan sangre, y allí donde estaba el rostro de tu madre te miran los ojos vacíos y la mueca deforme de la calabaza. Todos los invitados a la fiesta se arrancan las cabezas con sus propias manos y en su lugar crecen calabazas con ojos triangulares y dientes puntiagudos. Y todos se te acercan ejecutando la Danza Macabra y te sujetan con sus hoces para inmovilizarte. Entonces comienzan a devorarte…

CONCLUIR EN LA PARTE III

Anuncios

Acerca de Maik Civeira

Escritor friki.
Esta entrada fue publicada en El horror a través de los siglos. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Samhain (Parte II)

  1. shamexfftl dijo:

    “CONTINUARÁ…” FFFFFFFUUUUUUU

Sé brutal

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s