Thriller

THRILLER

Nueva Inglaterra, década de 1980

Por la carretera casi abandonada que atraviesa un bosque otoñal bajo la luz dorada de un crepúsculo de octubre, se desliza una camioneta no muy nueva, aunque cuidada con el esmero del adolescente que por vez primera posee un vehículo propio. Dentro del automóvil viajan seis jóvenes, casi adultos, que cantan, ríen, charlan y beben ilegalmente. Tres chicos y tres chicas emocionados por el fin de semana que pasarán lejos de casa, el último que podrán disfrutar juntos antes de partir hacia la Universidad.

El más entusiasmado es Freddy, fanático de las películas de horror y de todo lo macabro, un muchacho bromista que no se toma nada en serio y a quien sus profesores han augurado un brillante futuro como conserje. Él y su novia Nancy, que no se queda detrás cuando de meterse en problemas se trata, son los cerebros detrás de esta expedición. Luego está Jason, el taciturno y rudo jugador de hockey. Le aburren los parloteos de Freddy sobre películas de horror y heavy metal; él prefiere hablar de chicas, deportes, autos y cerveza. Su novia Laurie, con cola de caballo y fleco de lado, es perfecta para él. Al volante va Ash, el mejor amigo de Freddy y Jason desde antes de la pubertad. Ash es un tipo tranquilo y de buen humor. En el asiento del copiloto va su novia Sidney, una chica muy inteligente y estudiosa.

Su destino es una cabaña en medio del mismo bosque indómito que un siglo antes fuera una vasta extensión de sembradíos. Freddy supo de su existencia por un pariente que se dedica a la restauración de edificios históricos y quien le dio la noticia de que pronto esa cabaña sería restaurada y habilitada como parador turístico. Freddy decidió que era imperativo pasar el fin de semana de Halloween en la cabaña antes de que el gobierno se apropiara de ella.

Levantando una espiral de hojas secas, la camioneta atraviesa velozmente el camino sin que sus ocupantes noten la presencia de un letrero decimonónico, medio oculto por la hierba, que anuncia el nombre del pueblo que alguna vez se asentó por ahí: All Saints Hill.

Por fin, después de atravesar tramos cada vez más agrestes y descuidados, la camioneta se estaciona sobre la hojarasca frente a una cabaña ruinosa color de lodo. Freddy es el primero en bajar.

-¡Ahí la tienen! ¡La casa de Michael Sullivan! ¡La casa donde vivía el loco que ocasionó la Matanza de Halloween hace cien años!

-No entiendo qué tenía de interesante ese tipo.- declara Jason, desperezándose y estirando las piernas al bajar del vehículo.

-Ya te dije: era un escritor de cuentos de miedo que un buen día se volvió loco y le prendió fuego al pueblo. Y eso sucedió esta misma noche… ¡hace exactamente cien años!

-¿Eran buenos sus cuentos?- pregunta el buen Ash, sólo para fingir interés en las pasiones de su amigo.

-¿Qué no ponen atención a lo que les digo?- exclama Freddy llevándose las manos a la frente en gesto de desesperación con sus legos camaradas -¡Nunca he leído a Sullivan! Su único libro no se publicó durante su vida y apenas existe una oscura edición de por allá de 1920. ¡Es inconseguible!

-Ya, ya.- le dice Ash –No te alebrestes. ¿Y cuál es el plan?

-Primero, entremos a la cabaña.

Los seis jóvenes se acercan a la vetusta y ruinosa estructura rebosante de polvo y telarañas.

-La puerta es nueva.- señala Sidney.

-Sí.- dice Freddy –Mandaron a renovar la puerta y todos los cerrojos para evitar saqueos. Pero mi primo me dio esto.

Freddy saca triunfalmente una llave de su bolsillo, y con toda pompa y ceremonia abre la puerta de par en par.

-Damas y caballeros, ¡la casa de Michael Sullivan!

-Esto es una mierda.- murmura Jason por lo bajo, pero no lo suficiente para que Freddy no lo escuche.

-¡Está todo sucio!- exclama Laurie -¿Dónde vamos a dormir?

-Para eso están las bolsas de dormir, chica lista.- dice Nancy y Laurie le dirige una mirada de “muérete, perra”.

-Pero mira esto, ¡el sitio está cubierto de polvo!- insiste Laurie.

-Será divertido.- dice Ash, conciliador.

-¡Será el mejor Halloween de nuestras vidas!- corrige Freddy.

-Bien…- concede Laurie –Supongo que Jason y yo podemos dormir en el coche…

-Oh, no, no, no, no, no.-exclama Freddy.

-¿Qué?

-Ésa es la cuarta regla para sobrevivir en una película de terror: nunca te quedes con tu pareja solo en un coche estacionado, de noche, mucho menos en el despoblado.

-Ésta no es una película de terror.- dice Ash.

-¿Cómo sabes?- insinúa Freddy con misterio en la voz.

-Deja de decir idioteces.- advierte Jason irritado.

-Es en serio.- insiste Freddy –Los protagonistas de una cinta de terror nunca saben que están en una hasta que sin querer despiertan a un muerto que los mata a todos.

-Pero las películas duran sólo dos horas y nuestras vidas han durado… pues… toda la vida.- señala Ash.

-No seas ingenuo, Ash.- replica Freddy –Cuando empieza el film cada personaje tiene recuerdos de toda una existencia. Y de pronto ¡Son sacrificadas en una orgía de sangre y cuchilladas! ¡Muajaja!.

-Eso es algo cruel, ¿no?- dice Sidney pensativa –Crear a un personaje y dotarlo de un pasado en el que ha vivido y amado, sentido y pensado, sólo para ser víctima de un loco con un hacha. Todo lo que era una persona se pierde porque un escritor o director quiere mucha sangre. El acto de la creación artística es bastante cruel.

-Pues sí.- dice Nancy sombríamente –Pero de la misma forma Dios es cruel.

-¡No digas esas cosas!- suplica Laurie.

-De todos modos el verdadero villano no es el autor.- observa Freddy –sino el público que está ávido de sangre y dispuesto a observar como un ser, como tú dices, con pensamientos, sentimientos y recuerdos, es borrado de la existencia.

-¡Ya no hablen de eso, me da escalofríos!- suplica Laurie.

-Bueno, de todos modos los personajes de películas de terror no son muy profundos que digamos.- observa Sidney.

-Oh, los slashers sí que lo son.- apunta Freddy.

-¿Qué es un slasher?- pregunta Ash.

-Es un asesino enmascarado que mata gente con un objeto punzocortante.- explica Nancy -Como los de las películas de terror de hoy en día.

-Ah… ésas no me gustan mucho.- comenta Ash –A mí me gustan más las que están en blanco y negro, como aquéllas en las que salía Edward Van Tassel…

-Bueno, basta de decir estupideces.- ordena Jason -Ya está anocheciendo y yo todavía estoy sobrio. Ash, ayúdame a bajar las cervezas del auto. Y tú, Freddy, ve preparando la hierba.

-¡A la orden, capitán!- contestan los aludidos al unísono.

Dicho y hecho, en poco tiempo se instalan dentro de la cabaña con nevera, bolsas de dormir, algunas linternas y una radiograbadora de pilas con una cinta de Mötley Crüe, propiedad de Jason.

-Cuando acabe eso… ¿podemos poner a Cindy Lauper?- pide Laurie, pero nadie le hace caso y Jason le calla la boca con un beso de lengua profunda.

Freddy, Nancy, Ash y Sidney dejan a los tórtolos fajando en la sala de estar y se adentran, precedidos por los haces de un par de linternas, en los pasillos húmedos y mohosos de lo que fuera la residencia Sullivan. Freddy y Nancy no pueden reprimir la emoción que los embarga por estar en esa Meca de la literatura de horror, mientras que Ash y Sidney sólo se divierten con el entusiasmo de sus amigos. El cuarteto entra, casi por casualidad, en la biblioteca de Michael Sullivan.

-¡Wow!- exclama Freddy -¡Mira todos estos libros! Poe, Maupassant, Bierce, Walpole, Le Fanu, Gautier, Bram Stocker… Incluso hay de HP Lovecraft y Clark Ashton Smith, que vivieron tiempo después de Sullivan… ¡Qué raro! Sólo le faltan libros de Stephen King. Me pregunto… ¡Oh, sí! ¡Oh, sí! ¡Aquí está! El horror a través de los siglos del mismísimo Michael Sullivan.

Freddy abre el reseco y amarillento volumen con euforia tal que casi lo deshoja por completo. Él y Nancy se apretujan a la luz de su lámpara para echar unos vistazos a las polvorientas páginas que componen el mítico libro de cuentos.

-¿Qué es tan especial acerca de ese libro?- pregunta Ash.

-Dicen que todos los que lo han leído enloquecieron…- responde Nancy sin quitar la mirada de las palabras de un cuento titulado Samhain.

-Y que Sullivan predijo cosas bien locochonas, como la Primera Guerra Mundial y la Bomba Atómica.- añade Freddy.

-¿De verdad?- dice Sidney con escepticismo.

-Eso tratamos de encontrar.- replica Nancy.

Freddy, impaciente, se aparta del libro y de la luz para explorar otros volúmenes, más viejos y extraños, en un anaquel adjunto. –Increíble, está lleno de libros prohibidos… Liber Eibonis, Cultes des Goules, Unaussprechlichen Kulten, Malleus Maleficarum, De Vermis Mysteriis… ¡Wow! ¡El mismísimo Necronomicon! Oh, y no sólo eso, ¡también está el Necronomicon Ex-Mortis!

-¿Que no son el mismo?- pregunta Nancy.

-Me decepcionas, querida. El Necronomicon es el libro de los dioses primigenios escrito por el loco Abdul Alhazred, mientras que el Necronomicon Ex-Mortis es un libro sumerio de invocación a Pazuzu y otros demonios, y está escrito con sangre y encuadernado con piel humana…

-¡Delicioso!- opina Nancy.

-Veamos… qué más hay… ¡Oh! ¡Oh, vaya! ¡Mira esto, mi amor: The Infinite Night of All Hallows Evening! ¡Este lugar es increíble! ¡Woha!

-¿Y qué hay con ese libro?

-No sé mucho de él. Sólo he oído que sirve para convocar la Noche de Brujas Infinita.- Freddy abre el libro mientras Nancy deja el suyo y corre a leer por encima del hombro de su novio -Veamos… ¿Hey, qué es esto? Es… ¿latín?

-Déjame ver.- pide Sidney y le echó un vistazo –No… es una especie de pseudolatín…

-¿Puedes leerlo?

-Claro…- y empezó.

Obscuritas cadet in terram,
hora media noctis circa est,
criature reptant in desideratum sanguis
per aterrare vicinarium vester.

Et meretrix reperitur
sine anima per demittire
debet committere Canem Inferni
et esse puter in cadaverem.

Peste abominabilis in aerem est,
func quaranta mille annis,
et atrix Ghûli da omnis tumbam
admovent per consignare fatum tuom.

Et etiamsi pugnas per esse vivus,
corpus tuo incipit tremare,
enim nihil semplicis mortalis resister potet
Malum Thrillerum.

           

Cuando Sidney termina de leer, los cuatro muchachos guardan un silencio seco y frío. El aire pasa con un silbido espectral y la madera de la vieja casa cruje y rechina.

-Uy…- musita Nancy –Sentí un escalofrío.

            -Mejor vamos con Jason y Laurie.- sugiere Ash –Antes de que llenen el suelo con secreciones sexuales.

            -Sí.- acepta Freddy –Ya revisaré estos libros mañana en la mañana.

            Ellos no lo saben, pero allá afuera el frío de la noche arrecia, la luna enrojece, la tierra tiembla con sutileza y un humor ectoplásmico emana de las grietas del suelo. Más lejos, en un huerto de calabazas que se mantiene con vida muchos años después de haber sido abandonado por la mano del hombre, las parras de estos vegetales se agitan y estremecen. Jack O’Lantern está por despertar.

            Los cuatro amigos encuentran a Jason y a Laurie casi desnudos, uno sobre el otro, confundidos en abrazos y jadeos.

            -¡Hey!- dice Feddy sin intentar contener una carcajada -¡No enfrente de los niños!

            -¡Mierda!- exclama Jason -¿No nos puedes dejar en paz?

            -Mejor vámonos a la camioneta.- dice Laurie cubriéndose los senos con la chaqueta de su novio.

            -¡Regla número uno para sobrevivir a las películas de horror!- les grita Freddy mientras Jason y Laurie salen de la casa llevando sus ropas en montones para tapar sus desnudeces -¡No tengas sexo!

            Cuando la efusiva pareja se ha marchado, los restantes cuatro se sientan en círculo y se disponen a disfrutar de la música, la cerveza y la marihuana.

            -Ya dijiste dos reglas para sobrevivir las películas de horror.- recapitula Ash -¿Cuáles son la segunda y la tercera?

            -La segunda es nunca beber alcohol y menos usar drogas.- ilustra Freddy.

            -Buuuu.- abuchea Nancy.

            -La tercera es nunca quedarse solo, menos en un lugar oscuro y tenebroso, como un bosque, y mucho menos decir “Volveré pronto”, porque entonces nunca volverás.- concluye Freddy.

            -Entonces las películas de horror son muy mojigatas.- reflexiona Sidney –Se la pasan diciéndonos a los jóvenes que no cojamos, que no bebamos, que no fumemos hierba, porque si lo hacemos un asesino enmascarado nos matará a todos…

            -Por el contrario, mi amiga.- interrumpe Freddy emocionado –Las películas de horror nos entienden, porque saben que lo que queremos es coger, beber y fumar hierba. El asesino representa la tiranía del adulto represor. El mensaje es muy claro: sólo un psicópata asesino podría creer que coger, beber y fumar son cosas que merecen el castigo de la muerte.

            -Realmente te gustan mucho esas películas, ¿verdad?- dice Sidney.

            -Uy, no lo conoces.- comenta Ash.

            -Sí, me encantan. Un día quisiera llegar a ser como George Romero, o Wes Craven, o John Carpenter, o Tobe Hooper, o Sam Raimi, o John Landis, o Tom Savini…

            -Sí, sí.- dice Sidney con impaciencia –Ya entendimos el punto.

            A unos metros del pórtico de la cabaña, los vidrios de la camioneta se encuentran por completo empañados. Dentro del vehículo, Jason y Laurie deshacen el nudo gordiano que formaban sus cuerpos.

            -Otra vez terminaste muy pronto…- reprocha Laurie mientras se abotona la blusa a toda prisa.

            -Ay, cariño. Es que eres demasiado hermosa y ardiente… Deberías tomarlo como un halago.

            -Ajá.- musita ella con desinterés.

            Un silencio embarazoso cae sobre la aún agitada pareja. Laurie había terminado de ponerse la falda mientras Jason aún continuaba desnudo y recostado en el asiento trasero del auto.

            -Regresemos a la cabaña.- sugiere Laurie.

            -No.- dice Jason –Aquí estamos mejor.

            -Yo quiero volver.

            -Bueno, ve y tráeme una cerveza y un porro…

            La ventanilla estalla con la penetración de una mano enguantada, vidrios salen volando en todas las direcciones, Laurie pega un alarido al sentir pequeños fragmentos que cortan su epidermis y Jason no tiene tiempo de moverse para evitar que estocada tras estocada de una hoz filosa abran su piel y hagan borbotar su sangre. Laurie observa cómo una mano sujeta a su novio del cuello, mientras la otra lo acuchilla con el ritmo extático de la hoz, violadora de carnes e intestinos. No se le ocurre hacer otra cosa más que gritar, pero como Jason no puede moverse, ni gemir, ni respirar bajo el filo curveado, Laurie resuelve salir del coche y huir del lugar. Podría correr hacia la cabaña, pero para no dejar pasar el cliché, en cambio huye hacia el campo.

Por el bosque otoñal, áspero y filoso, Laurie corre tan rápido como le permiten sus pies descalzos. Las ramas puntiagudas le arrancan jirones de ropa y dejan su piel a merced de la luna escarlata, pero Laurie no aminora la velocidad de escape pues escucha los pasos firmes, pesados y lentos del asesino que camina detrás de ella, cada vez más cercanos. Como era de esperarse, Laurie tropieza con una raíz nudosa y cae de bruces al suelo. Al incorporarse y mirar a su alrededor, se percata de estar en el huerto de calabazas.

            Con un estallido de velocidad imperceptible, cuatro parras retorcidas salen disparadas desde la tierra, sujetan los brazos y piernas de la chica, y la hacen caer de espaldas. Laurie grita. Parras se enredan en su cuerpo, le arrancan la ropa y cortan su piel. Un zumbido agudo y reverberante abarrota el aire. Laurie grita. Las parras separan lentamente las piernas de la chica contra todo su esfuerzo y toda su voluntad. Unas ramitas juegan con sus senos, los aprietan y respingan sus pezones. Laurie grita. Las piernas están abiertas de par en par. Una rama se dirige con toda violencia entre sus muslos. El huerto de calabazas se riega con sangre y con la humedad aún presente en la entrepierna de la joven. Laurie gime.

            -No, no, no.- insiste Freddy –Las mejores películas de terror no son las que muestran más sangre y muertos o monstruos feos… Es decir, no son las que tienen sólo eso. Tampoco son las que asustan mucho al público con un “buh” sorpresivo acompañado de música estridente. ¡Cualquier idiota puede hacer eso! Las mejores películas de terror son las que te dejan con una idea en la cabeza, una idea aterradora en la que te quedas pensando incluso después de salir del cine…

            En ese momento se escuchan rasguños en la puerta de salida. Todos se sobresaltan, especialmente Ash. Después de un breve escalofrío colectivo, Freddy ríe una bocanada de marihuana y grita a quien esté afuera:

            -¡Jason, ya deja de joder!

            Hay un breve silencio y de nuevo el murmullo de arañazos débiles, suplicantes, atraviesa la madera de la puerta. Freddy se levanta y coge la perilla.

            -Prepárense, chicos. El idiota de Jason nos querrá gastar una broma pesada.

            Entonces abre la puerta de golpe y hacia dentro cae Laurie, con el cuerpo casi desnudo cubierto de raspones y hematomas. Las chicas saltan hacia atrás y Ash deja escapar un agudo grito de espanto. Freddy se asoma hacia afuera y mira en todas direcciones antes de dar un portazo supersticioso. Sidney se apresura a atender a Laurie.

            -¡Laurie, por Dios! ¿Qué te pasó?- le pregunta, pero la chica herida responde sólo con murmullos ininteligibles.

            -¿Qué dice?- pregunta Nancy.

            -No sé.- responde Sidney perpleja –Laurie… ¿Jason te hizo esto?- pero Laurie no contesta –Nancy, ayúdame a levantarla. Tenemos que revisar sus heridas y ponerle ropa decente.

            -Mejor no traten de moverla; nosotros nos iremos a otro lado.- sugiere Ash –Es más, vamos afuera, Freddy, a buscar a Jason.

            -No creo que lo encontremos…- insinúa Freddy, estupefacto.

            -Vamos.- insiste Ash.

            A regañadientes, o con los dientes castañeteando, que para efectos prácticos es lo mismo, Freddy accede a salir de la casa en compañía de Ash. Ambos se sorprenden al ver la zona cubierta por una densa neblina que les impide dar con la camioneta. Cuando por fin la hallan, no encuentran en ella más que salpicaduras de sangre en todas direcciones y vidrios rotos en el asiento trasero.

            -¿Es ésta una de tus bromas, Fred?

            -Te juro por Dios que no.

            -¿Cómo pudo pasar todo esto sin que oyéramos nada?

            Ambos creen escuchar susurros que provienen de la espesura, pero ninguno se atreve a confesarlo.

            -Mejor regresemos a la cabaña.- sugiere Ash.

            -S-sí. Vamos.

            Se escucha un grito que proviene justo del lugar que Ash y Freddy hasta hace medio segundo consideraban un refugio de los temores que rondan la noche. Ambos muchachos vacilan unos segundos, pero Ash es el primero en tomar la resolución de correr a toda prisa de vuelta a la cabaña. Freddy lo sigue sólo un paso atrás, mas cuando llegan a la puerta la encuentran cerrada e irreductible a todos sus esfuerzos. Adentro proliferan los gritos.

            -¡Sidney! ¡Sidney!- grita Ash temiendo por su chica.

            -¡Nancy! ¡¿Qué está pasando allá?!- vocifera Freddy, pero de adentro sólo surgen algunos gritos y jadeos, ruidos como de una lucha, un portazo, el rumor de algo pesado que se arrastra y, finalmente, silencio.

            -¡Hay que derribar la puerta, Freddy! ¡A las tres! Una, dos… ¡tres!

            Como si nunca hubiese estado asegurada, la puerta cede bajo los esforzados hombros de los muchachos, que caen de bruces al suelo. En cuanto levantan la mirada ven a Sidney sentada y resoplando sobre una arcaica y pesada credenza y más al fondo, arrinconada, Nancy, que no deja de sujetarse una mano por la que se desliza un delicado chorrito de sangre. Freddy se pone de pie en seguida y corre hacia su novia, mientras Ash se acerca tremolante a la suya y al mueble que le sirve como asiento.

            -¿Qué diablos pasó?- preguntan los dos jóvenes casi al unísono.

            -Laurie… ¡se volvió loca…!- empieza a explicar Sidney.

            -¡Me mordió! ¡La maldita perra me mordió el dedo!- interrumpe Nancy, ahora más furibunda que asustada.

            -¿Qué?- balbucen Ash y Freddy atolondrados.

            -Estábamos ayudando a Laurie a incorporarse y vestirse- relata Sidney –cuando súbitamente cayó al suelo como si se hubiera desmayado. Nos acercamos a ella y de pronto despertó y nos atacó. Mordió a Nancy en el dedo…

            -¡Casi me lo arranca! ¡Perra!

            -No la podíamos controlar.- continúa Sidney –¡Era como si quisiera comernos! Nos costó mucho trabajo, pero al final logramos hacerla caer por un escotillón que encontramos en el piso y sobre el que puse esta cosa…

            -¿Pero por qué cerraron la puerta?- inquiere Ash.

            -¿Qué? Nosotras ni nos acercamos a ella.

            Después de un instante de silencio, Freddy, pálido y tembloroso, toma la palabra.

            -Bien, ya sé qué hacer para ayudar a Laurie…- dice y desaparece en la oscuridad de la casa, para reaparecer instantes más tarde con un gran trozo de leña –Okey, quiten ese armatoste y abran la escotilla…

            -¿Estás loco?- exclama Sidney -¡No sabes el trabajo que nos costó meter a Laurie allí!

            -No te preocupes, todo va a salir bien…

            Ash y Sidney arriman el mueble, mientras Freddy y Nancy los observan, uno con el garrote en la mano y la otra presionando su herida. El escotillón queda al descubierto y los cuatro jóvenes lo miran de fijo y a la expectativa.

            -¿Y ahora?- pregunta Ash.

            -¿Laurie?- llama Sidney, pero nadie responde; de abajo de la puerta sólo llega silencio -¿Laurie?- repite su amiga y se acerca al escotillón.

            Todo pasa en un parpadeo; el escotillón salta y de él emerge Laurie lívida y cadavérica, siseando como gato y extendiendo los brazos hacia Sidney, que pega un grito y se echa para atrás; Freddy no pierde el tiempo y en cuanto aparece la cabeza de Laurie descarga sobre ella un golpe contundente… y luego otro, y otro y otro, hasta que el cuerpo sin fuerzas de Laurie cae de nuevo por la escotilla, dejando tras de sí un charco de sangre y sesos digno de los ochentas.

            -¡¿Pero qué carajo?!- exclama Ash.

            -¡¿Te has vuelto loco?!- vocifera Sidney.

            -Confíen en mí.- pide Freddy sin dar explicaciones y se acerca, amoroso, hacia Nancy –Ahora, cariño, escúchame bien, yo te amo y sólo quiero lo mejor para ti.- Nancy sólo asiente con la cabeza –Necesito que entiendas lo que voy a decirte… Tenemos que cortarte la mano…

            -¡¿Qué?!- grita Nancy de un empujón aparta a su novio, y corre a buscar refugio entre Ash y Sidney.

            -¡Estás loco, Freddy!- le espeta Sidney.

            -¡Mataste a Laurie!- aúlla Ash como si acabara de darse cuenta.

            -No, no. Escuchen… Debe confiar en mí.- suplica Freddy.

            -Deja ese palo…- le pide Nancy.

            -Mira Freddy.- dice Sidney tratando de aparentar calma y cordura –Mejor tú quédate aquí. Nosotros nos vamos al auto…

            -¡No estoy loco, maldita sea! Escuchen, he visto miles de películas de horror, es como si toda mi vida me hubiese estado preparando para este momento. Creo saber qué es lo que está pasando y tengo una explicación muy razonable para todo esto. Y lo que pasa es que… ¿Por qué me miran así?

            En su excitación Freddy no ha escuchado los pasos lentos y ominosos que se acercan. Sus compañeros se quedan atónitos e inmóviles cuando ven aparecer una figura detrás de él. Es un hombre engalanado con un elegante traje del siglo diecisiete, que porta en una mano una hoz y en la otra una linterna. Es un hombre con cabeza de calabaza. Es Jack O’Lantern.

            Freddy se voltea y alcanza a decir –Oh, mierda.

            Jack O’Lantern levanta en el aire la linterna y la deja caer con toda su fuerza sobre Freddy, que al instante queda envuelto en llamas rojas y rugientes. Freddy grita como jamás creyó que gritaría en su vida y, consumido por el dolor y el fuego, se arroja por una ventana para perderse en la noche.

            -¡¡¡Freddy!!!- exclama Nancy y quiere correr hacia él, pero sus amigos, tan aterrados como ella, pero menos perturbados, la sujetan de los brazos y la arrastran fuera de la casa.

            Los tres jóvenes corren hacia la camioneta y se suben a empujones. Ash se sienta en el asiento del conductor, Sidney se queda atrás con una Nancy destrozada en llanto.

            -¿Dónde están las llaves?- pregunta Ash desesperado.

            Afuera del vehículo, Jack O’Lantern se acerca lenta, pero constantemente; su capa ondea con el viento, sus botas levantan las hojas secas con cada paso y su hoz hace acrobacias entre sus manos, como si saboreara el miedo en el aire.

            -¡Las encontré!- exclama el buen Ash, triunfante, pero el sentimiento de gozo se esfuma cuando el vehículo no enciende –Mierda, mierda, mierda.

            La hoz de Jack O’Lantern entra por la ventana rota. Nancy y Ash gritan. Sidney ordena –Vámonos, vámonos.- y todos se arrastran hasta el extremo opuesto del auto y escapan por allí.

            Los tres adolescentes huyen hacia el único lugar posible, el bosque. Corren a toda velocidad sin mirar atrás. Las ramas de los árboles hacen estragos en los atuendos de Sidney y Nancy y los reducen a jirones, pero no más de lo que sería conveniente. Después de un tiempo literalmente sin medida, ven en la distancia una luz solitaria y resuelven seguirla. Exhaustos y sin aliento, llegan hasta una cabaña junto a un muelle en un lago.

            -¿Qué es este lugar?- pregunta Ash.

            -Parece ser una especie de campamento…- señala Sidney. 

            -¿Creen que ya estemos lejos de esa cosa?- inquiere Ash en busca de una respuesta esperanzadora, pero Nancy está muy débil para contestar y Sidney simplemente no tiene ganas.

            -Veamos si hay alguien.- dice Ash.

            Los tres chicos rodean la casa hasta encontrar una puerta. Está cerrada. Ash la empuja con todas sus fuerzas. No cede.

            -Vamos chicas, ayúdenme.

            -No puedo… me siento muy débil…- gime Nancy.

            -¡Yo te ayudo!- se ofrece Sidney.

            La puerta se abre y revela un cuchitril oscuro repleto de trastes herrumbrosos. Ash y Sidney entran con cautela, seguidos por Nancy.

            -¡Cuidado!- advierte Sidney; Ash había estado a punto de caer por una trampa en el suelo.

            -Eso estuvo cerca… ¿Y ahora qué hacemos?

            La habitación se oscurece; algo bloquea la luz sanguínea de la luna llena. Los chicos se vuelven y ven al hombre con cabeza de calabaza en el umbral de la puerta.

            -¡Corran!- ordena Ash y las chicas no dudan en obedecerlo.

Nuestro valiente pero tembloroso héroe se planta frente al asesino, blandiendo sobre su cabeza una barra de hierro oxidada que ha cogido de improviso. Con un rápido movimiento de la hoz, Jack O’Lantern corta de tajo la mano de Ash y éste, más perplejo e incrédulo que adolorido, pierde el equilibrio y con un grito estúpido cae dentro de la sima de la que momentos antes lo había salvado su novia.

-¡¡Ash!!- exclama ella, que desde el otro extremo de la cabaña se había volteado a ver el desarrollo de la lucha titánica entre su campeón y el asesino enmascarado.

-¡Vamos!- la insta Nancy, a quien, viéndose privada de su galán, poco le importa el destino que sufran los de otras -¡Quita las barras de esta ventana! Yo ya no tengo fuerzas.

Sidney, con lágrimas mugrientas que se mezclan con el sudor de su cara, abre, casi de forma automática, la ventana y antes de que Jack O’Lantern se aproxime, las dos jóvenes escapan de allí.

Ahora se encuentran frente al muelle. No hay a dónde correr. Miran en derredor, confusas, desamparadas, sin saber qué hacer. Cuando escuchan pasos que se acercan, ambas corren en direcciones opuestas, y cada una, al doblar sendas esquinas de la cabaña, se topa con alguien diferente. Sidney se encuentra con el asesino, que se acerca a ella con el andar seguro y prepotente de quien tiene una hoz y una cabeza de calabaza. Pero de pronto un hombre llega desde las sombras blandiendo un machete y embiste a Jack O’Lantern con todas sus fuerzas. La hoja del arma atraviesa el vientre del asesino y sale por su espalda. El hombre con cabeza de calabaza cae al suelo, y el otro, victorioso, se vuelve hacia Sidney. Es Jason, vestido con no más que un pantalón harapiento.    

            -¡Jason!- exclama Sidney alegre para luego horrorizarse al notar las múltiples cortadas que cubren el pecho de su amigo -¿Qué te pasó? ¿Cómo llegaste hasta aquí?

            -Ya habrá tiempo para explicaciones. Vamos, hay una lancha de motor amarrada en el muelle y creo que tiene combustible.

            Los dos jóvenes caminan a toda prisa hasta toparse con Nancy, quien después de haber encontrado a Jason había permanecido sentada junto al muelle.

            -¡Vamos!- ordena Jason y Sidney trata de ayudar a su casi moribunda amiga a levantarse, pero ésta no tiene ya más fuerzas y se desvanece.

            -¡Debemos llevarla!- ruge Sidney.

            -¡No hay tiempo, vamos!- casi a rastras, Jason lleva a Sidney hasta la lancha -¿Sabes manejar esta cosa?- le pregunta, pero ella, sobrecogida por los horrores de esta noche de serie B, no puede reunir la cordura suficiente para responder

-¡Contesta, mujer!- insiste Jason.

            Sidney levanta la mirada, abre los ojos de par en par y emite un alarido -¡Jason, detrás de ti!

            El aludido se vuelve y ve, de pie sobre el muelle, a Jack O’Lantern, aún con el machete atravesado en el torso. El asesino coge el arma por la empuñadura y la extrae de entre sus carnes con lentitud exquisita, como si quisiera que sus víctimas disfrutaran del sonido que produce el metal al pasar por sus entrañas no-muertas. Luego, con la destreza de un cirujano y la velocidad de un espadachín experto, decapita limpiamente a Jason antes de que éste pueda siquiera decir una palabrota. El cuerpo y la cabeza de la joven promesa del hockey caen por lados opuestos del muelle.

            Entonces Jack O’Lantern vuelve su atención hacia Sidney que, agazapada en el fondo de la lancha, espera a que el asesino acabe con ella ya sea con hoz o con machete. Pero él quiere disfrutar el momento, y camina con toda la lentitud posible para hacer resonar los tacones de sus botas sobre la madera y así deleitarse con el horror de su pobre víctima. Tras largos segundos cuya única función es aumentar el suspenso, Jack O’Lantern llega hasta Sidney, levanta la hoz en el aire y…

            Ruge un motor de gasolina a y el brazo asesino cae cercenado al agua. Jack O’Lantern se voltea y Ash, con una motosierra adherida en el muñón de la mano perdida, le corta el otro brazo. Desarmado, Jack O’Lantern no puede evitar que Ash, furioso, rebane también su cabeza vegetal. No contento con haber desmembrado y decapitado al monstruo, Ash, en estado berserker totalmente contrario a su naturaleza, se complace en reducir el cuerpo del asesino a trozos diminutos e irreconocibles.

            -¡Muere! ¡Muérete, maldito hijo de puta!- brama Ash y sus gritos se confunden con el rugido de su motosierra.

            Una vez que su afán carnicero está satisfecho, Ash apaga el motor y se ocupa de Sidney, la ayuda a salir del bote y le da un beso en la frente.

            -¿Ha acabado todo?- pregunta ella.

            -No lo sé.- responde Ash –Pero mejor nos alejamos de este lugar.

            La joven pareja atraviesa el muelle, mientras un sol trémulo y medroso comienza a asomarse en el horizonte más allá del lago.

            -Vamos a casa…- dice Ash.

            Pero en eso, Nancy aparece de la nada, lívida y cadavérica, siseando y abriendo la mandíbula como el depredador que se lanza sobre una presa. Ash hace una maniobra y la motosierra, que ahora es una parte más de su cuerpo, decapita a la otrora amiga y compañera de estudios.

            -Vaya.- dice Ash, con una sonrisa –Me estoy volviendo bueno con esto. –el joven se da el lujo de resoplar y dar un suspiro de alivio; con el brazo sano atrae a su novia hacia sí y proclama triunfalmente bajo la luz del sol matutino –Creo que ahora sí ya terminó todo.

            -No lo sé…- dice Sidney, dubitativa –Siento que aún hay algo más aquí.- Sidney otea en todas direcciones, –Siento una presencia… Algo muy perverso y degenerado que nos observa…- se detiene, reflexiona… y entonces te ve –Claro, eres tú, ¿no es cierto?- te impreca –¡Tú eres la causa de este horror! ¡Maldito enfermo!

Pues en efecto eres tú, lector, el culpable de toda esta abominación de bajo presupuesto; tú que buscas entretener tus horas ociosas con el horror y el sufrimiento de personajes inocentes que ningún daño te han hecho; y Sidney, furiosa e impotente, te reprocha -¡¡¿TE ESTÁS DIVIRTIENDO, CABRÓN?!! ¡¡¿TE ESTÁS DIVIRTIENDO?!!

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Acerca de Maik Civeira

Escritor friki.
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Una respuesta a Thriller

  1. Bryan dijo:

    Acabo de ver que te encanta traspasar la cuarta pared mi estimado, y a nosotros, o al menos a mí, también me parece genial que lo hagas, muy buen cuento sin duda

Sé brutal

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