Yaoi, Capítulo II

YAOI
Capítulo II

Leer el Capítulo I

El día siguiente era jueves, y Godo no podía esperar la ocasión de encontrarse con Emilio. A la hora de la entrada, se quedó sentado en una banca del corredor por el que tendrían que pasar la mayoría de los alumnos para llegar al área de bachillerato. Vio caminar a chicos y chicas cargando mochilas y portafolios, unos con cara de alegría, los más con jeta de sueño. Entonces vio acercarse a Emilio y unos pasos más atrás, a su hermano Santiago.

Eran muy diferentes el uno del otro. Tenían el mismo color de piel, cabello y ojos, pero las similitudes terminaban ahí. Emilio era una cabeza más bajo que su hermano, además de ser delgado, en contraste con la musculosa fisionomía de Santiago. Si éste llevaba el cabello corto, Emilio gustaba de usarlo un poco largo, para que se lucieran sus rizos. Pero sobre todo, en la totalidad de su figura y su andar, Emilio exhibía gracia, finura y elegancia, mientras que en Santiago transmitía una inequívoca aura de brutalidad tosca y primitiva, que lo delataba, más allá de toda duda, como el último descendiente de generación tras generación de machos alfa, en una cadena ancestral que se extendía hasta el paleolítico.

Emilio era dos años menor que su hermano, pero se había adelantado en primaria debido a su inteligencia sobresaliente. Santiago, por el contrario, se había retrasado un año porque sus padres lo enviaron de intercambio a Canadá, supuestamente a estudiar; en realidad se dedicó a echar juerga (se decía que había embarazado a alguien allá). Así, ambos hermanos habían quedado en tercero de prepa al mismo tiempo.

Sin entender la causa precisa, Godo se sintió intimidado ante la presencia de Santiago y abandonó sus planes de adelantarse al encuentro con Emilio. Cuando el par de hermanos pasó junto a él, Emilio sólo le dirigió una leve sonrisa, y entonces cada quien se fue para su salón.

Aún así, cuando llegó el recreo Godo salió en su busca. Emilio estaba platicando con un par de amigas suyas, de las que se despidió para acompañar a su viejo amigo a la cafetería de la escuela. Tomaron asiento en sendas sillas de Coca-Cola y se pusieron a platicar animados sobre los temas que alguna vez habían compartido y otros tantos nuevos.

-Pues sí… -decía Emilio– Lo de la marcha estuvo chido, pero tenemos que pensar más en grande. Esto no es nada más contra un candidato, sino contra todo un sistema…

-La verdad, Emilio, nunca me ha interesado la política ni nada de eso. Todo me parece la misma mierda… ¡Auch!

Santiago se había aparecido detrás de él y le había dado un nada amigable lapo.

-Chale, Emilio -dijo el muchacho-. Ya de deja de llevarte con puro chaca pollobobo.- y se alejó de ahí, riéndose, rodeado de sus achichincles.

-Pinche Santiago -dijo Godo-, es un maldito troglodita  -y luego añadió tras caer en la cuenta-, ¡Ups! Sorry, no quería ofender a tu hermano…

-Ene te pe. Tú tienes razón… A veces pienso que yo soy un mutante o algo así, porque no entiendo cómo pude haber salido de esa familia… Ahí está el timbre. Nos vemos luego, ¿va?

-A wiwis -dijo Godo, y se despidió de su amigo con un apretón de manos juvenil.

Repitieron el encuentro el viernes siguiente y refrendaron su compromiso de encontrarse para jugar en casa de Godo el sábado. Él se encontraba de muy buen humor desde la tarde en que se había reencontrado con Emilio, y esperaba con alegría el momento en que pudiera recibirlo en su casa. Se vistió con más formalidad de lo usual y hasta se puso perfume. Dejó la sala de la casa muy bien ordenada y hasta pulió los controles del X-Box para que se vieran muy limpios. Cuando escuchó el timbre de la puerta, una emoción súbita lo hizo ponerse saltarín.

Emilio saludó a su amigo con un fuerte abrazo y una amplia sonrisa. Godo le respondió de la misma manera y lo invitó a pasar a la sala y a escoger un juego para iniciar. Emilio eligió Marvel vs. Capcom 3. La mamá de Godo estaba contenta de ver a su hijo recibir visitas, pues lo había notado solitario desde hacía tiempo, y aportó a la diminuta reunión con un platón de sanduichitos de paté que sirvió a los hambrientos gamers.

Mientras jugaban, su conversación divagaba de un tema a otro, empezando por comentarios jocosos para pasar después a anécdotas graciosas y señalamientos incisivos contra individuos ausentes. Emilio y Godo jugaron y rieron, compitieron con fiereza y restregaron en sus mutuas caras las respectivas victorias. A veces, cuando Godo ganaba una pelea, Emilio se desquitaba dándole un buen puñetazo en el hombro:

-¡No me ganes, güey! -decía riéndose.

Rolaron por todos los personajes y los escenarios hasta que Godo se vio jugando con Chun-Li y Emilio con Corrigan.

-Esa Chun-Li… No mames, está bien buena… ¿No? -dijo Godo.

Emilio se volvió hacia su conludante y lo miró unos segundos antes de responder –Está chula, en verdad. Las asiáticas son lindas.

-Sí que sí -dijo Godo, y tras unos segundos añadió-, ¿Sabes qué me pregunto siempre cuando juego videojuegos?

-¿Qué cosa?

-Me pregunto cómo será cuando los personajes tienen sexo.

-Nunca tienen sexo -dijo Emilio-. Sólo están ahí esperando en el menú hasta que los escojas y los mandes a romperse la jeta.

-No, no. A huevo que tienen sexo…

-En las versiones hentai, quizá, así que si quieres saber eso, entra al buscador de imágenes de Google, quítale el filtro de seguridad y escribe en la barra de búsqueda “Chun-Li hentai”.

-No, no, no. El hentai es espurio, yo estoy hablando de la vida real de los personajes, la vida en la que tienen sexo.

La pelea terminó con la victoria de Corrigan, y Emilio se concentró en las disertaciones filosóficas de Godo.

-Creo que no te estoy siguiendo… -dijo.

-Mira, yo creo que los videojuegos y las películas y los cómics y demás son como ventanas a otros universos, y en cada universo viven esos personajes. Nosotros sólo vemos la parte de sus vidas que nos muestran los juegos y eso, pero en su propio universo sus vidas continúan, e incluso hacen cosas cotidianas y aburridas como comprar su comida o lavarse los dientes…

-Ajá, creo que ya te entiendo…

-Pues de esa misma manera, Chun-Li tiene una vida además de las peleas en la que la hacemos repartir madrazos, y en esa vida seguramente tiene sexo…

-¿Cómo puedes estar seguro?

-Pues la gente de los juegos no debe ser muy diferente a la gente de la vida real, y todos queremos coger, ¿no?

-Pues sí -admitió Emilio.

-Además, sería un desperdicio que Chun-Li no aprovechara ese cuerpazazazo que tiene…

-¿Y qué es lo que te preguntas sobre la vida sexual de Chun-Li?

-Me pregunto cómo sería cuando lo hace. O sea, mírala: en una pelea siempre se ve muy ruda y seria, a la vez que sexy -Godo veía fijamente a la pantalla, pero su mirada parecía dirigirse a otra parte-. ¿Cómo sería ella en el momento de hacer el amor? ¿Cómo lo disfrutaría, qué le gustaría? ¿Le gusta ser dominada o dominante? ¿Le gustará la rudeza o la ternura? ¿Cómo serán sus gestos y su voz? ¿Pensará en el sexo cuando no lo hace?

-¿Cómo será en ese momento en el que todos los seres humanos volvemos a lo más básico, sin importar si somos reyes o emperadores, o chavitos de prepa, y por un momento somos sólo como animalitos haciendo lo más natural del mundo?

Godo sonrió al ver que su amigo se sintonizaba con él -Ándale, exactamente.

-Pues te digo, para eso hay versiones de la Regla 34.

-No, insisto: la Regla 34 no es real. No es una ventana a ese mismo universo, sino historias creadas aparte, en las que los personajes tienen sexo no por ellos mismos, sino que sólo están posando para que quien los mire se excite y se haga una chaqueta. Yo quiero saber cómo lo haría la verdadera Chun-LI, no la que dibujan los artistas hentai en gangbangs, o bukakes u orgías lésbicas.

-Órale -dijo Emilio en efecto asombrado–. No lo había pensado así. Está chido eso…

-Sí… Empecé preguntándome eso sobre los personajes de videojuegos, pero luego me di cuenta de que igual se aplica para todas las personas del mundo. Nosotros no vemos sus vidas completas, sino que sólo miramos a través de una ventana para presenciar ciertos episodios… No sabemos cómo es la vida completa de nadie cuando no están frente a la pantalla…

-Es verdad. De la mayoría de las personas no conocemos más de lo que sabemos de nuestros personajes de la tele y las películas.

-Exacto… Entonces comencé a preguntarme, ¿cómo será el sexo para ellos? Digo, porque creo que la mayoría de los adultos, sin importar cuán feos sean, habrán cogido alguna vez. Si sabes que tiene hijos, entonces puedes estar seguro de que ha cogido, y entonces yo me preguntó ¿cómo fue? ¿Qué tanto lo disfrutó esa señora, que ahora es una viejita? ¿O ese señor que aparece en los comerciales? Todos, aunque no lo veamos o no lo queramos imaginar han estado ahí, en ese momento, en que se rindieron al deseo y fueron, como dices, unos animalitos…

Emilio se le quedó viendo a Godo un largo rato y él le devolvió la mirada en silencio. De pronto, Emilio estalló en risas alegres:

-¡Ja, ja, ja! ¡Ay, Godo, tú y tus debrayes…! No te creas, están bien chidos, siempre me ponen a pensar. ¿Te acuerdas de cuando estábamos en la secun y nos quedábamos platicando horas y horas de toda clase de mamadas?

Godo rió a su vez –Je, je. ¡A huevo! Nos poníamos a divagar sobre si existían los extraterrestres, o la reencarnación, o de cómo había que hacerle para arreglar los problemas del mundo…

-Éramos unos niños -dijo Emilio.

-Unos niños felices… -añadió Godo con un suspiro.

-Y ahora -dijo Emilio-, ¿qué somos?

De nuevo se quedaron viendo a los ojos el uno al otro por largos, silenciosos y suaves segundos… cinco… diez… quince…

-Ya me aburrí de este juego -dijo Godo poniendo fin al contacto visual-. ¿Quieres jugar Halo?

-Va -contestó Emilio con una sonrisa.

Aquélla fue una buena tarde, y la siguiente fue una buena semana. Godo y Emilio platicaron todos los días a la hora del recreo, y todas las tardes en Facebook. En línea, Godo era menos tímido y más sincero, y cada vez mostraba más apertura a tratar de temas íntimos, hasta que en una ocasión se decidió a contarle a Emilio su historia con Rigo y Angélica. Fue revelando la información poco a poco; al principio ocultó los detalles embarazosos, pero al final también los sacó a la luz, exceptuando aquel hecho que había puesto incómodos a los tres. Emilio se mostró muy comprensivo y empático, pero le dijo que lo mejor era conversar de frente, y Godo tuvo que aceptar seguir la plática al día siguiente, en la escuela.

-Entonces, recapitulando… Todos terminaron lastimados, ¿no? -corroboró Emilio.

-Sí, supongo que sí. Rigo está encabronadísimo conmigo y con Angélica… Ella no me habla, aunque por otro lado tampoco la he buscado…

-Vaya, vaya… Y pensar que todo comenzó con eso de la Yumbina… Es raro, ¿no?

-¿Qué parte?

-Que Angélica no se haya ofendido por el intento de drogarla, pero que si quería tener sexo con ustedes simplemente no se hubiera insinuado antes…

-Sí… Bueno, es que Angélica es medio suripanta.

-¡Hey! -lo reprendió Emilio- No seas tan duro para juzgarla. Estoy seguro de que su corazoncito también está roto con todo este desmadre.

-Sí… La neta, creo que ella está algo así como enamorada de Rigo.

-¿Y tú?

-¿Yo qué?

-¿Sientes algo por alguno de los dos?

-Ah… pues son mis amigos…

-¿Te gusta mucho Angélica?

-Sí… O sea, sí me atrajo… Tiene buen cuerpo… Un buen culito sobre todo… Pero no me estaba enamorando de ella ni nada de eso.

-Es que tenías la necesidad de coger y ella estaba disponible, ¿no es eso?

-Sí, la neta sí.

-Y sin embargo, con ella tuviste sólo sexo oral y anal, ¿no?

Godo se sorprendió por el tono directo de su amigo –Pues sí, excepto por esa vez en la que lo hicimos ella y yo solos.

-Que fue un desastre, ¿no?

-Así es… ¿Pero qué tiene que ver todo eso?

-Nada, nada… Que me voy dando cuenta de algunas cosas…

-¿Qué cosas?

-Ya te las diré…

-No, dime ahora… -insistió Godo.

-No es nada… Pero creo que la falta de sinceridad, de decir lo que realmente quieren es lo que los metió a ustedes tres en este pedo.

-Sí… -dijo Godo con un suspiro y ambos guardaron silencio por un rato- ¡Qué pinche calor!- exclamó Godo al cabo.

-Sí, no mames… -secundó Emilio.

-Estaría rico ir a la playa… ¿Todavía tienes tu casa en el puerto?

-Sí, pero últimamente mi hermano se ha estado yendo allá los fines de semana para hacer sus pedas… ¡Oye, ya sé! ¿Recuerdas aquel rancho de mi tío, el que tiene cenotes?

-Sí -rememoró Godo muy sonriente-. Estaba bien padre.

-¿Qué te parece si nos lanzamos para allá este fin?

-Estaría chingón -respondió justo en el momento en que sonaba el timbre de vuelta a clases-. ¿Este fin?

-Sí, seguro. Déjame hago los arreglos y te aviso con tiempo, ¿va?

-Sobres, ahí nos hablamos al rato.

_____________

Continúa en el Capítulo III

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Acerca de Maik Civeira

Escritor friki.
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2 respuestas a Yaoi, Capítulo II

  1. joako dijo:

    Te hizo falta agregar que Godo acababa de ver “Ralph el demoledor”, o creo que tu la acababas de ver cuando escribiste esto

    =P

    • Maik Civeira dijo:

      Fíjate que Ralph la vi hace poco y ese capítulo lo escribí más o menos en el periodo correspondiente, o sea mayo de 2012. De hecho, el primer borrador del libro lo escribí en “tiempo real”.

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