Hentai, Capítulo III

HENTAI Capítulo III

Leer el Capítulo II

Despertó en la mañana muy contento y motivado. Ahora que entendía bien cómo estaba la jugada con Ai, podría esperar hasta la noche con optimismo. Mientras tanto, durante el transcurso del día se dedicó a ponerse al corriente con sus tareas y deberes, para no regarla en los últimos días de clase. En la escuela casi no habló con sus compañeros, sino que se la pasó haciendo labores estrictamente académicas, y el resto del tiempo checando su iPhone clandestinamente mientras esperaba la hora de volver con Ai.

Llegó la noche y se entregó a ella de nuevo. Esta vez le dijo sin tapujos que quería cogérsela por el culo y ella le respondió tendiéndose sobre la cama boca abajo. Ádal se tomó un tiempo para contemplar las líneas de sus hombros, que bajaban por el valle de su espalda y volvían a subir en las montañas de sus glúteos. Sin más preámbulos, Ádal se despojó de su uniforme, se abalanzó sobre su musa nipona y zambulló su pene primero entre las nalgas de ella, y después hacia dentro de su ano, apretado y caliente. Y Ai gemía de placer, y a Ádal ya le valía madres quién pudiera escucharla pues, cómo el mismo se decía, me estoy cogiendo a esta puta por el culo, y ahora me estoy viniendo, y le voy a dejar todo su culo lleno de leche… Ádal, tan propio y recatado, poco inclinado a las palabrotas, no podía evitar excitarse cuando las enunciaba en su mente, ni podía evitar enunciarlas en su mente cuando se excitaba.

Por el resto de la semana, y la siguiente también, se apegó a esa rutina: ir a la escuela sólo a trabajar y no relacionarse con nadie, llegar a casa y terminar todos los deberes lo más rápido posible, para después esperar con ansias la puesta de sol. Entonces aparecía Ai y follaban como locos, él siempre pidiéndole posiciones y experimentos nuevos y ella siempre cumpliendo todos sus deseos hasta que Ádal caía dormido y ella se acurrucaba a su lado para ya no estar cuando el sol volvía al cielo.

Ádal se sentía el tipo más chingón del mundo, y se paseaba por los pasillos de la escuela mirando por encima del hombro a todos los demás pendejos, solitarios o con novias flacuchas, gordas o feas, que nunca tendrían lo que él, con su chingonería para las computadoras, había conseguido. ¿No que ser un maldito geek no le iba a servir para conseguir chicas? Ahora tenía a la criatura más perfecta del universo, dispuesta a cumplir con cualquier cosa que él le pidiera…

Aunque pronto se le acabó la imaginación y una noche Ádal le dijo a su siempre disponible concubina de pixeles: -Me gustaría probar algo nuevo, Ai, pero ya no se me ocurre qué… ¿Por qué no me sugieres algo? Tú nunca me dices lo que se te antoja…

-A mí te me antojas tú, mi rey. Todo lo que tú puedas querer me satisface.

-Sí, entiendo. Me gustaría que de vez en cuando tú me dijeras qué te gusta.

-Me gustas tú, tontito…

-Sí, pero quisiera saber en qué piensas…

-Pienso en ti chico, ¿en qué más?

-Bueno, contras -Ádal, por vez primera, pareció exasperarse con Ai-. Pero sugiere algo para intentar esta noche.

-Bueno, si de verdad quieres mi consejo…

-Sí, lo quiero.

-Vale, chico. Me has pedido todas las posiciones y todas las vías de acceso que podrías pedirle a una chica…

-Ajá… Pero…

-Pero yo no soy cualquier chica, mi amor. Yo soy Ai, soy tu Video Girl, tu Hentai Girl, no estoy constreñida por las limitaciones que afectan a las mujeres de carne y hueso…

-Oh… -Ádal estaba intrigado- ¿Por ejemplo…?

-¿Te gustaría un poco de variedad? ¿Te has aburrido de mi cabello y mi aspecto?

Ante los ojos asombrados de Ádal, el cabello de Ai se transformó; en vez de corto, lacio y castaño se volvió largo, rizado y color turquesa. Sus ojos se tornaron del mismo color y sus orejas se alargaron hasta rematar en puntas agudas. Su desnudez se cubrió con una armadura, o más bien un bikini de cota de malla, y una capa roja que le colgaba de los hombros y en sus manos apareció una espada demasiado grande para la aparente delicadeza de la chica.

-¿Te gustan las elfas?

Ádal, boquiabierto y babeando, asintió con la cabeza.

-¿O prefieres una lolita?

Entonces Ai se transformó de nuevo, pero esta vez su cabello rubio se acomodó en dos colitas infantiles que brotaban de lo alto de su cabeza, y su armadura de elfa guerrera se fundió y en su lugar apareció un uniforme de colegiala japonesa, cortito y ajustado al siempre voluptuoso y curvilíneo cuerpo de Ai.

Ádal no pudo, no quiso contenerse más y se lanzó sobre ella, la abrazó y le besó el cuello mientras le apretaba una nalga por debajo de su faldita a cuadros.

-No te desvistas -le ordenó él, que sí se desembarazó de su ropa; la empujó contra una pared y, apenas apartando el calzoncito de Ai, le ensartó la verga. Ella gritó el nombre de su amo, su amante, como de costumbre y clamó a los cuatro vientos lo mucho que le gustaba todo lo que él le hacía. Ádal, como una fiera, jaló de un tirón la blusa de la colegiala y le arrancó algunos botones, que tras su retirada dejaron salir, como disparada, una de las deliciosas tetas de Ai, que Ádal chupó como animal hambriento… Y así hasta que ambos se corrieron.

Esa misma noche, después de un segundo aire, Ádal le pidió que volviera a ser una elfa y ella, desde luego, se lo concedió. Cada noche a partir de entonces ensayaron una o dos fantasías nuevas (dos corridas en promedio era lo que Ádal aguantaba). Ai se transformó en enfermera de cabello rosado, en oficial de policía con pelo negro y uniforme azul, en maestra sexy con anteojos y amplio escote, en geisha de kimono encantador, en ninja asesina de rojas trenzas… Cada noche Ai fue algo nuevo: científica de NERV, Sailor Scout, Card Captor, princesa de Hyrule, kunoichi de Konohagure, entrenadora Pokémon, piloto de Eva, cazadora de metroids… Ai fue todo lo que Ádal quiso y nada más.

Pero con el transcurso de los días Ádal comenzó a aburrirse, sin entender porqué. Ai cumplía con todas sus fantasías, pero para excitarse Ádal tenía que describirse a sí mismo la situación y usar todas sus fuerzas para concentrarse en ella, o de lo contrario su mente empezaba a divagar y a pensar en otras cosas. No podían repetir el mismo juego dos noches seguidas porque Ádal ya no se excitaba, pero al mismo tiempo se estaba quedando sin ideas.

La nostalgia, ese raro sentimiento que de vez en cuando lo embargaba, se apareció de nuevo en su vida y lo fue dominando poco a poco. Hubo días en los que lo que pudiera ofrecerle Ai no le interesaba, y entonces prefería evitarla y dormirse en la sala o en otro lugar. Pensaba a menudo en sus amigos, y anhelaba su compañía, pero como ellos no le habían llamado o escrito en semanas, Ádal no hizo nada para contactarlos.

Llegó el último viernes de clases, el día final de todo el bachillerato, el fin de la prepa, el adiós a todos los amigos, los profesores, las clases, los espacios y edificios escolares… Claro, el lunes estaría allí otra vez para presentar los ordinarios, que se prolongarían por dos semanas, pero ya nada sería igual. Ádal se sorprendió a sí mismo añorando a sus compañeros de clase, a los compañeros de media vida que le habían dado su amistad, su desdén o su indiferencia, y de los cuales se había alejado mucho en los últimos meses y todavía más en las últimas semanas. Sintió deseos de acercarse a ellos, antes de que terminaran las clases, antes de que fuera demasiado tarde… Pero no sabía ni cómo empezar después de tanto tiempo de haberlos ignorado.

-¡Hola!- escuchó detrás de sí cuando caminaba por los pasillos de la escuela. Se volvió. Era Claudia. Hacía meses que no intercambiaba palabras con ella. Se ve bien, pensó Ádal, es decir, no tan bien como Ai, pero es una chica linda… Una chica… Linda…

-¿Qué te pasa? -le preguntó Claudia al no recibir respuesta.

-Nada. Disculpa. Ando muy distraído.

-Así estamos todos. Exámenes ordinarios, proyectos semestrales, fin del año escolar, pedos con las universidades… -Claudia suspiró- ¿Cómo has estado?

Ádal se dijo a sí mismo, feliz, he estado cogiendo como nunca nadie ha cogido en la historia, con una chica hentai que sólo existe para complacerme, pero por alguna razón no se la creyó del todo.

-Bien -respondió secamente.

-¿Vas a ir a la fiesta de pregraduación?

-¿Ah? No sabía que iba a haber una…

-¡No se ha hablado de otra cosa desde hace días! Mira, detrás de ti está el póster.

-Ah, mira… ¿Y cuándo es?

-Ahí lo dice, en letras grandotas. Órale, sí que estás distraído…

-Sí… Lo siento.

Claudia se preocupó sinceramente por Ádal -¿Estás bien? ¿Tienes algún problema?

-No… No, sólo es eso: que estoy distraído. No es nada malo…

-Hmm –Claudia hizo una pausa– Oye… ¿supiste lo que le pasó a Godo?

-¿Qué pasó?

-Santiago se lo madreó.

-¿Santiago? ¿Mondragón? -Ádal estaba perplejo- ¿Pos qué hizo el pobre?

-¿No sabes, güey? No mames, de veras que andas en la luna. ¿No sabes que Godo se andaba cogiendo a Emilio?

-¿Emilio? ¿El hermano de Santiago?

-¡Sí! ¡Toda la escuela lo sabe! ¿No viste el día que le vandalearon sus cosas y le pintaron PUTO en su casillero?

-No… ¿cuándo pasó eso?

-Chale contigo Ádal. ¿Pos qué? ¿Has estado debajo de una piedra o qué pedo?

-Algo así…

-Bueno, pues entérate: Godo y Emilio “andaban” -y Claudia hizo la seña de las comillas con los dedos-. Y como en esta pinche escuela todo es puro chisme, pues enseguida se supo. Primero le vandalearon las cosas a Godo, y cuando fue a denunciarlo el director le dijo que no podía hacer nada…

-¡Qué cabrón! Ah, pero cuando a Xariff se le perdió su iPhone casi casi llamaron a la Interpol…

-¡Ajá! Y el viernes pasado, Godo iba de salida de la escuela cuando llegó la camioneta de la mamá de los Mondragón. Santiago se bajó todo corriendo y se le fue encima a Godo, que ni tiempo tuvo de averiguar qué pasaba. Ese güey lo tiró a la escarpa y se lo empezó a putear bien feo, que ni siquiera le dejaba moverse. Y la mamá desde su camioneta le echaba porras. Y los guardias de la escuela siguieron dirigiendo el tránsito como si nada. Si Angélica y yo no hacíamos nada, ahí mismo lo mataba ese pinche neandertal.

-No. Ma. Mes -dijo Ádal-. ¿Y qué va a pasar?

-Pos no sé, todo está en veremos. Godo no se ha aparecido en toda la semana. Pero se pasan los Mondragón, de veras… Chale, ahistá el timbre. Bueno, nos vemos en el recreo y te sigo contando, ¿va?

-Va, te espero en la cafe… -y Ádal se fue contento a su salón.

La cafetería de la escuela se ubicaba frente a una cancha de básquetbol, donde todos los recreos se podía ver a los niños de secundaria corriendo o improvisando una cascarita que no duraría más de media hora. Ádal se dirigía a su encuentro con Claudia cuando notó que la cancha era el centro de una reunión inusualmente grande para la hora y el lugar. Murmullos se dejaban escuchar sobre la multitud de cabezas masculinas sudorosas y cabelleras femeninas perfumadas. La mayoría se preguntaba qué sucedía, mientras que algunos pocos dejaban escapar exclamaciones de asombro. Entonces notó la figura de Godo que emergía de entre ellos; parado sobre un banquillo, y con ayuda de un megáfono, el chico delgado y güerito se dirigió a la multitud.

Ádal escuchó, al principio sin saber qué pensar, mas poco a poco fue contagiándose del entusiasmo de su amigo y de la multitud que se identificaba con él. Godo habló de lo que estaba mal en esa escuela, de la violencia institucional, de la intolerancia, de que era el fin del ciclo escolar y que no quería irse sin asegurarse que después de él nadie sufriera la misma discriminación, el rechazo, la burla, el abuso… Alguien gritó “¡ñoño!”, una tipeja se carcajeó con sorna y un tercero le aventó a una lata de refresco, pero Godo no cedió; “¡Todos somos uno!”, gritó, y la multitud se entusiasmó. Alguien gritó “¡Esto es Okupa La Cancha!” y muchos corearon “¡A huevo!”. Ádal se contagió del espíritu de la revuelta y, entusiasmado, sin darse cuenta de que lo hacía, gritó “¡Somos Legión!”, y otros muchos repitieron el grito. La revolución había comenzado.

Las clases se suspendieron, pero a nadie le importó porque los maestros ya tenían hueva por ser el último día y los alumnos estaban muy ocupados con su proyecto de cambiar, si no al mundo, por lo menos sí su mundo. No fueron una mayoría los que ocuparon la cancha; muchos desdeñaron al montón de losers que andaban haciendo escándalo y la mayor parte se retiró a sus casas cuando el desmadre les dio el pretexto para hacerlo. Pero era un grupo numeroso el que se plantó ahí y no podrían ignorarlo fácilmente. Ahí estaban Ádal, que se unió a Godo y a Emilio, a Rigo y a Angélica… y Claudia, y muchos más, que superaban la centena.  El director de la prepa trató de convencer a los chicos de que se dispersaran, pero nadie hizo caso. Ellos querían hablar con todos los directores, con el dueño, con los padres de familia, con la prensa, con la Universidad y hasta con el gobierno si era necesario, pero no se irían hasta asegurarse de que las cosas cambiarían, de que nunca más en esa escuela el ser diferente iba a merecerle a nadie burlas, ni golpes, ni rechazos, ni abusos.

El dueño de la escuela, un viejo malencarado, déspota, mocho, mamón y altanero, amenazó a todo el grupo con expulsarlos, con negarles el derecho a presentar los ordinarios, con nunca entregarles su documentación para que no pudieran entrar en la Universidad. Pero los chicos no se movieron de ahí, y el propósito que tenía don señor de mantener en secreto este asunto se fue al traste cuando todos los alumnos que tenían un celular con cámara tomaron fotos y videos y las subieron a YouTube y a Facebook y a Twitter con el hashtag #OkupaLaCancha que se volvió Trending Topic local. No tardaron en llegar los padres de familia y hasta una reportera para saber lo que pasaba.

Ádal estaba tan entusiasmado y comprometido como ellos, pero creyó que podría ayudarlos más desde su casa que permaneciendo en el plantón.

-Esperen una sorpresa -dijo a sus compañeros cuando, alegre y entusiasta, se despidió de ellos a las dos de la tarde. Llegó a su casa, se brincó el almuerzo y se fue directo a su computadora. Descargó la escena del discurso de la película V de Venganza para editarla; escribió su propio discurso y con ayuda de un software especial lo convirtió en un archivo de audio. Cuando el video estuvo terminado, en vez de la de Hugo Weaving se escuchaba una voz masculina, grave y profunda diciendo lo que Ádal había escrito:

“Damas y caballeros, chicos y chicas de esta ciudad. Han llamado nuestra atención las condiciones injustas y opresivas que se viven en algunas de nuestras escuelas. Lo hemos visto a lo largo de los años: los que son diferentes por alguna u otra cuestión se convierten en víctimas de los que se sienten superiores. Burlas, zapes, lapos, calzones chinos y coyazos son algunos ejemplos de lo que han sufrido aquéllos que no han sabido balar al ritmo del rebaño. ‘Es natural’, dicen algunos, ‘Así son los jóvenes’ dicen otros. Claro, hoy en día se dan pláticas en las escuelas, a maestros, alumnos y padres de familia, para erradicar el bullying y todo eso, pero en realidad la ley que impera sigue siendo la del más fuerte. Si el bravucón es un don nadie, lo pueden hasta expulsar, pero si el hijo de don Fufurufo, dueño de las empresas Blableblú, entonces el asunto se queda calladito. Además, a las escuelas no les gustan los raritos, pero aman a los niños bonitos que pueden ser unos patanes, pero dan cuenta de que la institución es de gente bien. Así, cuando en días recientes un chico fue atacado brutalmente por un orangután adolescente, sólo porque el muchachito en cuestión tiene preferencias sexuales distintas, la sociedad y la escuela protegieron al agresor, porque es el hijo de un ñor ricachón acostumbrado a creerse mejor que los demás y a andar de bravucón con todo el mundo y en todos los aspectos de la vida.

“Pero ya estamos hasta la madre de esta situación, y por eso todos aquéllos que han sido víctimas de la discriminación y el abuso en la escuela han tomado la cancha de básquet y no se moverán de allí hasta que se aseguren de que nunca más se sufrirá por el hecho de ser diferente, en su forma de pensar, en su forma de actuar, en su forma de vivir, en su forma de ser o en su forma de amar… Claro que no esperamos que las cosas cambien de la noche a la mañana, habrá resistencia por quienes desean que todo siga igual y las jerarquías no declaradas permanezcan en su sitio. Es por eso que hemos decidido meter un poquitito de presión por este medio. Durante el fin de semana derribaremos las páginas de la escuela, y atacaremos las cuentas de mail y de redes sociales de los alumnos bravucones, de sus familias y de todos los maestros y directores que han permitido que esta situación continúe. Esperamos sinceramente contar con una respuesta definitiva para el lunes. Mientras tanto, recuerden que los estamos vigilando. Somos Anonymous. Somos Legión. No perdonamos. No olvidamos. Espérennos.”

Después de consultar con algunos camaradas Anonymous para asegurarse de que no les molestaría esta pequeña gesta personal, Ádal subió el video a YouTube y lo compartió en todas las redes y foros donde pudo. Después, puso manos a la obra en el trabajo sucio: hackeó las cuentas de correo y de Facebook de toda la familia Mondragón (excepto de Emilio, claro está), así como la de Xariff y otros esbirros, las de los directores de la prepa y la secundaria y las de los maestros que nunca habían movido un dedo para ayudar a los chicos y chicas acosados por sus torturadores. Por último, hackeó la página oficial de la escuela y colgó ahí el video.

Para finalizar, se comunicó con sus amigos a través de Facebook y WassApp, y así se enteró de que no sólo el plantón continuaba, sino que habían llegado decenas de chicos y chicas de otras escuelas para unirse a él, y que tenían planeado permanecer ahí día y noche, todo el fin de semana, hasta que les dieran una respuesta. Incluso algunos padres de familia los apoyaban llevándoles comida, agua y ropa limpia. ¡Todo iba viento en popa! Ádal acordó reunirse con sus amigos a la mañana siguiente.

Cuando sintió que su trabajo estaba hecho ya había oscurecido y entonces Ádal se percató del hambre que tenía, de modo que apagó sus aparatos y bajó a la cocina en busca de algún recalentado. Después de satisfacer su apetito, tomó una ducha y se metió a su cuarto con la intención de descansar, alegre y satisfecho por todo lo que había sucedido ese día.

Pero Ai lo estaba esperando. Desnuda, refulgente, con cierto rencor en la mirada.

-Hola, chico -dijo con un dulce tono que contrastaba con el gesto de sus ojos-. Te has tardado en llegar esta noche.

-¡Ai! -exclamó Ádal; se había olvidado de ella por completo- ¡No sabes lo que pasó hoy! -el joven caminó hacia su cama y se sentó a la orilla.

-No lo sé. Pero sé lo que va a pasar esta noche… -Ai se sentó junto a él y le susurró a la oreja- ¡Vamos a gozar como unos chalados!

-Deja que te cuente… -dijo él apartándola con suavidad- Todos mis amigos y yo… Espera… no sé por dónde empezar…

-Yo sí. Deja que te la chupe…

-No, espera… Es que en la escuela siempre ha habido mucho bullying, mucho abuso….

-¡Oh, pobrecito! Has sufrido mucho… Deja que yo te conforte…

-¡No es necesario! -dijo Ádal con alegría- Hoy fue el inicio del fin: chicos de secundaria y de prepa nos unimos en contra de esta situación… La cancha de básquet está tomada. ¿Y sabes qué, Ai? Lo mejor es que yo pude hacer algo al respecto. ¡No sé cómo nunca se me había ocurrido chingarme a esos pendejos para que se aplacaran! O sea, sí lo hice para que no me chingaran a mí, pero como que me valió madres lo que hicieran con los demás. Pero hoy no. Hoy me importaron todos allí: Godo, Rigo, Angélica, Claudia… hasta Emilio, que nunca me cayó particularmente bien. Creo que hoy todos le importamos a todos. Pude hacer mi parte de la lucha desde mi trinchera y aunque estuve poco tiempo con ellos y casi ni les hablé, hoy me sentí más conectado con mis amigos que nunca…

-¡Oh, Ádal! ¡Eres todo un héroe! Permíteme darte tu merecida recompensa -Ai lo rodeó con sus brazos y le besó el rostro y el cuello; Ádal, con trabajo, se zafó y se alejó de la cama-. ¿Qué te pasa, querido?

-No es nada malo. Es que hoy no tengo ganas de… eso. Es que estoy cansado. ¿Por qué no mejor sólo platicamos?

Ai estaba boquiabierta, perpleja, ofendida y molesta, y la expresión de su rostro no pretendía ocultarlo. Pero tras unos segundos su mirada regresó a la coquetería, al deseo, a la depredación…

-Querido, ya sé lo que te pasa. Necesitas hacer algo nuevo esta noche. ¿Qué te gustaría?

-De verdad, Ai. No estoy de humor… No te lo tomes a mal… ¡Es que están pasando cosas grandes!

-¡Nada! -exclamó Ai con furia-, ¡Nada es más grande que nosotros! ¿Me oyes? -pero a la siguiente frase su voz volvió a ser dulce y seductora-. Ven, de seguro hay algo que no me has pedido aún… Algo que deseas realmente y que te da pena confesarme…

Ádal estaba un poco sacado de onda -No, Ai. Creo que ya lo intentamos todo…

-No es así, querido… -Ai se le acercó y le susurró al oído- No hemos hecho un trío.

La sola sugestión del escenario hizo que Ádal sintiera una excitación tal que las rodillas le temblaron. ¡Un trío! ¿Un trío con quién? ¿Con otro hombre? ¿Con otra chica? ¿Con una chica real…?

-¿Cómo está eso? -preguntó al fin.

-Observa -dijo Ai, dio un paso hacia atrás, colocó una mano sobre su propia cabeza y luego la deslizó con rapidez hacia un lado, como si se deslizara por una pantalla táctil; al hacerlo, una segunda Ai brotó de su figura, como si alguien hubiese hecho copy+paste, y de pronto Ádal tuvo frente a sí dos chicas hentai, ambas igualmente sexys e igualmente dispuestas a hacer lo que él quisiese…

-Oh… -apenas pudo musitar Ádal.

-Pero se pone mejor, guapo -dijo la Ai de la izquierda-. Para que sientas que realmente somos dos… -entonces su pelo castaño lacio y corto se transformó en una abundante cabellera ondulada color carmesí, y sus ojos se tornaron azul eléctrico.

-Vaya, chica -le dijo la Ai de la derecha a su contraparte-, ¡Te ves tan guarra! -y entonces la rodeó con sus brazos y las dos Ai se besaron, con ambas lenguas de fuera, relamiéndose, retorciéndose, jugando la una con otra, para que Ádal pudiera verlas, y al mismo tiempo, sus tetas se frotaban entre sí, tan redondas, apetitosas…

-Wow.

-Relájate cariño -dijeron las chicas hentai al unísono-. Te daremos un espectáculo.

Ádal volvió a la cama y se recostó en ella, sin quitar por un momento la mirada de ese par de cuerpos exquisitos. La chica de cabello castaño comenzó a besar el cuello de la chica de pelo carmesí, que no dejaba de expresar su placer con ronroneos y gemiditos apagados. Los labios de Ai siguieron bajando por la figura de su gemela, besaron sus hombros, su clavícula, su pecho… llegaron hasta un seno, lo recorrieron con suavidad, exponiendo su blandura y su firmeza, hasta llegar al pezón sonrosado y erecto… Ai pasó su lengua por él,  luego sus labios, con suaves y tiernos besitos, y finalmente se lo metió en la boca y lo succionó, primero con gentileza y luego con voracidad, mientras con la mano masajeaba, apretaba y estrujaba la otra teta. Ai gritaba de placer; tomó la nunca de su doble y presionó su cabeza contra su pecho, para asegurarse de que siguiera mamando, que nunca se detuviera. Ai siguió bajando por el cuerpo de su réplica, con su lengua y sus labios como vanguardia, por su abdomen, su ombligo, su monte venus hasta llegar a su pubis.

O, mierda, estoy viendo a dos chicas coger, pensó Ádal cuando Ai comenzó a lamer la vagina de la otra, y a meterle los dedos y a chuparle el clítoris. Ai de cabello rojo gemía y gritaba y ofrecía a los ojos de Ádal todas las pruebas convincentes de que estaba gozando lo que su contraparte le hacía con los labios y la lengua y los dedos…

-¡Vengan aquí! -ordenó Ádal y las Ai, obedientes y sensuales se fueron hacia él.

Entonces le dieron al muchacho la revolcada de su vida. Ai pelirroja saltó sobre Ádal y lo derribó en la cama; Ai trigueña se fue directo a su verga y se la metió a la boca sin preámbulos ni miramientos; Ai pelirroja forzó sus tetas enormes en la boca de Ádal; Ai trigueña se montó en él y con lentitud fue asentando su cadera hasta que su vagina le tragó por completo el pene; Ai pelirroja se sentó en la cara de Ádal y le obligó a mamarle la chocha como Ai trigueña lo había estado haciendo unos segundos antes… y Ádal no sabía qué hacer más que dejarse llevar, dejarse amar, dejarse fornicar por ese par de diosas digitales que hacían de él lo que les diera la gana. Me estoy cogiendo a dos viejas al mismo tiempo, se decía Ádal.

Ádal se vino en Ai castaña, y Ai pelirroja se vino en la cara de Ádal; entonces Ai pelirroja apartó a su gemela del lugar privilegiado que ocupaba y se metió la verga fláccida y bañada de Ádal en la boca.

-¡Amo este sabor de vagina mezclada con semen! -dijo Ai con una sonrisa entre mamada y mamada-. No hay nada que una chica hentai ame más.

Y mientras Ai lo cabalgaba y le hacía sentir cosas que nunca se imaginó que sentiría, la otra Ai lo besaba y lo lamía… entonces Ádal tuvo una idea.

-¡Ai! -dijo-, Si puedes duplicarte… ¿puedes triplicarte?

Ai trigueña, que era la que estaba más cerca de su rostro, le sonrió. Entonces, detrás de ella se asomó una nueva Ai, ahora con cabello azul.

-¿Te las podrás arreglar con tres de nosotras? -dijo.

-Lo puedo intentar…

Así comenzó la fiesta. Ai peliazul a gatas dando las nalgas, Ádal de rodillas metiéndosela con todo, mientras Ai pelirroja y Ai castaña lo besan, las dos al mismo tiempo, y las tres lenguas juegan en el aire. Ai pelirroja boca arriba con las piernas abiertas, recibiendo las estocadas de Ádal, mientras ambos observan a las otras Ai haciéndose un sesenta y nueve. Ai trigueña recostada de ladito, Ádal cogiéndosela por detrás, de cucharita, Ai peliazul mamándole las tetas y Ai pelirroja lamiéndole la chocha. Ai peliazul y pelirroja le lamen la verga y las bolas a Ádal, ambas al mismo tiempo, mientras él le lame la pucha a la trigueña. Ai trigueña a gatas en el suelo; Ai peliazul, también a gatas, le lame el culo; Ai pelirroja, en la misma postura, le lame el culo a Ai peliazul, y Ádal, de rodillas, le folla el ano a la pelirroja. Las tres Ai formando un círculo, cada una chupándole la vagina a la siguiente, recibiendo la lengua de la anterior, y Ádal, que se masturba con esta bella escena y se dice, estoy teniendo una orgía, estoy teniendo una orgía. Y finalmente, las tres Ai, de rodillas, con las bocas abiertas y las lenguas de fuera, elevan las tetas con las manos, listas para recibir el semen de Ádal, que brota, salpica y cubre sus caras y las tres, al unísono, gritan:

-¡Oh, sí, facial! ¡No hay nada que una chica hentai ame más que un facial!

Cuando todo acabó, Ádal se sentía rendido. Apenas pudo reunir las fuerzas suficientes para regresar al lecho y caer tendido sobre el edredón. Como otras veces, después del sexo, una leve nostalgia empezó a mezclarse con sus otros sentimientos, adormilados por el cansancio de ese día, de esa noche y de esa vida.

-¿Me pueden abrazar? -dijo en un murmullo.

Las tres Ai se acurrucaron junto con él, lo rodearon con sus brazos, piernas y senos inmateriales, y entonces él se quedó dormido…

__________________

Continuará en el Capítulo IV

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Acerca de Maik Civeira

Escritor friki.
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2 respuestas a Hentai, Capítulo III

  1. Gabriel dijo:

    ¿te inspiraste en Cortana para la descripción de Ai?

  2. Te deschongaste en esta pinche Maik, apenas mi imaginación daba para visualizar mentalmente la escena… qué envidia de cabrón D:

Sé brutal

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