Hentai, Capítulo V

HENTAI
Capítulo V

Leer el Capítulo IV

Los exámenes tuvieron lugar los lunes, miércoles y viernes durante dos semanas y media, así que Ádal dedicó el siguiente día a estudiar. Lo hizo con desinterés total, y tampoco quiso invertir tiempo en las actividades que otrora lo habrían puesto de buen humor; es decir, no encendió su computadora ni sus aparatos para nada. En los momentos de ocio, cuando de plano no podía fijar la mirada en las letras de sus libros, salía al patio a observar el cielo -sin verlo-, o zapeaba por la señal de TV –casi nunca la miraba. Quería irse a dormir temprano, pero no tenía ningún deseo de encontrarse con Ai, por lo que al anochecer  durmió otra vez en la hamaca de la terraza.

A la mañana siguiente no quiso ver ni tratar con nadie. Llegó a la escuela, presentó su examen y con la misma se retiró. Las dos semanas de ordinarios pasaron así; Ádal pasaba poco tiempo estudiando, menos tiempo en Internet, muchas horas viendo televisión sin encontrar nada que le gustara. Una que otra noche se dejó consentir por Ai y cuando la tenía cabalgándolo o dándole un blow job, él se decía que no necesitaba más, que tenía a una chica hentai mágica dispuesta a hacer todo lo que él quisiera, que se la había ganado por ser más chingón que los demás y que nadie nunca tendría algo como eso.

El viernes del último examen reunió valor para quedarse un rato más; se sentó en una banca frente al salón de Claudia y esperó. Pero al ver que ella no salía, poco a poco perdió la determinación y  se fue entregando al pánico. Sintió que estaría más aliviado si no se la encontraba. En el momento en que creyó verla pararse de su butaca para entregar el examen resuelto, Ádal huyó del lugar. No estaba muy lejos de la escuela cuando ya se estaba arrepintiendo. ¿Arrepintiendo de qué?, se preguntó, ¿Qué habría ganado de quedarse y encontrarla? ¿Qué podía esperar sinceramente, realistamente, de hablar con ella?

Llegó a su casa. La prepa había terminado, pensó de pronto, ahora sí había terminado. En septiembre empezaría la uni y ya él se vería viviendo otra vida. No sentía que le cayera el veinte por más que se lo repitiera. Se dejó caer en un puff, para echar más bolsa que el mismo puff. ¿Por qué se sentía tan nostálgico, tan melancólico? Sonó un pitido en su iPhone; era un mensaje vía Facebook de Rigo: la fiesta de graduación era el sábado, pero ese viernes harían una pregraduación alternativa para todos los que habían participado en el Okupa la Cancha. Lo estaban invitando.

¿Iría? Asistir o no asistir, ésa era la cuestión. ¿Qué podía esperar de esa fiesta? ¿Qué podía temer de ella? ¿Por qué tanta pinche tristeza vaga, repentina, sin origen determinado o determinable? ¡Malditas crisis existenciales! Ha de ser algo hormonal, algo de la edad. No tenía razones para estar triste. ¿O sí? ¿No estaba todo bien? ¿Qué le hacía falta? Chingados…

Echó la hueva durante toda la tarde. Habló brevemente con su hermana; papá y mamá llegarían al día siguiente, justo a tiempo para la entrega de menciones honoríficas en la graduación académica, y para el posterior baile. Perfecto.  Cuando oscureció, entró a su cuarto. Observó a Ai. No tenía ganas. Suspiró y bufó.

-Voy a salir con mis amigos esta noche -algo lo hizo sentirse obligado a informar.

-Oh… -musitó Ai.

-¿Qué pasa?

-Ya no me follas tanto como antes…

-A lo mejor, más tarde, cuando regrese.

-Vale, chico, te estaré esperando ansiosa.

De forma mecánica, sin prisa ni interés, Ádal se bañó, se vistió y bajó las escaleras.

-¡¿Me prestas tu coche?! -le gritó desde abajo a su hermana.

-¡Ni madres! -le contestó.

No esperaba una respuesta diferente. A la mierda, tomaría un taxi. La fiesta de pregraduación se estaba realizando en el patio trasero de la casa de Godo, con la complacencia de su madre, único adulto presente en la reunión. Cuando Ádal llegó a la fiesta, sus amigos lo saludaron con un alargado “¡hey!”; las chicas le dieron besos en la mejilla, los chicos le dieron palmadas en la espalda. Pero pronto dejó de ser el centro de atención y cada quien regresó a su conversación, bebida o baile. ¿Por qué eso habría de molestar a Ádal? ¿Por qué siempre tenía el deseo vago de encontrarse en el foco de los sucesos y de recibir los aplausos tácitos de un público atento?

Ádal intentó unirse a un par de conversaciones, pero giraban en torno a los sucesos y escándalos de Okupa la Cancha. No le gustaba ser oyente; sentía que quien no participaba de forma activa en una conversación y no dirigía el curso de la misma era como un fantasma insignificante. El problema era que la mayoría de las veces no conseguía ser otra cosa.

Se apartó y se sentó en un rincón a mirar a todos sus compañeros de generación, reunidos por penúltima vez. Y no había señales de Claudia. Esperó, no supo por cuánto tiempo. Siguió observando en silencio a sus compañeros. ¿De qué hablaban? ¿Por qué no podía hablar con ellos? No podía hablar con ligereza de los asuntos cotidianos de la vida, y ciertamente no podía involucrar jamás sus sentimientos. Podía ponerse a disertar sobre la vida, la sociedad y el universo, pero no a echar chismes, o hacer small talk, ni a contar lo que le sucedía por dentro. Si le preguntaran cosas sobre computación o tecnología, o sobre ser hacker, o sobre ciencia ficción o videojuegos, o sobre WikiLeaks o Anonymous, podría darles una larga cátedra al respecto y entonces todos se darían cuenta de lo inteligente e ingenioso que era, y se sentarían a su alrededor a escucharlo, a admirarlo y quizá así las chicas lo desearían. Pero eso nunca pasaba. Ahí estaban todos, cada quien en su asunto, felices de la vida, ignorantes de la chingonería de Ádal, inconscientes de que él estaba allí mismo, esperando a que se dieran cuenta de su presencia, a que se percataran de su importancia… A veces estaba muy seguro de ser el tipo más chingón que conocía, y en ocasiones se sentía pequeño y ridículo… Pues quizá ellos pensaban que era un tonto. Un torpe, flaco, larguirucho, narizón, cuatrojos, ñoño, bueno para nada, por completo despreciable. Pensar en ello lo emputaba sobremanera, y entonces, secretamente, decidía adelantarse y despreciarlos antes. Por eso era tan mamón y pedante, por eso los trataba a todos con condescendencia, para no darles la oportunidad de hacerlo menos a él, por eso los miraba a todos desde un rincón solitario…

-¡Qué pedo, tú! ¿Por qué tan aplatanado? -la interpelación de Rigo lo sacó de su ensimismamiento.

-Hey, qué hongo… ¿Y Angélica?

-Por allá anda… -Rigo se sentó junto a él-. Oye, pero en buena, ¿qué te traes?

-Nada, estoy bien.

-No. Algo te traes. No creas que no lo hemos notado. Has estado raro toda la noche… y toda la semana.

Ádal resopló.

-Mira, bro, te lo digo en buena. Si algo he aprendido en este último año en la prepa es que mucho mejor hablar y aclarar las cosas que no hacerlo.

-No soy de los que hablan de ese tipo de cosas…

-Sí, no te gusta sentirte vulnerable.

-¿Desde cuándo eres psicólogo?

-No te pongas a la defensiva, trato de ayudarte.

Ádal guardó silencio por tres largos suspiros.

–Estoy atrapado en una relación que no me está llevando a ningún lado.

-¡Oh, vaya!

-¿Por qué esa expresión?

-Oh, nada, pensé que era otra cosa.

-¿Qué cosa?

-Pensé que el problema era que estabas bien enculado con Claudia.

Ádal se puso colorado; –No… ¿cómo crees? -sonó falso.

-Bueno, ¿cuál es el problema con esta chava…? ¿O es chavo?

-¿Qué? No. Es chava… es mujer.

-Ah, bueno. Sólo me aseguraba, porque estos últimos meses han estado llenos de sorpresas… Pero entonces, ¿qué pasa?

-No sé. No estoy seguro. Creí que ella era exactamente lo que yo pudiera querer, pero… No. Hay días, Rigo…, en los que… no sé por qué… pero me siento… muy triste…

-Caray, Ádal, no sabría qué decirte. Yo tuve mucha suerte: estoy justo con la chica que quiero. Con la que siempre he querido. Pensar que estuve a punto de perderla por pendejo…

-Sí, sí, sí. A ti siempre te va a todísima madre -dijo Ádal con fastidio.

-Tranquilo, amigo. No te creas, yo también he estado en el hoyo… -Rigo guardó silencio y respiró profundamente en lo que buscaba las palabras adecuadas-. Mira, piensa en Súper Mario.

Ádal lo miró sin saber qué pensar -¿En Súper Mario, Rigoberto? ¿De veras?

-Sí.

-Estás medio pedo, ¿verdad?

-…Y un poco pacheco, pero ése no es el punto. Escucha: Mario lucha contra toda clase de monstruos en mundos que desafían la imaginación. Entra a una fortaleza inexpugnable, salta sobre ríos de lava… ¡es el Infierno! Se enfrenta a un dragón y lo envía al abismo… ¿Y todo para qué? Para que al final, un champiñón mutante se le aparezca y le diga “Lo siento, Mario, pero la Princesa está en otro castillo”, y entonces Mario sabe que tiene que volver a hacerlo todo de nuevo…

-¿De qué puñetas me estás hablando?

-Que así es la vida, mi amigo: te vas a partir la madre, vas a luchar contra los demonios, internos y externos, vas a pensar que estás a punto de morirte, que ya no puedes más; y a veces creerás que estás por obtener lo que quieres, sólo para descubrir que al final del camino no está la princesa que buscabas, sino un champiñón mutante, pero tienes que seguir adelante y terminar antes de que se te acabe el tiempo, y lo vas a tener que hacer quién sabe cuántas veces… ¿Y sabes por qué?

-No.

-¡¿Sabes por qué?!

-¡No!

-¡¿SABES POR QUÉ?!

-¡Caraja madre! ¡No! ¡¿Por qué?!

-Porque, amigo mío -le dijo de pronto muy serio-, tu princesa está en otro castillo.

Rigo se levantó y se fue a bailar con Angélica; mientas Ádal se quedó masticando su sacón de onda. Caviló un rato al respecto, pero como no pudo hallar una respuesta satisfactoria, o siquiera una pregunta clara para plantearse, se retiró de la fiesta sin despedirse de nadie.

Cuando uno está solitario y se siente solo, siempre puede encontrar consuelo en pensar que lo único que hace falta es la compañía de los demás. Pero cuando se está en la presencia física de los otros y ese sentimiento no sólo no se va, sino que se agrava, no existe consuelo alguno. Y lo cierto es que Ádal nunca se sentía tan absolutamente solo como cuando estaba rodeado de gente.

Llegó a su casa y a su cuarto. Ai estaba esperándolo para cumplir sus órdenes:

-Quiero una fiesta como debió haber sido esta noche. Una fiesta en la que yo sea el rey absoluto. Quiero una orgía loca.

Ai sonrió maliciosa: –A tus órdenes, cariño.

Una, dos, tres, cinco, diez, quince Ai aparecieron en el cuarto, cada una con cabello distinto. Ai original se acercó a Ádal y le puso las manos en la cabeza y luego las extendió como Moisés separando las aguas. Apareció un segundo Ádal, y después un tercero, un cuarto y un quinto. Ádal se frikeó un poco cuando vio a copias de sí mismo que lo observaban con igual perturbación, pero desestimó tal sentimiento cuando tres Ai abordaron a cada uno de ellos para cubrirlo de besos, caricias, lamidas y tetas.

En cada esquina había un Ádal cogiéndose a tres Ai y cada Ádal veía cuatro Ádal, todos follando, todos contentos y felices. Cogieron sobre la cama, en el piso, en el armario; hicieron foursomes, swinging, full house; practicaron todo lo que debía tener una buena orgía con veinte jóvenes desnudos y cachondos divirtiéndose en una habitación. Lo más excitante era ver a todos los demás igual de excitados.

-Desaparece a todas las demás -ordenaron los cinco Ádal al unísono, y Ai obedeció. Sólo quedaron la original y su quinteto de amantes idénticos, que con perfecta coordinación se lanzaron sobre ella, la sujetaron y la hicieron ponerse a gatas sobre la cama.

-¡Oh, sí, gangbang! –exclamó Ai- ¡No hay nada que una chica hentai ame más que un gangbang!

Uno se deslizó bajo ella y se la metió por el coño; otro se le plantó de frente y le insertó su verga en la boca; otro se colocó detrás de ella y forzó su entrada en su culo. Los otros dos flanquearon al trío y se masturbaron observando la escena. Todos parecían estar disfrutándolo mucho. Después de un rato de embestidas, puñetas y mamadas, los cinco sintieron que iban a venirse, y entre todos agarraron a la chica y con empujones la arrojaron al suelo.

-¡De rodillas! -gritaron.

            Ai obedeció y el quinteto la rodeó, todos frotando sus pollas erectas y apuntando amenazantes a la chica postrada.

            -¡Oh, sí, bukake! -gimió abriendo la boca y jugándose las tetas para recibirlo todo- ¡No hay nada que una chica hentai ame más que el bukake!

Los cinco Ádal eyacularon al mismo tiempo, y la cara y el torso de Ai se cubrieron de semen aperlado, resbaladizo y tibio.

-¡Sí, sí, SÍ!

            Entonces los Ádal se miraron uno al otro y un sentimiento de intranquilidad creció en ellos hasta convertirse en terror pánico.

            -¡Quiero volver a ser uno solo! -vociferaron los cinco al mismo tiempo, cubriéndose las caras con las manos.

            Hubo silencio y una sensación de calma repentina. Ádal se descubrió los ojos y se encontró solo con Ai, que estaba de pie, por completo limpia.

            -Oh, pobre bebé, ¿te has asustado? -Ádal no respondió- No te preocupes, cariño, tengo todo bajo control. Además, ha sido muy divertido, ¿no crees?

            -Necesito una ducha -dijo Ádal mientras se levantaba, y con torpeza abandonó el cuarto, por completo exhausto, sintiendo que esa noche había perdido algo, que Ai había terminado por quitarle lo último que le quedaba para sí. Después de limpiarse, fue al estudio, se sentó frente a la computadora y se quedó allí, mirando su reflejo opaco en el monitor apagado…

FIN

_______________

Siguiente relato: AMOR

Anuncios

Acerca de Maik Civeira

Escritor friki.
Esta entrada fue publicada en Frikifilia. Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a Hentai, Capítulo V

  1. Mar Dis dijo:

    Aunque sienta gusto por esos finales de tintes negros y decadentes, siento algo de pena por el pobre Adal (Desde que lo dimensionaron pensaba que el pata tendría protagonismo), espero que logre resolver un poco de su lió, aunque que pedo con su problema con Clau, esta bien que a la chica se la coge un semidios de algún universo desconocido pero el tiene de esclava al sueño húmedo de todo friki, aunque como todo la rutina le quita el sabor a todo sueño. byes

  2. Mar Dis dijo:

    Y se me olvidaba, wena historia Maik, solo una pregu la siguiente historia también enlazara con las demás (Si ok para saber que paso con Adal Clau)

  3. Arturo Macias dijo:

    nunca supo que pedo consigo mismo

  4. Oliver dijo:

    Vaya, pobre Ádal. Desde Tentáculos he tenido la sospecha de que él iba a terminar con Claudia, pero apenas puedo esperar por ver que pasa al final.

Sé brutal

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s