Amor, Capítulo I

AMOR
Capítulo I

Relato anterior: HENTAI

-Te amo -le dijo él, mientras deslizaba la yema de su dedo índice por la espalda desnuda de Angélica.

Ella estaba recostada bocabajo, en una postura que dejaba apreciar las líneas de su cuerpo moreno, desde los hombros hasta los pies. Por donde la acariciaba el dedo de Rigo, ella sentía ondas expansivas de quietud y relajación y un susurro profundo que le decía “todo está bien”. Rigo llegó hasta el coxis, abrió la palma de su mano y acarició los glúteos de Angélica, con suavidad y con cariño. Ella se relajó, respiró profundo y cerró los ojos.

-Te amo -repitió Rigo.

No podía evitar el decirlo, ni siquiera lo planeaba. No lo decía esperando una reacción o una respuesta; era como algo que se gestaba dentro de sí y que tenía que salir de una forma u otra, como un grito de placer o de dolor que tiene que ser emitido, aunque nadie vaya a escucharlo.

-Te amo. Te amo. Te amo.

No había sido fácil, no se suponía que lo fuera, pero ahora estaban juntos. Tuvieron que empezar desde el principio, para hacer bien lo que habían estado haciendo mal. Hubo que luchar contra los celos, las inseguridades, la falta de sinceridad, la desconfiaza… Rigo quería salir con ella, llevarla de paseo, invitarla al cine, sacarla a bailar. Y hablale, hablar por horas de todo y de nada y mirarla a los ojos… Sus ojos sonrientes, enamorados… Así lo hicieron, como una “pareja bien”, hasta que Angélica le dijo una tarde:

-No lo soporto más. Te deseo…

Rigo la llevó a un motel en el anillo periférico de la ciudad. Se trataba de un lugar acogedor, limpio y cómodo, que sin ser lujoso resultaba confortable para sus citas románticas. Él había estado planeando el momento por semanas y quería que todo saliera a la perfección. Sobre todas las cosas, quería complacerla. Buscó tutoriales en Internet acerca de cómo dar sexo oral a una chica. Memorizó los consejos que daban las autoras, los pasos a seguir, el qué hacer en el momento justo. Pero al final, en la habitación del motel, cuando tuvo su rostro entre las piernas de Angélica, lo olvidó casi todo.

No necesitó recordarlo, en realidad. Cuando su cara fue acariciada por la suave piel de los muslos de Angélica y sintió llegar hasta él los aromas que emanaban de ella, sólo tuvo que dejarse guiar por el instinto. Besó sus piernas lentamente, las lamió y mordisqueó un poco. Llegó hasta su pubis y olfateó deleitado, haciendo saber a su chica que él amaba estar allí. Centró su atención en los labios; les dio suaves besitos y después delicadas lamidas, apenas tocándolos con la punta de la lengua. Pero luego dio lengüetazo directo, que recorrió desde abajo hasta arriba, haciendo que Angélica gimiera y temblara con escalofríos. Poco a poco introdujo su lengua entre los labios y saboreó por dentro; era deliciosa. No quiso seguir conteniendo sus deseos y se entregó voraz a la vagina de Angélica, a tratarla como si de verdad quisiera comérsela.

Al poco tiempo puso sus manos a la obra; introdujo un par de dedos de su mano derecha, mientras su izquierda ascendía para dedicarse a acariciar los senos. Instantes más tarde logró introducir un tercer dedo, y juntos los tres entraban y salían, o se abrían y cerraban o giraban y se retorcían dentro, mientras su lengua se concentraba en mimar el clítoris de Angélica, lamiéndolo y besándolo y chupándolo. Rigo parecía haberse vuelto loco de tacto y apetito, mientras Angélica gemía de placer y de amor. No pasó mucho antes de que ella empezara a agitar sus caderas levantándolas en el aire y volviéndolas a bajar, y Rigo tuvo que seguirle el ritmo con la boca y las manos para no perderla ni un momento. Entonces Rigo experimentó la hermosa sensación de que la chica que amaba se viniera en su cara.

 A partir de entonces Rigo se aficionó a darle sexo oral y Angélica, naturalmente, no se quejaba. Solían llegar al motel por la tarde después del almuerzo y hacer el amor, quedarse dormidos, despertar, ir por algo de comer, hacer el amor otra vez, tomar un baño juntos en la bañera y hacerlo una vez más. Por lo regular no pasaban toda la noche allí, pues Rigo tenía que volver a su casa a más tardar a las dos de la mañana, pero aquella vez en particular él había dicho a sus padres que pasaría la última noche antes de la graduación en casa de Godo, y ellos, con el ceño fruncido, le dieron permiso de ausentarse hasta el día siguiente. Después de la fiesta de pregraduación, habían pasado la noche juntos.

Ya pasaban de las diez de la mañana, y la joven pareja debía dejar la habitación a las once, por lo que más valía suspender el idilio y levantarse de la cama. Rigo ya estaba vestido, pero quiso dejar que Angélica disfrutara de la suavidad y tibieza de la cama un rato más, para poder contemplarla, tan bella, mientras su cuerpo ascendía y descendía al ritmo de su respiración.

Con renuencia, Angélica se levantó por fin e inició la tarea dolorosa de ponerse ropa, al tiempo que Rigo recogía las pertenencias de ambos y ponía cierto orden a la habitación.

-Rigo…

-Eu.

-He estado pensando últimamente… ¿Crees que algún podamos…?

-¿Sí?

-¿Crees que algún día podamos… invitar a una amiga?

-¿Cómo? –Rigo en verdad ignoraba a qué se refería.

-Pues sí… -Angélica hablaba al mismo tiempo con timidez y emoción-. He estado pensando que quizá a podríamos invitar a una amiga…

-¿A dónde?

-Pues a unírsenos… Ya sabes…

A Rigo tardó en caerle el veinte -¡Ah! -dijo al fin- O sea… ¿Hablas en serio?

-Pues sí… -Angélica sintió la necesidad de explicarse-. Es que siempre he tenido la curiosidad, ¿ya sabes? Como de estar con una chica… Además, tú y yo compartimos a Godo varias veces y creo que es justo que ahora te toque…

-Oh, bueno… -aunque mencionar el tema de Godo aún ponía un poco sensible a Rigo, Angélica lo trataba con toda naturalidad y él se había prometido abordarlo de la misma manera-. Si tú realmente quieres…

-Sí, sí quiero.

-Ok, pero, ¿cómo le hacemos?

-Tú déjamelo a mí.

A Rigo toda esa conversación en aquel contexto le parecía algo demasiado bueno como para estar realmente sucediendo en su otrora monótona existencia.

–Y… ¿ya tienes a alguien en mente?

-Quizás… -dijo Angélica con un guiño-. Tengo una muy buena amiga de quien sé que le gusta experimentar.

-Wow -exclamó Rigo-. Vaya, ¿es en serio?

Angélica rió –Sí, tontito, es en serio. Bueno, ya estoy lista. Vamos a nuestras casas que nos espera un largo día…

-Por cierto, ¿te gustaría hacer algo antes de ir a la graduación?

-Sí que me gustaría. ¿Sabes qué quiero?

-Dime.

-Ir por un helado al parque.

Rigo sonrió –¿Sólo eso?

-Sí, sólo eso. Comprar un helado, pasear por el parque… todo muy tranquilo, para que esta noche tengamos energías.

-De acuerdo, entonces. En la tarde paso por ti y vamos por un helado, ¿va?

-Va.

Angélica cerró la conversación con un beso, Rigo recogió sus cosas y juntos dejaron el cuarto tomados de la mano.

________________

Continuará en el Capítulo II

Anuncios

Acerca de Maik Civeira

Escritor friki.
Esta entrada fue publicada en Frikifilia. Guarda el enlace permanente.

Sé brutal

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s