Amor, Capítulo IV

AMOR
Capítulo IV

Leer el Capítulo III

Ádal pasó esa noche trasladándose del sofá de la sala a la hamaca de la terraza y de regreso. Cuando salió el sol volvió a su habitación y entonces pudo dormir un poco. Despertó después del medio día, pero permaneció en cama por mucho tiempo más, hasta que sintió que comenzaba a oler mal.

            Le tenía miedo a ese día y deseaba que pudiera no existir, que fuera posible convertirlo en pasado por decreto, descubrir que ya todo había ocurrido y que no tendría que enfrentarlo. Temía que esa noche, en la fiesta de graduación, se concentrara todo lo que había sido su carrera preparatoriana: una sucesión de amistades tibias, de admiraciones no recibidas y de amores poco formulados y nada conquistados.

            Cuando por fin salió de su habitación, Adela lo sorprendió con un abrazo tan inesperado como incómodo.

            -El avión de mamá y papá se quedó atorado en el aeropuerto de Nueva York. No van a poder llegar hoy. Lo siento…- Ádal se limitó a asentir con la cabeza; su hermana prosiguió -Yo te acompaño a la graduación académica y te doy el aventón a la fiesta… No me voy a quedar porque… ya sabes, tengo ese concierto y ya quedé con mis amigas…

            -Ok, sí. No hay problema.

El día pasó lento y aburrido, como si no tuviera nada de especial, como si esa noche no fueran a culminar tres años de vida adolescente. Ni siquiera tendría sentido enumerar las actividades monótonas y rutinarias a las que se dedicó Ádal. Él no recordaba que sus días hubieran sido así… Siempre había algo que capturaba su interés, que movía sus pasiones y su ambición, o por lo menos algunas diversiones y pasatiempos que se le presentaban como retos fascinantes o distractores para relajarse. ¿De dónde venía esa nostalgia ineludible, ese hastío de origen indeterminado?

Aburrido, poco antes del atardecer salió de su casa con la intención de dar una caminata. Su andar sin rumbo lo llevó al parque, ese mismo parque que había visitado la noche en que Ai entró a su vida. Deambuló entre los senderos rodeados de arbustos y árboles de todo tipo, se detuvo junto a la fuente, remojó los dedos de la mano en el agua y dejó que su vista se perdiera en las sombras y reflejos.

Entonces, cuando levantó el rostro y la mirada, vio pasar, no muy lejos de él, a Rigo y Angélica. Iban tomados de la mano, caminando tranquilos, sin prisa, cada uno con un cono de helado en la mano libre, se miraban el uno al otro con sonrisas leves, sin hablar. Ádal los observó hasta que se perdieron detrás de un arriate, y en ese momento la tristeza más desesperanzada y amarga hizo erupción y lo llenó por completo. En ese instante no puedo evitar que una frase brotara disparada de su boca; una frase que había estado reprimiendo, por las mismas razones por las que para excitarse con Ai necesitaba decirse lo que estaba haciendo con ella, porque Ádal creía, de alguna forma, que lo que se pronunciaba con palabras y se vertía hacia el mundo volvía real lo que ocurría dentro de sí.

Ádal dijo: -Estoy tan solo -y volvió a casa.

Se bañó y se vistió por inercia. Adela lo llevó a la ceremonia académica, que tendría lugar en el auditorio de la escuela. Se repartieron diplomas, se tomaron fotografías y se dieron discursos fatuos y pomposos. Ádal recibió el trofeo y el diploma con mención honorífica por haber obtenido el promedio más alto de toda su generación. Sus amigos, sus maestros y hasta su hermana le aplaudieron con verdadero entusiasmo. Ése fue un buen momento. Luego notó que Claudia no estaba…

Quizás se encontraba en otra parte, con su novio o su lo que sea… Quizás en ese mismo momento estarían fajando, o cogiendo… A la mierda con todo. Ádal bajó del estrado y le pidió a su hermana que lo llevara a casa.

-¿No vas a ir a la fiesta? -le preguntó Adela cuando ya estaban en el auto.

-No, ¿para qué? -respondió él, con desdén. -¿Para quedarme sentadote, solo en una mesota, con la familia de Rigoberto, toda la noche? No, gracias

-¡Es tu graduación! ¡Sólo vas a tener esta experiencia una vez en la vida!

-Pfff. Están sobrevaloradas. Cuando esté en la universidad ya conoceré gente realmente interesante con la que me la pasaré bien. Ahora… son sólo rituales de paso. Yo no necesito eso.

-No mames, Ádal. Estás muy mal de la cabeza, vas para convertirte en un amargoso solitario. Pero como quieras…

Llegaron a la casa. Adela le advirtió:

-Bueno, yo me voy a arreglar para el concierto. Allá tú, vete a jugar con tus maquinitas.

-Sí…- dijo Ádal –Creo que eso haré justamente.

Pero no lo hizo, sino que sentó en un sillón de la sala, en total oscuridad. No tenía las energías ni para quitarse el smoking. Se quedó mirando las tinieblas hasta que perdió la noción del tiempo. ¿Qué me está pasando?, se preguntó. Vamos, Ádal, piénsale bien, concéntrate, se dijo. Soy el tipo más inteligente que conozco, no tengo por qué estar sufriendo… Seguro que puedo encontrar una solución racional a todo esto… El hecho de que sea un chingón para las matemáticas y la lógica no me hace un inepto emocional… ¿Verdad? Muy bien, ya lo admití, ya lo dije: me siento solo y eso me parte el alma. ¿Qué puedo hacer? ¿Qué quiero hacer? ¿Qué me va a quitar este sentimiento? Claudia, Claudia, Claudia… Estoy pensando en ella, no puedo dejar de pensar en ella. Pos hombre, nada más fácil, vamos por ella. ¿Y su novio? Que se joda, aún con ese tipo allí le diré todo, todo de una buena vez. ¡No! ¿Y si me rechaza? ¿Podré soportarlo? ¡No sé! Pero… Como dijo Rigo, es mejor hablarlo que no hacerlo… De hecho, tiene sentido. ¿Qué me queda esperar si me quedo esperando? Pero no sé si Claudia está en la fiesta… ¡Qué hueva! No quiero hacer el ridículo, la humillación… No importa, tengo que intentarlo. Nada pierdo. En el peor de los casos haré un oso y qué más da si nunca volveré a ver a la mayoría de esas personas… ¿Pero para qué exponerse? No… No puedo… Sí, tengo que hacerlo… Estoy decidido, ¡vamos! Sólo necesito la intransmisible… Ah, caray. ¿Dónde está…? ¿No me la puse en el bolsillo? No… Creo que la dejé… En el buró… de mi cuarto… Oh, mierda…

Ádal subió las escaleras, caminó por el pasillo y se detuvo frente a la puerta de su alcoba. Su plan era simple: entrar, tomar la intransmisible y salir; no tendría por qué haber contratiempos. Pero cuando abrió la puerta, la luminosidad de Ai le pegó en el rostro.

-Cariño, ¿dónde has estado? Te he esperado toda la noche…

-Esta noche no, Ai -dijo Ádal con firmeza-. Voy a salir con mis amigos -entró a la habitación y apartó a la chica de su camino.

-¿Con tus amigos, eh? ¿Con esos amigos que siempre te hacen regresar con una cara larga? ¿O con esa chica, sea quien sea, que nunca te ha dado, ni te dará lo que yo?

-¿Qué…? ¿Cómo sabes de…?

Ai cerró la puerta y echó el cerrojo –Yo te conozco mejor de lo crees…

-No sabes nada de mí… -dijo Ádal con mezcla de enojo y temor.

Ai se le acercó amenazante y voraz –Fui diseñada para complacerte, para saber lo quieres incluso antes que tú. Conozco tus deseos ocultos, los que no te atreves a confesarte ni a ti mismo, los que te hacen sentir culpable… Como violarme… ¿Cuánto tardaste en admitir que ése es el tipo de cosas que anhelas?

Ádal dudó unos momentos, pero luego dijo con decisión –No tienes idea de quién soy realmente. Las personas no son solamente sus fantasías y frustraciones sexuales. Pero no hay forma en que puedas saberlo, ¿verdad? O sea, sólo eres un sex toy de alta tecnología.

Le dio de espaldas para buscar la intransmisible en su buró y se llevó un sobresalto cuando vio a la chica aparecerse frente a él.

-Soy mucho más que eso -Ai dio un par de pasos hacia Ádal y él retrocedió. -Veamos… ¿qué perversión has considerado fugazmente, sin darte el tiempo merecido para satisfacerla? Ah… ya lo veo… ¿Te gustan los furries?

Ante los ojos de Ádal, Ai se transformó en una mujer gato. Su piel se cubrió de pelo corto, fino y aterciopelado, color crema; su cabello creció en rizos rubios y ondulados; sus orejas humanas desaparecieron, y en su lugar brotaron un par de apéndices felinos; dos colmillos afilados asomaron de sus labios y una cola peluda y juguetona le creció del coxis para coronar con ella su hermoso y redondeado culo.

-Prrr –ronroneó. -¿Era esto lo que se te antojaba cuando veías furries por Internet?

Ádal comenzó a sentir algo muy parecido a la claustrofobia.

-Esta noche no. Sólo déjame en paz -la hizo a un lado, alcanzó el buró, tomó el boleto y dio rápidas y largas zancadas hacia la puerta, que encontró bloqueada por Ai, otra vez humana.

-¿No? Sabes que la ley no tiene jurisdicción sobre mí. Puedo ser lo que quieras… -y mientras lo decía su cuerpo iba decreciendo de tamaño; bajaba de estatura al tiempo que las curvas de su busto y caderas se perdían en la figura lisa de una niña prepúber, flaquita y asustada.

-¡Eso está muy mal! – exclamó Ádal, indignado y temeroso.

-Entonces quizá ha llegado el momento de tomar medidas drásticas… -Ai volvió a ser adulta –Es tiempo de sacar las armas grandes, como dicen. Dime ¿alguna vez has pensado en el futanari?

Entonces de entre las piernas de Ai comenzó a crecer una verga, tan grande y dura que era anatómicamente imposible para cualquier ser humano blandirla o recibirla. Y Ai estaba sonriendo con más malicia que nunca.

-N-no. ¡Eso no…! -alcanzó a decir a Ádal, antes de Ai lo arrojara de bruces a la cama y le bajara los pantalones de un jalón -¡No te atrevas, Ai!

-Vamos, chico -dijo ella mientras se le montaba por detrás. -Admite que es lo que siempre has querido…

-¡Por favor, Ai! -por más que forcejeaba y pataleaba, no podía vencer la fuerza supernatural de la chica hentai -¡Te lo suplico!

-¿Sí? ¿Cómo yo te supliqué a ti? -Ai separó los glúteos de Ádal con las manos -¡Pero qué mono agujerito! ¿Verdad que éste es un juego divertido, cariño? ¿Verdad que es excitante?

-¡NO! ¡Ai, escúchame, soy tu amo, y te ordeno que te detengas!

La chica paró y se bajó de la cama; su pene gigante había desaparecido. Ádal aprovechó para ponerse los pantalones.

-Claro, mi amo. Seguiré tus órdenes mientras me seas fiel. No puedo obligarte a hacer nada que tú no quieras… Por otro lado…

Ante la mirada atónita de Ádal, Ai se duplicó. Y se triplicó, y se cuadruplicó, y se multiplicó hasta que todo el cuarto quedó inundado por decenas de cuerpos desnudos y luminosos, de piso a techo y de pared a pared.

-¡Ai, no! -iba a gritar, pero una teta enorme le llenó la boca.

Con trabajo, Ádal la empujó lejos de sí, sólo para encontrarse completamente rodeado, envuelto por una multitud inimaginada de Ai que le dirigían sonrisas socarronas y miradas lascivas. Entre su cara y la piel de la Ai más próxima, apenas tenía el espacio suficiente para poder hablar y respirar.

-¡Ai, déjame salir! -ordenó Ádal.

Muchas voces idénticas le respondieron al unísono –Claro que sí, cariño. Sal, que yo no te lo impediré.

No había para dónde moverse, para dónde mirar. Pero afuera, más allá de la puerta que estaba del otro del cuarto, atravesando este océano de chicas hentai, estaba lo que Ádal realmente quería.

-De acuerdo –dijo, –Aquí voy.

Pegó un brinco, se dio un clavado y comenzó a nadar, literalmente, en ese montón inacabable de tetas frondosas y vaginas suculentas que se lo quería tragar entero. Braceó, pataleó, trepó y se arrastró por esos cuerpos desnudos, con más esfuerzo físico del que había puesto alguna vez en su vida, en ocasiones perdiendo la noción del norte, por más tiempo del que supo medir, hasta que alcanzó la puerta y, ante la mirada furiosa de todas las Ai, la abrió y se deslizó por ella.

Ádal cayó en el pasillo, jadeando como si hubiera estado a punto de ahogarse. Detrás de la puerta escuchó un grito, la primera vez que había oído a Ai proyectar su voz fuera del cuarto:

-¡No te atrevas a serme infiel Adalberto! ¡No te atrevas  a serme infiel!

Ádal la ignoró, se arregló el smoking lo mejor que pudo y bajó corriendo las escaleras. Tomó un juego de llaves que estaban asentadas en la mesita del recibidor y gritó hacia arriba:

-¡Adela! ¡Me voy a la fiesta de graduación! ¡Me llevo tu coche!

-¡Estás pero si bien pendejo! -sonó un alarido histérico desde arriba y pronto apareció la figura semidesnuda de Adela asomándose por el barandal de la escalera -¡¿Qué chingados te crees?!

-Lo siento, hermanita -dijo Ádal con una amplia sonrisa antes de salir corriendo y aporrear la puerta. –Pero mi princesa está en otro castillo.

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Concluirá en el Capítulo V

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Acerca de Maik Civeira

Escritor friki.
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