Los ruidos de la noche – Capítulo I

LOS RUIDOS DE LA NOCHE
I

Se acercaba el Día de Muertos y, siguiendo la costumbre, niñas y niños de todas edades aprovechaban las tardes nubladas, oscuras y frías para contarse historias “reales” de espantos, fantasmas y demás seres atemorizantes que pululan la noche de la imaginación; ya saben, de aquellas anécdotas tipo “le pasó al amigo de un amigo…” que tanto nos gusta narrar y escuchar, aunque después no nos dejen dormir.

Así, lo que había comenzado como un tranquilo pasadía en casa de uno de los chicos del sexto grado, culminó en una buena sesión de historias escalofriantes. Los muchachos se sentaron en círculo en una habitación dominada por las penumbras de la tarde, se prepararon un buen tazón de charritos con chile y limón, y se dispusieron a revelarse unos a otros extraños relatos de espectros y apariciones… y nadie superaba a Rubén cuando llegaba la hora de exagerar.

-Yo me sé una buena historia de espantos, ñaca, ñaca -sonrió maliciosamente y se retorció los dedos como supervillano de caricatura japonesa. –Estaba en esta misma casa, una noche tormentosa, cenando con mi prima, que estaba de niñera ese día, porque mis papás habían salido al cine. Al terminar la cena, quise ver una película antes de dormir, así que subí a mi cuarto en busca de mi colección de DVD’s, mientras mi prima se quedó abajo. Cuando entré a mi habitación y encendí la luz… ¡chan, chan, chan! Vi la sombra de un niño… ¡sí, un niño! que se asomaba por detrás de la cortina y que se volvía a esconder en cuanto me vio. -Rubén narraba su historia con voz macabra y la representaba con muchas muecas y aspavientos -Me quedé aterrado… bajé corriendo a buscar a mi prima. Al principio ella no me quiso creer. Después de mucho insistirle decidió acompañarme al cuarto, pero cuando subimos ¡no encontramos nada!

-¡No inventes!- dijo David.

-No invento, mi chavo, es la puritita verdad -aseguró Rubén-. Nunca lo olvidaré: la sombra era pequeña y se movió rápido, así que debió haber sido de un niño… quizá de un fantasma- se atrevió a sugerir.

-O quizá de un duende -añadió Mario.

-Sí, tal vez.

-Mi primo me contó una parecida -intervino Toño-. Estaba solo, viendo tele, en su casa, una tarde común y corriente, cuando de pronto escuchó un aullido, así de “buuuuuuuu, buuuuuuu”, y oyó que se aporreaban las rejas de la cochera. Pensó “ha de ser el viento”, pero luego, me jura él, oyó una voz que decía “¡Memo, déjame entrar! ¡Memo, déjame entrar!”. Sintió muchísimo miedo y se fue directo a su cuarto… pero apenas abrió la puerta, allí encontró, sentado sobre su cama, a un viejo todo andrajoso y sucio que lo miraba con ojos de loco. Mi primo parpadeó y ¡paff! ¡El viejo ya no estaba! Memo estaba tan asustado que salió corriendo y se fue a esconder en la tiendita de la esquina hasta que llegaron sus papás.

-Eso no es nada -dijo Rubén, a quien no le gustaba que le ganaran a la hora de contar historias descabelladas- Una vez estaba medio dormido, cuando escuché unos golpecitos en la ventana…

-Típico: la rama del árbol movida por el viento…- dijo David.

-En primera -dijo Rubén muy indignado-, no hay ningún árbol junto a mi ventana. En segunda, no me interrumpas.

-‘Ta bueno. Síguele, tú.

-Pues decía yo que escuchaba ese sonido bien raro. Me dio mucho miedo no sé por qué, pero de pronto estaba tan asustado que no quise moverme ni voltear a ver. Pero igual, no sé ni por qué, me dio por abrir los ojos y vi, al mismo tiempo que caía un relámpago, la cara de un monstruo peludo y colmilludo que me observaba desde afuera. Era como una mezcla de oso, lobo, gorila y jabalí. Pegué un grito y cuando mi papá entró al cuarto, la bestia había desaparecido.

-¿De veras, Rubén?- intervino David -¿Viste un monstruo así?

-Bueno, bueno. No lo vi, lo que se dice “ver”. Pero vi una silueta my extraña junto a mi ventana. Una silueta que sólo pudo haber hecho un monstruo peludo y colmilludo que fuera mezcla de oso, lobo, gorila y jabalí.

David ahogó una risita de incredulidad y Rubén lo miró con cara de “vas a ver”.

-Pues yo una vez… -intervino Mario, un poco inseguro de lo que contaba- Me estaba bañando muy tarde en la noche… Porque me quedé viendo el maratón de esa nueva serie… ya saben, la de los niños que entrenan dragones peleadores con yo-yos… Está súper chida, la verdad, me gusta más que esa otra, la de los niños que entrenan ogros luchadores con barajas…

-Al grano, Mario -dijo David.

-Ah, sí. Me estaba bañando, y cuando me ponía el champú, con los ojos cerrados… de pronto escuché como que alguien se reía… Primero no podía abrir los ojos por el champú… Me desesperé… Sentía que mientras no pudiera abrir los ojos una cosa malvada se me estaba acercando sin que yo la viera… Pero cuando ya no tuve champú, aunque podía abrir los ojos ya no quise ver qué sucedía… Me costó trabajo, pero al final miré y entonces… ¡Vi a través de la cortina de la ducha una silueta!… Era muy pequeña y choncha, como de un enano… ¡Grité! Llegó mi papá, golpeó la puerta y preguntó qué me pasaba. Y vi claramente cómo en ese momento la silueta se escondía rápidamente en las gavetas que hay debajo del lavabo… Salí corriendo del baño, todo enjabonado como estaba… Mi papá se me quedó viendo con cara de WTF.

-¿Y tú qué crees que haya sido? -preguntó David.

-Uno de esos duendes sombrerudos de los que tanto habla la gente. Por eso decía que a lo mejor es lo mismo que vio Rubén en su cuarto.

-¡Pues qué historias!- dijo Toño.

            -¿Puedo contar otra?- pidió Mario y antes de que cualquiera le contestara, prosiguió –Una noche estaba acostado en mi cama… no podía dormir… Tenía medio porque había estado viendo un maratón de unas películas de terror muy feas…

-Mario -interrumpió David-, las películas de El Santo no cuentan como de terror.

-Bueno, bueno… Pero el caso es que estaba acostado y sin poder dormir… Entonces escuché unos ruidos muy extraños como de cositas que rodaban por la azotea… ¿Alguna vez las han oído? -los chicos asintieron-. Pues unos días después se lo conté a una prima mía… y me dijo que esos ruidos los hacen los duendes que juegan a las canicas en el tejado… ¡Qué miedo, ¿no?!

-Órale… -exclamaron los chicos.

-Pues eso no es nada -Rubén volvió a acaparar la atención-. Una vez fui a pasar el verano en la granja de mis tíos. Una noche me quedé con mi primo; estábamos recostados en la parte de atrás de la camioneta, viendo las estrellas y platicando tonterías. Yo tenía una linterna de mano y por ocioso me puse a prenderla y a apagarla apuntado al cielo. ¡Y de pronto…! Chan, chan, chan -a Rubén le gustaba hacerla de mucho suspenso-. Una de las estrellas… o una luz en el cielo que parecía una estrella… empezó a parpadear como respondiendo a las señales de mi linterna.

-Ay, chale, no inventes, Rubén -dijeron Toño y David casi al unísono.

-¡Pero eso no es todo! -advirtió Rubén- Seguí haciéndole señales a la “estrella” ¡y de pronto se empezó a mover! Se movía en líneas rectas como una bola de billar rebotando en la mesa del cosmos. ¡Jua, jua, jua!

-¿Y luego? -preguntó Mario.

-Mi primo tenía mucho miedo y me rogó que nos metiéramos a la casa, pero yo quería ver qué pasaba y seguí haciéndole señas a la luz. Entonces se empezó a acercar a nosotros, cada vez estaba más cerca y se veía más grande y con más claridad… y vi… ¡que era un OVNI! Salimos corriendo mi primo y yo, y nos metimos a la casa. ¡Ya ni supimos qué pasó!

-Estás choreando, Rubén -dijo David.

-Te juro por ésta que no -aseguró Rubén.

-¡Nah! Ésas son jaladas. Yo me sé una buena historia de espantos -dijo David–. Estaba usando la computadora muy tarde en la noche…

-Viendo cochinadas, de seguro -dijo Rubén, que quería vengarse de las burlas de su amigo.

-Eso harás tú, loco -contestó David con mucha calma-. Decía yo que estaba sentado frente a la compu, cuando sentí como si alguien me observara… Es más, tuve una sensación como si me respiraran en la nuca. Les juro que pude sentir un aliento cálido que me acariciaba aquí -dijo llevándose una mano al occipucio-. Viré la cabeza y, les juro, que vi frente a mí una cara pálida, pálida, como de un muerto. Parpadeé y la cara ya no estaba. Me fui corriendo al cuarto de mis papás…

-¿Y luego qué pasó? -preguntó Mario.

-Nada. Mi papá fue a revisar el estudio, donde está la compu, y no encontramos nada. Pero yo creo que lo que vi era un fantasma… O algo peor.

-¿Como un duende? -insistió Mario.

-Ya chole con tus duendes, Mario -sentenció David.

-Eso no es nada, David.- dijo Rubén por tercera vez y luego añadió bajando la voz, como si no quisiera que alguien externo a este Club de Toby los fuera a escuchar –A los adultos no les gusta admitirlo, pero la verdad es que también le tienen miedo a estas cosas… Unos tíos míos se acababan de mudar a una casa muy antigua, en una de esas colonias que están llenas de caserones. Desde los primeros días les pasaban toda clase de cosas muy raras: los objetos cambiaban de lugar, los muebles se arrastraban, las puertas se cerraban solas, las luces se prendían y se apagaban en cuartos vacíos, los libros se caían de los libreros, los cuadros se descolgaban de la pared. A veces se oían susurros; otras, como lloriqueos, y algunas veces sonaban pisadas y arañazos… ¡hasta un crucifijo salió volando! Por momentos se sentían corrientes de aire frío, o muy caliente. Y un buen día… mi tío abrió la puerta de un viejo ropero y vio…- aquí Rubén se detuvo para aumentar la tensión.

-¿Sí? -dijeron todos- ¿Qué fue lo que vio?

Rubén respiró profundamente como quien se prepara para decir algo muy difícil -Nunca pudo explicarlo bien y no le gusta hablar de eso… pero debió ser algo de veras aterrador, ¿no lo creen?

-¡Verdes! -exclamaron Mario, Toño y David.

-¿Y tú, Jaime? -le dijo el bueno de Toño- ¿No conoces alguna historia?

Jaime estaba acurrucado contra un rincón, con los ojos secos de tan bien abiertos que los tenía y con el cuerpo tembloroso de escalofríos galopantes.

-¿Po… podemos cambiar de tema?

_________________________

Continuará en Capítulo II

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Acerca de Maik Civeira

Escritor friki.
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Una respuesta a Los ruidos de la noche – Capítulo I

  1. videogames dijo:

    Los tips que escribes me parecen muy utiles. De forma clara a el bookmarker.
    Gracias.

Sé brutal

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