Los ruidos de la noche – Capítulo V

LOS RUIDOS DE LA NOCHE
V

Leer el Capítulo IV

-No grites, chiquito, hay gente durmiendo -dijo el abuelo con toda tranquilidad, mientras Jaime se libraba de la pila de ropa, cajas de zapatos, revistas, juguetes, cujas de discos vacías y toda clase de chivas que le habían caído encima.

-Guácatelas. Toda esta ropa huele muy chistoso -dijo Jaime.

-Te dije que no olieras nada. Bien, aparte de este amenazador desorden del Averno, ¿había algo allí adentro a lo cual debías tenerle miedo?

-Supongo que no -respondió Jaime poniéndose de pie -¿Pero qué fue lo que hizo esos ruidos que escuchamos hace rato?

-Ah… pos mira, ¿sabes lo que es el equilibrio?

-Sí, es lo que te permite pararte en un pie sin caerte o andar en bicicleta.

-Y sabes que si apilas un montón de cosas, tienes que ver que queden en equilibrio para que no se caigan, ¿no?

-Ajá.

-Pos verás hijo, aunque usted no lo crea, los objetos apilados o amontonados no quedan siempre en un equilibrio total. A veces este balance imperfecto se va venciendo poco a poco, a causa del peso de las cosas, y pueden pasar muchas horas, incluso días, entre el momento en que fueron acomodadas y el momento en el que se caen como un costal de papas.

-¿De veras?

-De veritas.

Estaban a punto de salir de la habitación, cuando se escuchó un nuevo sonido: se trataba de voces extrañas que parecían hablar en lenguas subhumanas desde alguna región de ultratumba.

-Vaya, vaya -dijo el abuelo, –Eso sí que no me lo esperaba.

-¿Qué es, abuelo?

-No tengo idea.

Esta respuesta, aunque dicha con absoluta calma, turbó los ánimos de Jaime de tal modo, que sólo estaba pensando en poner pies en polvorosa.

-¿Y… entonces?- musitó Jaime.

-Tendremos que averiguarlo, muchacho. Parece venir de debajo de todo ese titipuchal de cosas. Remuévalas hasta encontrar lo que hace ese ruido.

-¿Yo?

-Sí, tú. Jaime, piensa, usa tu mente. Después de todo lo que te he mostrado esta noche, ¿aún crees que podría haber algo que temer? ¿No piensas que quizá haya una respuesta natural para este misterio como la hubo para todos los demás? ¿Y aún más, piensas que tu querido abuelo, que te adora como a la luz de sus ojos, te mandaría hacer algo peligroso?

Jaime reflexionó un momento sobre las palabras del abuelo, tras lo cual se llenó se resolución. Se armó de valor, dio dos pasos valerosos hacia el montón y, tras escarbar entre los tiliches, levantó muy en alto, orgulloso de su hazaña, un teléfono celular, el cual vibraba y brillaba al tiempo que emitía el estremecedor sonido de una rola de death metal muy azotada.

-Es sólo el celular de Jorge -dijo Jaime, sonriente, mientras le echaba un vistazo al aparato, –Le están llamando sus amigos.

-Bueno, un misterio más resuelto por este dúo dinámico. Ahora, será mejor que salgamos de este cuarto y dejemos las cosas de tu hermano en paz, porque cuando vea el tiradero que hicimos se va a poner como una cabra. Vámonos.

Ambos salieron del cuarto y cerraron la puerta. Jaime bostezó y se dio cuenta de que ahora estaba listo para dormir. Sin embargo, quería saber más sobre lo que el abuelo pudiera decirle. Ya no tenía miedo, sino curiosidad. Aquellos extraños sucesos que antes le quitaban el sueño, ahora le parecían una constelación de misterios que podría llegar a descifrar, y Jaime sintió que todo un nuevo universo de aprendizaje y maravilla se abría frente a sí gracias a las enseñanzas del abuelo.

-Dime una cosa, abuelo.

-¿Qué es hijo?

-¿Qué hay de todos esos otros ruidos que escucho cuando me voy a dormir?

-Pues hay varias causas para ellos. El viento, por ejemplo, hace muchos ruidos: agita los árboles, azota las puertas y cuando se cuela entre las paredes de las casas, ulula como fantasma. También hay animales, como perros que aúllan a la luna, o murciélagos que chillan junto a la ventana. Las palomas construyen sus nidos en las cornisas y hacen toda clase de escándalo. Hay sapos, ranas, grillos, chicharras, cigarras, lechuzas, tecolotes, ratas, ratones… en fin, muchísimos animales que hacen ruido por la noche. Además hay otros bichos que podrán no hacer mucho ruido, como las termitas y las polillas, que carcomen la madera y con eso desgastan los muebles, los cuales, por lo mismo, a veces hacen ruidos.

-¿Y otras cosas, como que de pronto haya corrientes de aire frío, o que se prendan y apaguen las luces?

-Pues, aunque tú no lo creas, en una casa es normal que haya corrientes de aire frías o calientes, dando vueltas por aquí y por allá. El aire frío entra de fuera por los marcos de las ventanas o debajo de las puertas y se forman corrientes dentro de la casa. A veces un bajón en la corriente o un interruptor defectuoso pueden hacer que se prendan y apaguen las luces. Y, a propósito, las pilas de juguetes y otros aparatos se echan a perder y eso provoca que éstos se prendan o se apaguen solos.

-¿Y de esas veces en las que, de noche, cuando estás solo, volteas de repente a ver detrás de ti y ves una sombra que se mueve muy rápido y se oculta?

El abuelo dejó escapar una risita cansada –A ver, hagamos un experimento -dijo, y de pronto puso su mano a unos centímetros de la cara de Jaime -¿Cuántos dedos tengo aquí?

Jaime echó la cabeza hacia atrás y se tomó unos segundos antes de responder, -Cuatro, ¿pero eso qué tiene que ver?

-Ah, ja, ja. ¿Te das cuenta de que tardaste en poder verlos claramente?

-Sí…

-¡Pues claro! Cuando volteamos la mirada de pronto, tardamos algunos instantes en enfocar y ver con claridad lo que tenemos de frente. En ese instante en el que nuestros ojos enfocan, parece que vemos sombras que corren a ocultarse, je, je, je. Sobre todo si es de noche y estamos rodeados, precisamente, de sombras.

-Pero si de verdad todo tiene una explicación, ¿qué hay de las historias que me contaron mis amigos. Tenían muchos detalles y todo…

-No estuve con tus amigos cuando les pasaron esas cosas, así que no puedo saber con certeza cuál es su explicación. Sin embargo, hijo, te puedo asegurar que la hay. Las personas a veces no saben cómo explicarse las cosas y por ello recurren a las ideas más descabelladas. Imagínate lo que pasará en la cabeza de un chicuelo con mucha imaginación que se haya quedado solo en casa y que de pronto oiga ruidos o vea sombras que no pueda explicarse. Súmale a eso que a las personas nos encanta apantallar a los demás con anécdotas extravagantes -el abuelo suspiró levemente y luego añadió –“Parecer quiere el denuedo de vuestro proceder loco al niño que pone el coco y luego le tiene miedo”…

-¿Qué?

-Que deberías leer más, muchacho.

-¡Órale! Abuelito, tú lo sabes todo.

El abuelo sonrió y acarició la cabeza de su nieto –No es nada que tú no habrías podido descubrir por ti solo, hijo, si usas la cabeza. Pero en fin, ahora que sabes un poquitín, lo demás podrás averiguarlo tú mismo.- el abuelo dio un largo y profundo bostezo -Bueno, ahora, a la cama, que ya es muy tarde y mañana hay clases. Ya viste que no tienes nada que temer a la noche.

Jaime y el abuelo subieron las escaleras y se dirigieron al cuarto del niño. Pero antes de que llegaran a la habitación, resonó por toda la casa aquel rugido retumbante que había asustado tanto a Jaime algún rato atrás, cuando estaba solo en su cuarto.

-¡Abuelo, ¿qué es eso?!- exclamó Jaime temblando una vez más.

-¿Eso? Ah. Son los ronquidos de tu abuela. ¿Por qué crees que yo tampoco puedo dormir?

 FIN

Anuncios

Acerca de Maik Civeira

Escritor friki.
Esta entrada fue publicada en Los ruidos de la noche. Guarda el enlace permanente.

Sé brutal

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s