5. Arkadia

Índice
Capítulo anterior

Antes de que mis ojos se acostumbraran a la estroboscopía, capté el concierto de sonidos electrónicos que provenían del lugar. Disparos, explosiones, golpes, música, agua, fuego, viento y gritos acompañaban al click click de decenas de botones siendo apretados con frenesí y el clack clack de discos de hockey de mesa que chocaban entre sí. Luego sentí el olor a cigarro, a alcohol y a lo que después aprendería a reconocer como marihuana. La única luz que había en el lugar provenía de las pantallas de los videojuegos y de algunas lámparas sobre la barra de bebidas.

            El lugar estaba lleno de consolas de videojuegos dispuestas en hileras que formaban pasillos. Casi todas las máquinas estaban ocupadas por alguien, principalmente varones absortos en sus juegos, que sólo soltaban el joystick para dar unos sorbos a sus bebidas o un toque a sus cigarros y porros.

            -Ven -me dijo Bilcho dándome una palmada en la espalda.

            Caminamos entre las consolas y los jugadores. Al fondo de este bodegón usado como antro-arcadia estaba la barra, en la que algunos muchachos se apretujaban para conseguir bebidas. Junto a la barra había un escenario en el que una marioneta de un metro de altura que emulaba a Axl Rose cantaba Wellcome to the Jungle.

            -Es impresionante -dije.

            -¿El títere? Sí, nunca deja de maravillarme -dijo Bilcho.

            -Está muy bien hecho.

            -Y muy bien manejado

-¿Quién es el titiritero?

Bilcho se encogió de hombros –Nadie sabe… ¡Mira ahí está Wiki!

            -¿Wiki?

            -Sí, por Wikipedia. Es que todo lo sabe el cabrón.

            Bilcho me dirigió hacia un grupo de tres jovencitas que rodeaban a un tipo alto y gordinflón, de pelo negro y que se acariciaba la piocha con sus dedos rechonchos. Tenía puesta una camiseta negra que con grandes letras blancas decía HAY 10 TIPOS DE PERSONAS: LAS QUE ENTIENDEN BINARIO Y LAS QUE NO. Wiki hablaba con voz grave y cachetona y pronunshiaba lash  eshesh un poco ashí.

            -No sé si ustedes lo sabían -decía Wiki cuando nos acercamos a su grupo-, pero el original Street Fighter nunca salió para Nintendo. Por ello sólo conocemos el Street Fighter II. Muy difícil es dar con el otro. He estado haciendo mis pesquisas para tratar de hallarlo, pero nadie hay que quiera venderlo, ni siquiera entre mis contactos…

            -Ya bájale, Wiki -dijo Bilcho-. Dale un break a estas niñas.

            -El conocimiento es sexy -dijo Wiki.

            -Sí -dijo una de las chicas con una risita nasal.

            -Mira, Wiki, te presento a Diego. Es otro refugiado.

            Nos dimos la mano

            -Refugiado. ¿De qué te refugias?

            -Del mundo –contesté.

            -Ah. “Vivir quiero conmigo”, muy fray Luis de León…

            -Ay, cállate, Wiki. Ven, Diego, vamos por unos tragos.

            Pedí un tarro de cerveza y Bilcho un vodka tonic. Con cada bebida, el barman nos regaló unas fichas de cortesía.

            -¿Qué quieres jugar? –me preguntó Bilcho.

            -No sé. ¿Qué hay?

            -Pues allá veo un King of Fighters libre. ¿Te late?

            -Va.

            Jugamos unos minutos, pero me aburrí. Le dije a Bilcho que siguiera jugando, mientras yo lo observaba y bebía mi cerveza. Eché una mirada a mi alrededor. Casi todos los concurrentes estaban absortos en sus juegos, algunos conversaban y una pareja se besuqueaba contra una máquina de pinball. No tardé en sentirme ansioso de nuevo. Arkadia era un lugar interesante pero no se adecuaba a mis expectativas.

¿Cuáles eran exactamente? No lo sé. Anhelaba ser el protagonista de algo importante, soñaba con vivir lo extraordinario, y ciertamente quería pasar cada día del resto de mi existencia fajando como esa pareja del pinball. Les tenía envidia, maldición. Estaban gozando de un privilegio que me debería corresponder sólo a mí. Todo debía pasarme a mí, yo tenía que hacerlo todo y nadie más: conseguir a las chicas, llevar a cabo las cosas importantes, contar los mejores chistes, cometer actos que maravillaran a los demás. Si no era yo, sentía celos tan irracionales como incontrolables.

            Volví la mirada al juego de Bilcho. Ya había terminado.

            -La verdad, King of Fighters no es mi máximo –dijo-. Vamos a ver si está libre el Marvel Superheroes.

            Esta máquina estaba ocupada por un joven rasta barbudo, flaco, pálido y ojeroso. Si Bilcho parecía delgaducho, éste estaba demacrado.

            -Él es Pacheco -me dijo Bilcho al oído-. Este cabrón no es marihuano, es hipogrifo. ¡Hey, Pacheco! ¿Jugamos unas retas?

            Pacheco se volvió con lentitud hacia nosotros, sacó un porro del bolsillo de su camisa, lo encendió, le dio un toque y dijo:

            -Ya vas. ¿Quién es tu cuate?

            -Pacheco, Diego. Diego, Pacheco.

            Nos dimos la mano. Pacheco y Bilcho comenzaron a jugar.

            De nuevo me quedé de pie sin hacer nada más que mirar. Bilcho ganó una pelea y Pacheco me cedió su lugar, pero lo rechacé y ellos dos siguieron jugando. De nuevo me aburría y la extraña claustrofobia de siempre comenzaba a reptar por mis piernas.

            Entonces, entre tanta silueta coloreada por el resplandor de los pixeles, vi una figura que creí reconocer. Su cuerpo era generoso en curvas (“es algo llenita” dirían algunas envidiosas), de estatura no muy alta (“es chaparrita” murmuraría el malintencionado). Llevaba puesta una falda larga de tela suave que en su caída permitía apreciar la redondez de su culito. Su blusa le hacía el mismo favor a sus pechos esféricos. En la penumbra no podía ver su cara, pero reconocí el arbusto enmarañado de su cabello. Por un momento, el flashazo de un handuken iluminó su rostro; era Cristal, sin duda, con la nariz de ardilla, la barbilla puntiaguda, las mejillas de ciruela y los ojos color miel. Bastó un destello para que pudiera verla toda.

            Axl empezó a cantar Sweet Child of Mine.

            Mi corazón bombeaba agua fría. Sin entenderlo tuve una mezcla de emociones confusas. Cristal se escabulló entre las consolas y sus jugadores, mientras yo trataba de no perderla de vista.

            -¿A quién miras?- me preguntó Bilcho.

            -Creo que vi a alguien conocido.

            -¿Quieres ir a saludarlo?

            -Eh… -lo dudé unos instantes-. No. Al rato -miré la máquina y vi que ya no estaba Pacheco-. ¿Y tu amigo?

            -Fue al baño. ¿Quieres jugar?

            -No -respondí molesto; Cristal se me había escapado.

            -Si quieres vamos a otro juego. ¿De qué te gustan?

            -No sé -contesté distraído, tratando de encontrarla de nuevo.

            -¿No eres muy gamer, verdad?

            -¡Ahí está! -la exclamación se me escapó sin querer.

            -¿Quién? ¿Tu amigo?

            Ya no sabía qué decirle a Bilcho. Temí quedar en ridículo si le hablaba sobre Cristal.

            -Este…- balbucí -¿Volvemos con Wiki?

            Bilcho mi observó extrañado y luego miró hacia el grupito que rodeaba a Wiki.

            -Ah -me dijo con una sonrisa de complicidad-. Es una de ellas. Pos vamos.

            Wiki dominaba muy bien el escándalo de Arkadia con la fuerza de su voz.

            -El Mario 2 no iba a ser un juego de Mario originalmente; iba a ser un juego japonés llamado Yume Kojo: Doki Doki Panikku. El problema era que el juego que iba a ser Mario 2 era demasiado difícil para los gringos, así que nunca fue lanzado en EUA. Entonces, Nintendo tomó este otro juego, le metió los personajes de Mario y lo sacó al mercado. En este hemisferio la original secuela de Super Mario Bros. fue conocida como The Lost Levels y sólo apareció en la edición de Mario All Stars para el Super NES; por cierto, muy difícil de conseguir.

            -Wiki, tu capacidad para soltar información inútil nunca deja de sorprenderme -le dijo Bilcho.

            Las chicas que rodeaban a Wiki se volvieron para vernos. Cristal, en efecto, era una de ellas. Su mirada encontró la mía y me quedé paralizado. Ella arqueó una ceja y se me quedó viendo de fijo.

            -Yo te conozco -me dijo señalándome con el dedo.

            -Sí. Soy Diego, del Countri.

            -Ah, a huevo-. sonrió, se dio la vuelta y abandonó el grupo.

            Wiki seguía su verborrea dirigida sobre las tres chicas que no dejaban de mirarlo con admiración. Bilcho me dio un leve codazo en el costado y dijo:

            -Bueno, ¿qué? ¿No vas a ir?

            No contesté.

            -Hoy hablaste frente a, fácil, cien personas. ¿No puedes ir a hablarle a una sola chava?

            -Es más fácil hablar con cien que hablar con una.

            -Tienes toda la razón.

            No dijo más. Me quedé mirando hacia el lugar por donde se había ido Cristal.

            “Bueno, coño”, me dije “Pues para eso estoy aquí”. Así que fui tras ella.

Capítulo siguiente

Anuncios

Acerca de Maik Civeira

Escritor friki.
Esta entrada fue publicada en La Ciudad de las Palmeras. Guarda el enlace permanente.

Sé brutal

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s