6. En pausa

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En Ciudad Plana todo se encuentra en animación suspendida, en un ciclo que se repite una y otra vez dentro de sí mismo, como un reloj en el que las manecillas sólo giran sobre su propio eje sin ir a ningún lado; las 2:53 de hoy son las mismas 2:53 de ayer y serán las mismas de mañana.

A Liliana y a mí no nos gustaba lo mismo, así que para no molestarnos el uno al otro acordamos tácitamente renunciar a todo y dedicarnos a vegetar. Iba a su casa en las tardes, me sentaba en el sofá de la sala y mirábamos televisión sin decir palabra, viendo a gente bonita y alegre que hacía cosas, mientras yo pasaba mi existencia como mejillón.

A veces escuchaba a Liliana hablar por horas de chismes de sus amigas, anécdotas de MEGA, comentarios sobre las celebridades, ropa y zapatos. Por mi parte, ya casi no le decía nada, y mi papel se reducía a escuchar y responder cuando fuese preciso.

En la universidad me limitaba a hacer lo necesario para mantener mi promedio aprobatorio, aunque por mi carrera eso de por sí era ya un considerable esfuerzo. Por su parte Liliana me exigía en silencio que cada momento que no tuviera que dedicar al estudio lo pasara con ella.

No tenía la oportunidad de ir fiestas ni a bares, excepto a la disco, con Liliana, lo que ya no significaba ninguna diversión para mí. Así que bebía a solas, a escondidas, sacando lo que pudiera de la licorera de mi padre. Bebía sólo para sentir algo diferente, para hacerme la idea de que cambiaba la situación aunque fuera un poquito, para pensar que hacía algo.

Una noche, tras un día normal, salí al jardín con una botella de vodka en la mano. Me senté en el pasto y estuve ahí, casi inmóvil, por horas. Oí los chillidos de los murciélagos dar lugar al graznido de los xcaues. Nunca había visto un amanecer y esa mañana tampoco lo vi. No se puede ver el amanecer en Ciudad Plana; los edificios chaparros y cuadrados tapan el horizonte.

Cerca de mí había un hormiguero. Puse mi mano sobre él y dejé que las hormigas me picaran hasta que ya no pude soportar el dolor. Lo hice sólo para sentir algo.

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Acerca de Maik Civeira

Escritor friki.
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