10. Que sepan que existí

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Desperté y el cuarto estaba cubierto de sangre. Sangre chorreaba por las paredes y sangre burbujeaba en charcos sobre el suelo. El espejo y los cuadros vertían sangre por sus marcos. En cada vértice de pared y techo había una vesícula roja transparente y purulenta que se inflaba de sangre hasta reventar, tras lo cual volvía a llenarse y de nuevo a estallar, repitiendo el proceso una y otra vez  salpicándolo todo con una llovizna explosiva.

            Miré la sangre sin miedo, sin repulsión, con apenas curiosidad. Sólo la cama y yo estábamos limpios. Por una ventana podía verse la calle con sus casitas blancas de verjas blancas que la acompañaban hasta perderse en el horizonte. No era mi habitación. Era un cuarto genérico con vista hacia un vecindario genérico.

            De pronto la sangre del suelo comenzó a girar en un remolino. El nivel de sangre bajó hasta descubrir una alcantarilla redonda por la que se escapaba. El cuarto quedó limpio pero las paredes y cuadros no tardaron en volver a chorrear y las vesículas siguieron reventando joviales. La habitación se llenó de nuevo, y de nuevo se dio el remolino que se tragó toda la rojez. Una vez más se llenó y una vez más quedó limpio, y el proceso se repetía, cada vez más rápido.

Sangre——-limpio——sangre—–limpio—-sangre—-limpio—-sangre—limpio—sangre–limpio–sangre-limpio-sangre-limpio-Sangrelimpiosangrelimpiosangrelimpio… en un maelström carmesí. Y yo, como si nada.

Desperté de verdad. No entiendo porqué, pero a partir de ese sueño empecé a tener la necesidad de atesorar papeles que tuvieran mi nombre o mi firma, o que hubieran sido escritos por mí. Recibos, facturas, boletos, gafetes, notas, listas del súper… todo lo guardaba en un archivero. Al final de ese semestre no fui capaz de tirar las libretas viejas de la escuela.

Supongo que creía que si alguna vez arqueólogos del futuro revisaran entre las ruinas de Ciudad Plana, podrían encontrar señales que dijeran que alguna vez existí, que hubo un joven con mi nombre que vivió y murió en esta tierra.

Más de un año después, el día anterior a mi escape hacia la Ciudad de las Palmeras encontré ese archivero; no quise ver el contenido y lo arrojé todo a la basura.

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Acerca de Maik Civeira

Escritor friki.
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