22. Nada

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            Soy nada. Nada tengo que pensar, nada puedo decir. Me es ajeno el mundo, y desconozco la vida. Jamás he hecho algo importante o valioso, por otros o por mí mismo. No tengo de qué sentirme orgulloso. Si el universo de cada uno es la suma de sus experiencias, de sus testimonios, conocimientos y creaciones, entonces mi universo es minúsculo. Si estoy de pie en un extremo de mi cosmos interno, el otro extremo me comprime y me asfixia. Un charco hecho de mí se evaporaría en segundos. No existe cosa interesante en mi persona, nada hay en mí capaz de trascender. Me sé simplón, insípido, anodino. Mi nada me agobia, me oprime, me encoge y me idiotiza. Quería escaparme para expandir mi realidad, pero no pude, porque mi mente está anquilosada por la medianía. Soy un mediocre y me justifico diciendo que vengo de una ciudad mediocre, que crecí en una familia mediocre y que tengo una novia mediocre que no me deja hacer nada, pero esos pretextos sólo me hacen más ridículo. Ésa es la verdadera razón por la cual seguía con Liliana: por el temor de que si nos separábamos nadie me querría. No por mi físico; sé que soy decentemente atractivo. Sino porque me aterra el prospecto de que lo que hay en mí no es interesante; tengo miedo a que alguien se asome a mi interior y descubra que hay vacío y silencio. No, silencio no. El llanto de un niño berrinchudo. Ni siquiera lo que llamo “dolor” es real, es un malestar aburrido. Soy ridículo, como esta lamentación. Soy un niñato estúpido que nada comprende, salvo el hecho de que se diluye en su propia estupidez. Y heme aquí lloriqueando por una tontería, en un berreo infantil. Lloro de nada, río de nada, hago nada. Sufro porque sufro por nada, porque nada es lo único que tengo para sufrir. Pero es todo lo que tengo, es todo lo que conozco, porque es todo lo que soy. Nadie más lo entiende, ven que soy insulso, pero no saben cómo duele ser tan insípido, y me juzgarán, me condenarán y me echarán a un lado del camino, para que pueda revolcarme en mi propia nada sin molestarlos. Y allí me quedaré, retorciéndome en mi cuerpo, abrigado y devorado por mi propia insignificancia, hasta que muera y entonces la nada que fui se perderá en la nada absoluta de la creación.

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Acerca de Maik Civeira

Escritor friki.
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