24. Vidrio roto

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            -Mamá… es por eso… ¡No te encojas de hombros! ¡Siempre haces así! Te estoy hablando… escúchame… ¡No puedes ponerte en actitud de “no oigo nada”! Siempre te pones así… Escúchame, por favor… ¡Te estoy tratando de explicar…! Coño, mamá… ¡Mamá!

Cogí un banquillo de madera y lo aporreé contra la pared para después arrojarlo al suelo; se quebró en múltiples trozos y las astillas saltaron por doquier. Agarré una de las patas y recorrí la casa con ella cual garrote, rompiendo todo lo que podía ser roto: cristalería, ventanas, cuadros, figurillas, relojes, jarrones. Me paré frente a un gran espejo con marco dorado, reliquia de la abuela, que mamá resguardaba como tesoro familiar. Mi brazo tomó impulsó y la pata se estrelló contra el espejo. Los pedazos de vidrio volaron por toda la habitación.

La furia se fue y sólo quedó la culpa, la vergüenza y el miedo. Empecé a llorar, sin volverme para ver a mamá, y me fui corriendo a mi cuarto, en donde me quedé encerrado el resto de la tarde, llorando hasta caer dormido.

Soñé que estaba frente a un lavabo y un espejo. Sentí algo raro en mi boca; la abrí y vi en el espejo que tenía la lengua cubierta de pequeños trozos de vidrio. Espantado, los cepillé con la mano, pero no dejaban de caer, siempre había más. Tenía vidrio acumulado entre las mejillas y las encías, debajo de la lengua, encajado entre los dientes. No me cortaban, pero temía que lo hicieran, temía tragarme uno y morir desangrado por dentro. Seguí escupiendo vidrios sin detenerme, hice buches con agua, pero siempre había más vidrios. Estaba a punto de rendirme, de tragar completo todo lo que tenía en la boca y dejarme perforar, cuando desperté.

Al día siguiente mamá propuso llevarme al psicólogo.

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Acerca de Maik Civeira

Escritor friki.
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2 respuestas a 24. Vidrio roto

  1. S dijo:

    Aquí nomás, esperando a que termine. Sin novedad en el frente, capitán. Solo un aviso: este es el capítulo 24, y no 22.

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