27. Yo soy la morsa

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            Al salir de la sesión me encontré con Bilcho que me esperaba al pie de la escalera.

            -¿Cómo te fue? -me preguntó.

            -Me fue ok, supongo -respondí con una sonrisa perezosa-. Pero dime una cosa, ¿quién es ese tipo?

            -¿Papá O’Reilly? Es el dueño del restaurante.

            -¿Y por qué se las da de gurú?

            -No más. Un día empezó a escribir un blog contando su vida y andanzas, y lo que había aprendido de todas sus experiencias, y la gente le empezó a preguntar toda clase de cosas. Y los que saben que aquí vive vienen a verlo en busca de consejo gratuito. Es bueno para el choro, ¿no?

            -¿Y a poco crees que tenga algo de sabiduría especial?

            -La verdad yo ni sé. Igual y todo son debrayes suyos. De todas formas no se trata de guiar toda tu vida con lo que te diga el primer chamán que encuentres, pero siempre es bueno escuchar las perspectivas de otras personas, ¿no? Te va ayudando a construirte la tuya propia.

            -Sí… -cavilé un momento- Oye, ¿y cómo perdió las piernas?

            -En un torneo de break dance… Bueno, vamos a buscar a Wiki y a las chavas, y a ver si comemos en algún lado.

            Encontramos a nuestros compañeros de viaje curioseando en una tienda de chanclas y trajes de baño. Bilcho sugirió que fuéramos a buscar algo de comer.

            -Propongo mariscos -dijo.

            -No –se rehusó Wiki-. No me gustan los mariscos. No llegué al pináculo de la cadena alimenticia para andar comiendo invertebrados.

            -A mí tampoco me gustan. Soy vegetariana -dijo Cristal.

            -¡Pamplinas! -dijo Wiki-. Evolucionamos en la sabana, debemos comer mamíferos grandes.

            -Bueno, bueno –quise ser conciliador-. Vayamos a algún lugar en el que haya mariscos, carne y ensalada, ¿va?

            Nos acomodamos en un mercadito muy pintoresco en el que cada quien comió a su antojo. Después dejamos nuestras cosas en un departamento, propiedad de los abuelos de Wiki, y nos fuimos a pasear por la Quinta Avenida.

Tras un par de horas Wiki sugirió que regresáramos al depa a descansar, para que pudiéramos aguantar toda la noche en el rave. Mariela y yo estuvimos de acuerdo, pero Bilcho y Cristal dijeron que querían seguir vagabundeando. Al final decidí unirme a ellos mientras Wiki y Mariela se retiraban a descansar. Más tarde Bilcho me dijo con un guiño que había hecho bien en dejarlos solos.

            Pasamos la tarde rolando de bar en bar, probando los diferentes estilos que había en Playa, definidos por la música, las bebidas y la gente que iba allí a pasar el rato. Al caer la noche y con los pies adoloridos, me tumbé sobre una banca de piedra en la acera de la avenida.

            -Ya no puedo más -dije.

            -Ay, chico, te falta energía -me dijo Cristal riendo-. Vamos, espabílate, la vida es para los vivos -y junto a Bilcho se metió en una tienda de tatuajes y perforaciones, dejándome ahí tirado.

            Al poco rato se me acercó un muchachito como de trece años que agitaba un bote de monedas y hablaba con una tonadita muy peculiar.

            -Buenos días, joven y que Dios lo bendiga. Vengo de parte de Una Vida Nueva, una institución que ayuda a los que como yo fueron atrapados por el demonio de las drogas. Con su donativo de usted, esta institución podrá continuar con su noble misión y evitar que nuevas vidas se pierdan por culpa de las adicciones…

            Observé bien al chavito. Llevaba colgado alrededor del cuello un gafete de la institución mencionada y el bote de monedas también tenía pegados logotipos y leyendas de Una Nueva Vida AC. Le di, pues, algunas monedas.

            -Muchas gracias, caballero, y que Dios lo bendiga.

            Apenas el chavito se hubo ido escuché risas detrás de mí. Bilcho y Cristal me señalaban y se carcajeaban.

            -¿De qué chingados se ríen? -dije, ofendido.

            -Ay, mi chavo. Ese niño al que le diste limosna no es más que el Mondro, un estafador profesional. Obtiene dinero de los incautos, como tú comprenderás, para comprar drogas e ir a los raves.

            -¿De veras? -pregunté abochornado por mi ingenuidad

            -Sí, güey -dijo Cristal-. Su gafete y todo eso son falsos. Siempre está en los raves, y hasta la madre de drogado.

            -Ei -confirmó Bilcho-. Además, es todo un connoisseur de música electrónica. Pinche Mondro.

            -Puta madre- fruncí el ceño-. Pues no es gracioso. No estoy para andar tirando mi dinero.

            -Ya, mi chavo. No te lo tomes a mal. Piensa que ayudas a u pobre huérfano a divertirse como bacante todos los fines de semana.

Acabadas las risas volvimos al depa con el objetivo de prepararnos para el rave. Por primera vez en diez días me di el lujo de tomar un largo baño de agua caliente. Cuando salí de la ducha, encontré a mis compañeros de viaje alrededor de la mesa de la cocina, observando minuciosamente unos cuadritos de cartón puestos sobre un trozo de papel aluminio.

            -¿Qué pex? -pregunté.

            -Mi chavo -dijo Bilcho entusiasmado-, he aquí la estrella de esta noche. Los fui a buscar mientras estabas con Papá O’Reilly.

            -¿Qué es?

            -Picture yourself in a boat on a river…- canturreó Bilcho

            -¿De qué habla? -pregunté a los demás.

            -Son ajos -dijo Cristal con una sonrisa, y añadió ante mi expresión de extrañeza-. Ácidos. LSD.

            -Oh, vaya –no sabía cómo reaccionar a ello.

            -Así es, mi chavo. La costumbre dicta que para los raves hay que meterse tachas o anfetas, pero yo soy un anticuado y prefiero el estilo de antaño. ¡Vamos a divertirnos como los antiguos jipitecas!

            -¿Y todos le vamos a entrar? -pregunté.

            -Yo no -dijo Mariela-. A mí me da cosa.

            -Los demás sí -dijo Cristal-. Hay para todos.

            -Por cierto –me dijo Bilcho al oído –Me debes ciento cincuenta varos.

            -Ooookey –dije-, ¿y esa madre qué te hace? ¿Es como la mota?

            -Te explicaré -dijo Wiki y se aclaró la garganta-. La diletilamida de ácido lisérgico es una droga psicodélica semisintética muy poderosa que induce estados alterados de conciencia comparables a la experiencia mística. Se usa como herramienta para la meditación, la creación artística, la psiconáutica y la recreación. No causa dependencia física y hasta ahora no se ha determinado si puede haber una sobredosis. Sólo es peligrosa si el usuario padece algún trastorno psiquiátrico, como esquizofrenia, trastorno bipolar, depresión crónica, etcétera.

            -Eso no me dice mucho.

            -Yo te lo explico mejor -dijo Cristal-. Ya ves cómo con la mota todo lo que oyes y todo lo que ves se pone más interesante y te clavas con las cosas, ¿no?

            -Ajá…

            -Pues es más o menos lo mismo pero como a la novena potencia. Y al mismo tiempo es diferente, te sientes alegre, todo se ve bonito, estás lleno de energía… En fin, es todo un trip. El ácido es algo único. Tendrás que probarlo para saber.

            -Verás, Diego -dijo Wiki-, la LSD (así se debe decir, en femenino, contrario a la costumbre) afecta el sistema nervioso central…

            -Eso no se oye bien.

            -Pero no le hace ningún daño y sus efectos no son duraderos. La LSD no deja huellas en el sistema nervioso, como se ha podido comprobar a través de electroencefalogramas y resonancias magnéticas, así que no te asustes.

-Claro, te puede pasar que te pongas a hacer cosas imprudentes y sufras un accidente, pero para eso estamos tus amigos, pa’ cuidarte -agregó Bilcho con una amplia sonrisa.

-¡Pero si todos van a estar viajados!

-No te preocupes. Yo ya tengo cayo, y Cristal también, ¿verdad?

-Sí. Estarás seguro con nosotros -me dijo ella con un guiño.

-Pero, ¿no voy a tener alucinaciones ni nada de eso? Me da miedo tener pesadillas. Mis sueños ya de por sí suelen ponerse bastante intensos…

-Nada de eso –me aseguró Bilcho-. En primera, no tienes alucinaciones reales. No vas a ver efelantes y guartas ni nada de eso. En segunda, nosotros nos aseguraremos de que estés en un ambiente chido para que te des un buen trip.

Guardé silencio unos minutos, observando los cuadritos de colores que estaban sobre la mesa. De pronto dije:

-¿Esto es la realidad?

-¡Venga! -exclamó Wiki-. Ya nos pusimos fenomenológicos.

-¿Pero de qué puñetas hablas, mi chavo? -dijo Bilcho extrañado.

-Bueno, no vayan a pensar que estoy loco, pero ya ven cómo la gente habla mucho del “mundo real” y “de vuelta a la realidad” y todas cosas. Cuando estaba en Ciudad Plana sentía que no vivía en el mundo real y tenía la idea de que escapándome lo encontraría. Entonces les pregunto, ¿éste es el mundo real?

-¡Claro que sí! -exclamó Cristal.

-Pues mira -dijo Bilcho-. Eso del “mundo real” es muy relativo. Cada quien llama “mundo real” a lo que cree que es importante. La mayoría de los adultos creen que “salir al mundo real” es introducirse en el mercado laboral, tener una familia, casa, auto, hipotecas, etcétera. Un periodista diría que el “mundo real” es en el que se desenvuelve, ese mundo de crímenes, de política, qué sé yo. Un misionero quizá te diría que el “mundo real” es el de los pobres niños de Somalia a los que él ayuda y que el resto de nosotros que vivimos cómodamente no conocemos la realidad. Un chavo banda de la calle te dirá que en el “mundo real” uno tiene que sobrevivir usando la violencia y que hay que aprovechar los pocos placeres de la vida, mientras que un gobernante poderoso pensará que es él quien está al tanto del “mundo real” porque mientras todos están con sus preocupaciones triviales y sus vida insignificantes, él dirige los destinos de todo un pueblo.

-Ya veo –dije.

-Entonces -continuó Bilcho-, ¿Qué es lo real?

-Loreal es una marca de champú –dijo Mariela con una risita infantil.

-¿Qué es lo real? –prosiguió Bilcho- ¿Es más real la vida del niño de la calle que la de la putizorra cabezahueca de Quiero mis quinces? ¿Quién entiende mejor la realidad? ¿Un físico cuántico que comprende el funcionamiento del universo o una madre soltera que trabaja todo el día para mantener a sus hijos? ¿Es más real la vida de excesos de los ricachones que la de las familias de clase media? ¿Es más real la existencia de Carlos Slim que la de María Sabina? ¿Es más real la experiencia de un soldado en Irak que la de un poeta? ¿Es más real…?

-Sí, sí, ya entendimos -dijo Cristal-. La realidad es relativa.

-Por el contrario -acotó Wiki-. La realidad existe per se. Creo que lo que nuestro camarada trata de decirnos es que cada quien tendrá su idea del “mundo real” y que todas son válidas desde sus puntos de vista. Lo único irreal serían los sueños, los juegos de rol, la realidad virtual, las alucinaciones y las supercherías…

-Ándale, Wiki -dijo Bilcho-. Por ahí va la cosa. Pero, dinos, Diego, ¿por qué de repente la clase de filosofía?

-Pues me parece que esto del LSD es como evadirse de la realidad, ¿no?

-¡La realidad! ¡La realidad! -exclamó Bilcho- ¿Qué ha hecho la realidad por ti?

-Pues… existo en ella, ¿no?

-¡Mamadas! Exististe en el vientre de tu madre y no por eso te quedaste a vivir ahí toda tu vida, ¿o sí?

-Supongo que no -dije encogiéndome de hombros.

-¡A la verga con la realidad! -gritó Bilcho.

-¡Sí al carajo con ella! -lo secundó Cristal.

-Bueno, va -dije decidido- ¿Cómo se toma?

-Primero, toma este cuadrito, con mucho cuidado –Cristal lo hizo, como si sostuviera una hostia consagrada y estuviera a punto de impartirme el sacramento de la eucaristía-. Abre bien la boca… la ponemos debajo de la lengua y ahora espera a que se disuelva poco a poco; no lo mastiques ni te lo vayas a tragar… El cuerpo de Cristo… Amén… Y ahora, manda a la chingada la realidad.

-Muy bien… Ejem… -carraspeé para hacer tiempo y pensar cómo expresaría mejor aquello que estaba sintiendo-. ¡Chinga tu madre, realidad! ¡Vete a la verga con tu ley de la gravedad! ¡Si yo quiero volar, vuelo!

-¡A huevo, mi chavo! -me animó Bilcho- ¡Así se hace! -tomó un cuadrito de ácido, se lo llevó a la boca y exclamó-. ¡Que se joda el principio de impenetrabilidad de la materia! ¡Yo puedo atravesar las paredes y fusionarme con las rocas!

-¡Wuju! -aulló Cristal tomándose su dosis- ¡Que chingue a su madre la selección natural, yo voy a evolucionar como yo quiera!

-¡Venga! -gritó Wiki y se tomó su ácido- Me cago en las leyes de la termodinámica. ¡Yo creo, destruyo y transformo energía cuando se me da la gana!

-Bueno, está bien. Le voy a entrar. -dijo Mariela entusiasmada por la euforia de todos los demás –Denme una de ésas. Bien… yo diré que… Ayúdame, Wiki.

-Di que se vaya a la mierda la teoría de la relatividad.

-Okey. ¡Nada de que energía es igual a masa por velocidad de la luz al cuadrado! ¡Yo soy energía! ¡Yo soy velocidad de la luz al cuadrado! ¡Yipiiii!

Después de eso nos quedamos todos callados.

-No siento nada –dije, rompiendo el silencio incómodo.

-Espérate -dijo Bilcho-. Como en media hora o en una hora te empezará a hacer efecto. Así nos da tiempo de ir hasta donde va a ser el rave, que está un poco lejos.

-¿Nos vamos en el Alerón? -pregunté.

-De ninguna manera -respondió Wiki-. No voy a manejar en estado psicodélico. Caminaremos. El ejercicio nos hará bien.

-Sobres -dijo Cristal-. Pero antes de salir, hay que fumarnos un churro, para que nos conecte.

Partimos después del toque. Fue en el camino que empecé a sentirme raro; algunas sensaciones eran iguales a estar pacheco: los sentidos se agudizaron y mi pensamiento divagaba sin orden. Pasaba de una idea a otra y ya no podía recordar dónde había empezado. Pero si con la mota me sentía relajado y somnoliento, ahora comenzaba a sentirme animado, incluso eufórico. Noté que mi temperatura corporal ascendía, que mi corazón aceleraba y que me temblaban las manos. Ligeros escalofríos me recorrían el espinazo cada cierto tiempo.

-Creo que ya me está haciendo efecto -dije.

-¿Tan pronto? -preguntó Bilcho, extrañado.

-Sí-sí -la mandíbula me temblaba.

Si cerraba los ojos, veía en mis párpados líneas de colores, figuras geométricas, patrones ajedrezados y fractales. Al abrirlos estas imágenes permanecían por momentos frente a mí antes de desaparecer con un destello.

-¡Qué genial! -dije en voz alta.

-Creo que sí te está pegando -dijo Bilcho, contento por mí.

Las luces públicas titilaban como estrellitas y las casas y edificios se encogían y dilataban como si estuvieran respirando. El mundo se veía como en una película de tres dimensiones, con bordes verdes y rojos alrededor de cada objeto. Nada parecía realmente sólido, todo fluía como si se estuviera transformando continuamente en nuevas versiones de sí mismo. Miré las caras de mis compañeros, parecían diferentes, como si las hubieran vuelto a modelar.

-Wow -murmuré.

Por momentos sentí como si estuviera cayendo en un sueño profundo y a veces era como si resbalara por un tobogán de aire. A menudo olvidaba dónde estaba o hacia dónde iba y tenía que hacer un esfuerzo por mantenerme consciente del mundo material, pero luego me dejaba llevar. Además, recordaba que mis amigos estaban ahí para cuidarme. Había momentos en los que confundía lo que había hecho con lo que había planeado hacer y con lo que había imaginado hacer y ya no sabía si mis recuerdos llevaban años en mi cabeza o me los acababa de inventar.

No ubico el momento en que llegamos al rave, pues había perdido toda noción del tiempo. Nos encontramos frente a un gran campo cubierto de césped y rodeado por malla ciclónica. Las únicas construcciones eran un escenario bastante grande y varias torres de metal dispersas a lo largo del prado y en las que estaban colocadas grandes bocinas y reflectores coloridos. Alguien me dijo algo de pagar mi entrada; saqué el dinero y se lo di. Luego me preocupé porque en algún momento de distracción fueran a robarme la cartera y se la di a Bilcho. Todas las voces se oían reverberantes, como si todos hablaran a través de tubos de metal.

Empezó la música. O quizá ya estaba ahí y sólo fue que yo me di cuenta de súbito. Era electrónica trance y por fin entendí porque la llamaban así. Cerraba los ojos y las figuras luminosas se movían al ritmo de la música de un DJ que era aclamado por el gran público. Y yo me sentía cada vez más ácido.

[Escena perdida]

            Creo que ya tocaba otro DJ, porque la música era distinta. No vi en qué momento habían colocado a lo largo del campo mantas blancas en las que se proyectaban visuales de colores, como ondas, burbujas y espirales. Me di cuenta de que estaba sonriendo tan fuerte que me cansaba la quijada. Por momentos me preguntaba “¿qué es esta sensación extraña que estoy percibiendo en tal parte de mi cuerpo?”, y sólo después de concentrarme en ello reconocía esos estímulos como frío, sed, cansancio porque me encontraba parado en una posición incómoda, o dolor porque estaba apoyado en una superficie muy dura. Todo era nuevo, todo era un descubrimiento.

Dejé que me guiara el ritmo electrónico, pues si cerraba los ojos podía ver la música y sentía que por momentos yo mismo me volvía ondas sonoras. Si la canción que tocaba el DJ tenía letra, ésta me remitía de inmediato a imágenes fantásticas que casi podía ver frente a los ojos. Se borró la barrera que separa lo que imaginaba de lo que observaba.   De pronto el DJ comenzó a tocar una melodía que yo conocía muy bien y que transportó en un instante a los días más lejanos de mi temprana infancia. La melodía creció y entonces la reconocí: era una versión happy hardcore del tema de Inspector Gadget.

            -¡A huevísimo! -grité y me puse a aullar y a saltar y a bailar como poseso.

            -Se ve que estás en un estado envidiable -dijo Bilcho, que apareció junto a mí de la nada.

            Había olvidado que venía con mis compañeros. De hecho, si no me concentraba en un pensamiento, se me olvidaba todo. Era como estar en estuviera en un sueño, como si todo fuera producto de mi mente y entonces pudiera controlar la realidad al imaginarla como quisiera. Pero de súbito me regresaba la cordura y me decía que no era un sueño y que debía cuidarme y que tenía suerte de no haber perdido a Bilcho. Entonces me percaté de que estábamos bastante cerca del escenario y de que muchísima gente había llegado desde la última vez que me fijara. Y es que a veces sentía que tardaba eras en hacer un movimiento, mientras que horas enteras se iban en un parpadeo…

[Escena perdida]

            Cuando me di cuenta ya no estaba junto a la tarima, sino en el otro extremo del campo. Creí recordar que me había ido de allí porque mucha gente se había amontonado junto al escenario, pero luego ya no supe si esa había sido la verdadera causa o una razón que me había inventado de último momento y que luego había insertado retroactivamente en mi memoria. Un tipo siniestro pasó vendiendo grapas de coca y más tarde un gordinflón me ofreció metanfetaminas, pero hice como si no les hubiera visto.

            -Tengo un chingo de sed -dije de pronto.

            -No te preocupes, estoy preparado para estas eventualidades -dijo Wiki, que de pronto ya estaba junto a mí-. Por más que bebas no se te va quitar la sed. Toma -y me dio un caramelo de menta-. Esto mantendrá tu boca fresca. Si necesitas más pídeme.

            -¿Eres real, Wiki?

            Mi obeso amigo empezó a reír y sus carcajadas cachetonas resonaron en mi cerebro, no pude evitar reír a mi vez y juntos nos carcajeamos por lo que pareció una eternidad. Al final, ya no recordaba qué nos había causado tanta risa. Tenía ganas de abrazar a todo el mundo y como Wiki era el único que estaba por allí le di un gran abrazo y le dije:

            -Te quiero mucho, amigo.

            -Yo también te quiero, camarada.

            -Ya lo decidí. ¿Dónde está Cristal?

            -Por ahí -respondió Bilcho que había salido de quién sabe dónde.

            -La voy a buscar. Ahora mismo le voy a llegar.

            -Macho -dijo Bilcho-, no necesito estar sobrio para saber que ésa es muy mala idea.

            -No, no, no. Le voy a llegar ahorita. Voy a buscarla -y me perdí entre la multitud.

[Escena perdida]

            Su boca sabía a chicle de mora azul y sus labios eran voluptuosos y suaves. Sentí su beso como un impulso atómico que recorrió todo mi cuerpo. Sin tapujos le agarré una nalga y apreté todo su cuerpecito contra el mío. Ella apartó su boca de la mía y empezó a besar mi cuello. Cada beso era cósmico y absoluto. La excitación no me cabía en los pantalones.

            Entonces me separé de ella porque quería verla y me quedé pasmado al encontrarme con una güerita de ojos azules que me miraba con una sonrisa extraviada y las pupilas dilatadas.

            -¿Cristal? -pegunté apendejado.

            -Niet. Katja. -y luego dijo no sé qué cosas en no sé qué idioma.

            -Chido –dije con un thum up, le di un beso en la frente y me despedí de ella con una sonrisa, que ella me devolvió con mucha efusión y dando brinquitos.

            Caminé entre la multitud de jóvenes de todos colores y tamaños que disfrutaban del concierto ya sea meciéndose tranquilos con una sonrisa o brincoteando como locos. Una pareja estaba teniendo sexo de pie contra una de las torres. Me sentí muy contento por ellos. Luego sentí envidia por no estar como ellos. Luego me sentí contento por sólo presenciar tanta felicidad. Luego se me olvidó por qué primero había sentido envidia y luego me había sentido contento. Comencé a malviajarme tratando e recordar qué era lo que me había hecho sentir eso tan desagradable, pensando que a lo mejor algo grave se me estaba olvidando. Pero luego recordé que al fin y al cabo ya me había sentido contento así que, fuera lo que fuere, de seguro ya lo había resuelto. De pronto un grupo de chicos y chicas desnudos pasó corriendo junto a mí. Me pareció una buena idea y comencé a desvestirme. Pero como temí perder mi ropa, desistí, aunque ya había extraviado mi playera y no la pude encontrar en toda la noche. Creo que fue en ese momento cuando la pintura fosforescente empezó a correr a galonazos, chorreando desde quién sabe dónde.

            -¡Wuuu! -escuché detrás de mí y me encontré con Cristal- ¡Qué onda!

            -Hey… -ya no sabía qué decir- ¿qué pasó?

            -Pos nada, acá -dijo, también se veía bien viajada.

            -¡Dietritch, Dietritch, Dietritch! -coreaba la gente.

            -¡Yeeeeee! Ahí viene él. Vamos.

Cristal me tomó de la mano y me llevó hasta un punto cerca del escenario, al que salieron un trío de violoncelos y un baterista. Tras ellos apareció una chica bellísima, alta, delgada, de raza negra y cabello lizo y corto con un largo fleco que le cubría media cara. Y finalmente, entre vítores, porras y aplausos, surgió Lennard Dietritch, un güerejo larguirucho con cola de caballo y barba de chivo. El público guardó un silencio expectante y reverencial cuando el DJ se colocó detrás de sus consolas. Un zumbido eléctrico y un leve beat se chorrearon desde las bocinas e inundaron el campo. Los violoncelistas tocaron cuatro notas largas. Entonces entró la batería, y cuerdas, percusiones y electrónicos se fundieron y aumentaron de nivel todos juntos hacia lo que podría ser un clímax, pero que era sólo el principio. La diva, con voz tan potente que quizá no habría necesitado de un micrófono, comenzó a cantar:

I am he as you are he as you are me and we are all together.
See how they run like pigs from a gun see how they fly.
I’m crying.
Sitting on a cornflake, waiting for the van to come.
Corporation t-shirt, stupid bloody Tuesday
Man, you’ve been a naughty boy,
you’ve let your face grow long.
I am the Eggman!

            Y todos aullamos: ¡Wuuuuuu!

They are the Eggmen!

            Y el aullido se hizo más rotundo: ¡Wuuuuuu!

I am the Walrus!

            Y entonces nos pusimos eufóricos, tribales, orgiásticos: ¡Gu-gu gu-chú! El componente eléctrico de la rola se hizo más presente y yo me perdí con una música que hipnotizaba mis sentidos y una letra que secuestraba mi imaginación. Más que bailar, me convulsionaba con la música. No me creí capaz de sentir tanto entusiasmo y pensé en la etimología griega de la palabra, “tener a Dios adentro”.

Ho ho ho he he he ha ha ha

            Y me fui a escalar la Torre Eiffel con Semolina Pilchard y el pingüino elemental a cantar Hare Krishna y patear a Edgard Alan Poe.

            -I am the Eggman! –gritábamos.

            -¡Wuuuu!

            -They are the Eggmen!

            -Wuuuu!

            -I am the Walrus!- exclamé enloquecido como si estuviera pegando un grito de guerra.

            -¡Gu-gu gu-chú! ¡Gu-gu gu-chú!

            A unos chicos se les ocurrió ir tomando a sus compañeros y pasearlos sobre sus cabezas como rockstars. Sin pensarlo me colé en el desmadre y a mí me cargaron también. La música continuó más loca y psicodélica que antes, con sonidos tan estridentes cuan armónicos. Me depositaron en el suelo junto a mis amigos que me recibieron con abrazos y vítores. Del escenario salían rayos láser de colores y una niebla artificial que olía a dulce.

Juba juba juba

Unos monigotes como de caricatura antigua salieron bailando por la tarima; no parecían botargas ni proyecciones, era como si los mismos dibujos animados estuvieran ahí haciendo sus monerías. Rayos láser de múltiples colores salían disparados hacia todas partes. Y la canción seguía creciendo con cada juba y se oían voces de radio, los discursos de Nelson Mandela y de Martin Luther King combinados, una orquesta que afinaba, el motor de un Ferrari, la diva subiendo de notas con cada exhalación, los violoncelistas en trance, el baterista enloquecido y el DJ místico dándole duro a la máquina para llevarnos al clímax y al orgasmo colectivo.

¡Gugu guchú, gugu guchú!

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Acerca de Maik Civeira

Escritor friki.
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2 respuestas a 27. Yo soy la morsa

  1. S dijo:

    Hey, varias cosas:

    1-Ya tiene rato molestándome que el protagonista esté tan pendejo en el ámbito médico. Quiero decir, estudia medicina, DEBE saber qué hace el LSD, su interacción con la serotonina, los ISRS… vaya, no debería explicarlos al cien en la historia, pero mínimo lo que dijo wiki y bilcho debió de haber salido de la boca del protagonista. De hecho, la primera vez que aprendes sobre el asma es en farma, donde TAMBIÉN aprendes sobre el LSD. Por lo tanto, si el protagonista sabe del asma, debe saber del LSD…

    A menos que esté en primer año, lo cual justificaría que no sepa farma y fisio y, por ende, no sepa mucho del LSD. Y lo del asma lo aprendió por su cuenta.

    Ya sé que eso es buscarle 90 patas al ciempiés, pero cada quien sus demonios y sus obsesiones. Además, no lo hago para incordiarte; debe ser una joda tener que escribir toda una novela y encima que te critiquen por una babosada. Te lo digo por si un día llega alguien más nitpick y te lo reclama, ya sabes que contestar.

    2.-Me gustó el cambio en la narración durante el viaje ácido, pero creo que pudo estar MÁS ácido, a la gonzo. Está bien, pero siento un exceso de partículas de tiempo que dan orden al discurso. De por sí estarían de más en cualquier otra parte del texto, aquí alentan y desarmonizan el tono ácido de la narración.

    Sucede justo después de este párrafo:

    “Por momentos sentí como si estuviera cayendo en un sueño profundo y a veces era como si resbalara por un tobogán de aire. A menudo olvidaba dónde estaba o hacia dónde iba y tenía que hacer un esfuerzo por mantenerme consciente del mundo material, pero luego me dejaba llevar. Además, recordaba que mis amigos estaban ahí para cuidarme. Había momentos en los que confundía lo que había hecho con lo que había planeado hacer y con lo que había imaginado hacer y ya no sabía si mis recuerdos llevaban años en mi cabeza o me los acababa de inventar.”

    Estas son las palabras que inician cada oración:
    “Por momentos… A menudo… Además… Había momentos …”

    4/4 inician con partículas de orden o tiempo. Si uno da una mirada rápida vemos que, después de este párrafo hay muchos “de pronto, entonces, luego, además, y es que, comencé”. Para desconcertarnos añades confusión . Opino yo sería más simple confundirnos a todos quitando estructura al texto. Así es más ágil y más trippy.

    3.-Creo que, para estar ubicada en México, la novela tiene una desproporción de güeras… Nada en contra de las güeras, pero pues 80% de la población no luce así…
    Digo, unas son extranjeras en una playa turística, ok. ¿Pero por qué casi todas las chavas mexicanas son blancas? Sólo recuerdo una morena, y no tuvo una descripción favorable. Es una narración en primera persona, así que yo lo interpreto como una luz sobre el subconsciente racista del narrador de clase media-alta.
    O puede que sólo sea una coincidencia. Qué sé yo.

    • Maik Civeira dijo:

      Hola, S. Gracias por seguir leyendo y por dejar tus comentarios. No creo que sea el papel de un escritor defender su estilo y elecciones narrativas, así que sobre eso, sin comentarios.

      Nada más te platico sobre la realidad a la que hace referencia en la historia. Sobre lo del LSD, te quedas corto: desde prepa ves qué es y qué hace. El punto no es si Diego memorizó una descripción fisiológica-farmacológica como la que gratuitamente le da Wiki; es que el chavo no tiene ni idea de lo que /realmente/ le va a hacer cuando lo tome.

      Sobre las güeras: no me queda más que encogerme de hombros.

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