36. Un ejemplo de esposa cristiana

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Solía operar en Ciudad Plana una agencia que ofrecía un servicio que permitía a las personas casadas engañar efectivamente a sus cónyuges. Por ejemplo, si una dama quería ponerle el cuerno a su marido, podía decir en su casa que debía hacer las compras y contratar a la agencia, misma que se encargaría de proporcionar una coartada, hacer las compras necesarias, asegurarse de que todos vieran su auto en el estacionamiento del supermercado, y transportarla hasta los brazos de su amante en un motel de lujo. Si un caballero quería engañar a su esposa, la agencia le podía proporcionar todo lo necesario para que pareciera que partía en un viaje de negocios, cuando en realidad iba a visitar su casa chica.

            Sucedió, pues, que uno de los socios de la agencia tuvo un desencuentro con el otro (se rumoró que se había cogido a su esposa) y, con la intención expresa de chingarlo, reveló toda la información, lista de clientes con fotografías incluidas, a todo medio de comunicación que quisiera escucharlo. Así fue como todos en casa nos enteramos de las infidelidades sistemáticas, casi rutinarias, de mi padre. Resultó que no sólo había utilizado el servicio de citas para encontrarse con dos diferentes amantes, sino que tenía una casa chica en Ciudad Baluarte. Desde luego, fue un escándalo, pero se disolvió entre los escándalos personales de todos los miembros de la sociedad que tenían largas colas susceptibles de ser pisadas.

            El verdadero escándalo ocurrió en casa. Gritos y reclamos eran cosa de todos los días. Mamá no dejaba de recriminarle a mi padre con toda clase de insultos y berrinches. Constantemente lo amenazaba con el divorcio. De hecho, llegó a correrlo de la casa y él tuvo que refugiarse un par de días en el departamento de Ricardo. Éste me contaría después que tuvieron un altercado, pues le echó en cara su hipocresía y cobardía. “Por eso te dejó mamá, ¿verdad?”, le dijo y mi padre le dio una bofetada.

            Por supuesto, lo del divorcio no llegó a ocurrir. ¿Qué habría hecho mi madre que nunca había trabajado un puto día en toda su vida? Así que las cosas se resolvieron cuando mi padre se disculpó públicamente durante una misa en la iglesia de Saint John’s. Y así como la disculpa, el perdón fue público. Aplausos, lágrimas, etcétera. Para celebrar la concordia, mamá organizó uno de los eventos de caridad que tanto le gustaban. Ahí fue cuando me encontré con la tía Aurelia, quien, con toda seriedad nos dijo a mí y a Liliana:

            -Presten atención, muchachos. Tu madre, Diego, y tu futura suegra, Lili, es un ejemplo de esposa cristiana.

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Acerca de Maik Civeira

Escritor friki.
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