41. La teoría de las vaginas

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La orgía prometida tendría lugar en una casa en cierta colonia clasemediera y de la que desde la calle sólo se veía una alta barda blanca interrumpida por un portón de metal verde, custodiado por un gorilón con cara de pocos amigos. Renato dio su nombre y dijo que veníamos a ver a Osvaldo. El guardia entró por el portón y al cabo de un rato volvió para hacernos pasar hacia un patio bastante amplio, con todo y piscina, frente a una casa no muy grande.

-¡Renato! -exclamó un tipo alto y flaco.

-Qué pedo, güey -saludó Renato-. Te presento a mi cuate, Diego. Diego, éste es Osvaldo, la mente maestra detrás de todo este pedo.

-¿Esta vez sí le vas a entrar al desmadre, Renato? -preguntó Osvaldo.

-No, güey, venimos bajo el régimen de voyeurs

Renato me había explicado que a algunos asistentes les excitaba sólo ver y a muchos otros les excitaba tener un público que sólo los viera, por lo que los organizadores habían implementado la categoría de voyeurs.

-Va que va -dijo Osvaldo-, aquí tienen sus gafetes para que no se confundan –Y pegó en nuestras camisas sendas etiquetas con la palabra VOYEUR escrita con marcador.  Pero mínimo tómense un trago. Van a ver que se pone muy chingón. Yo no sé cómo Renato se aguanta las ganas cuando ya empezamos con todo… Puta, yo no más me acuerdo y se me para… Desde que se me ocurrió este pedo la hemos armado con ganas.

-¿Y cómo te iniciaste con esto del sexo colectivo? -le pregunté.

-De pura cagada. Una vez hice una fiesta con unos amigos, aquí en esta casita. Al final nada más quedábamos tres viejas y cuatro güeyes. Estábamos en la alberca, cuando a alguien se le ocurrió que nadáramos desnudos y nos quitamos los trajes de baño. Y como estábamos bien pediguanos nos pusimos a fajar y de pronto ya estábamos cogiendo. Nos divertimos tanto que decidimos hacerlo tradición, pero incluyendo más gente. A la siguiente vez armé otra fiesta, junté mucha droga y mucho alcohol e invité a un chingo de gente. Además, proyecté porno en una pared. Y funcionó, güey. Al final como veinte personas se quedaron cogiendo. No todos contra todos, obviamente, sino que se armaron sus parejas y se fueron a buscar rincones en la casa. Pero si hubo grupitos de cuatro o cinco personas. Ésos son los mejores.

No estaba seguro de cómo me debía sentir en esta situación, que no dejaba de parecerme absolutamente surreal, cuanto más por la naturalidad con la que todos se lo tomaban, y me limité a asentir con la cabeza y decir –Qué interesante.

-Y ahora, los siete originales y otros cuates armamos orgías casi cada semana. Esto sí que es vida. Ojalá que un día se animen y le entren. Hasta les voy a presentar a unas amigas…

-Sale, gracias.

-Y de veras, si quieren tomarse algo o fumarse algo, adelante. Viene incluido en su cuota -dijo Osvaldo y se fue a saludar a otros recién llegados.

-Qué pinche güey tan loco, ¿eh? -dijo Renato

-Sí, no mames -contesté.

-Ya vas a ver cómo evoluciona esta madre. Se pone muy interesante. A mí me late más por la experiencia de ver estas chingaderas que por el morbo de participar en ellas. Como te dije, no quiero que algún cabrón se emocione y me la quiera meter por el culo cuando me distraiga. ¿Y tú qué? ¿Le piensas entrar alguna vez?

-Pues ya veremos… -lo extraño de la situación me hacía actuar y hablar tenso y con mucha seriedad –Para ser sinceros me chivea un poco eso de desnudarme en público. Me da cosa que otros güeyes me vean. Y eso de mezclar mi atole con el de otro vato…

-Sí, ya sé. No me late a mí tampoco.

-Pero por otro lado, eso de una orgía es como una fantasía porno, ¿verdad? Todos hemos querido tener la oportunidad de coger con dos o más viejas al mismo tiempo, y no sé si me rehusaría a hacerlo aunque ni las chicas ni el ambiente fueran los óptimos…

-Pues fíjate que eso no es tan común, güey, a pesar de lo que sale en las películas y en los comerciales de Axe. Por lo que he visto y vivido, incluso en esta fiesta, es más común que una vieja se líe a dos güeyes que viceversa.

-¿A poco?

-Sí, porque los hombres somos más calientes, güey. Un hombre no rechaza sexo, aunque tenga que compartir su vieja con otro cabrón. En cambio las mujeres son celosas, y no están tan dispuestas a compartir a su güey. Además, las viejas son más recatadas y no le entran tanto a cosas pervertidas como hacer un trío. En cambio los hombres aprovechan cualquier oportunidad para coger.

-Mmm, no sé…

-Pues es neto, güey. Son mis observaciones.

Poco a poco empezó a llegar más gente. Había más hombres que mujeres y éstas no eran particularmente atractivas. Al hacérselo notar, Renato me dijo que en efecto él había visto pocas chicas que valieran la pena en las fiestas anteriores. Como a las once de la noche Osvaldo empezó a proyectar videos porno en una pared; pude reconocer que varios de ellos, los menos agradables, habían sido grabados en esa misma casa. Aburrido, me levanté por un trago. Unos chavos sentados en círculo sobre el suelo me invitaron a jugar caricachupas con ellos. El que perdía debía echarse un shot de tequila o quitarse una prenda. Jugué un par rondas con ellos, pero pronto me aburrí, porque además, no me interesaba ver los cuerpos regordetes y huangos de las dos únicas muchachas que participaban. Regresé a ocupar mi lugar junto a Renato.

-Es interesante cómo tenemos que inventar juegos para emborracharnos y desnudarnos cuando lo que en realidad todo lo que queremos es coger -le comenté.

-Sí, güey. Es bien cagado, ¿no?

-Pero supongo que pensando en coger hacemos mucho trámite, como bailar y platicar, cuando lo que queremos en verdad es un buen acostón.

-A lo mejor lo hacemos para desinhibirnos, güey. Imagínate si de golpe nada más llegáramos y cogiéramos.

-Sería más sencillo. Pero menos divertido, supongo…

-¡Mira, esa vieja está mostrando las tetas!- señaló Renato

-No están mal de cuerpo, pero esa cara…

-En esos casos aplicas la del camarón: le quitas la cabeza y todo lo demás está bueno. Je, je, je.

Renato se levantó y fue al baño. Yo me serví otro trago. Después de como cuatro tequilas empezaba a sentir el efecto, los sonidos del porno me estaban llegando a los genitales y las muchachas de la orgía me parecían menos feas, pero aún me sentía completamente ajeno a lo que sucedía a mi alrededor, como si no estuviera pasando en el mundo real, como si fuera sólo otro más de los videos obscenos de la pared.

-¡Mira no más qué hay en el baño, güey! -dijo Renato mostrándome una Hustler.

-No mames, llévatela para allá. Ha de estar toda espermeada.

-¡Chale, güey! -exclamó Renato arrojando la revista lejos de sí-. No pensé en eso. Aunque por otro lado, ¿qué clase de loser se la jalaría con una porno en el baño cuando tiene la oportunidad de coger en una orgía?

-Ese tipo, por ejemplo -dije señalando a un cabrón, muy drogado y muy desnudo, haciéndose una chaqueta frente a la pared pornográfica. Otro güey llegó junto a él y le dio una mano con su asunto-. Chinga, eso no lo vi venir -comenté.

-Ya verás a muchos venir, ja, ja, ja. Estas fiestas se llenan de pomosexuales, güey -explicó Renato-. Por eso no me fío. A estos cabrones les das un poco de drogas y alcohol y se agarran a la primera cosa que pase frente a ellos.

-Mira, esos están nadando desnudos –la monotonía era tal que mi propia indiferencia llegó a sorprenderme.

-Y así empezó todo…

Algunas personas abandonaron la fiesta; quizá no era lo que esperaban. Algunas parejitas y tríos desaparecieron dentro de la casa. Después de un par de horas, sólo quedaban alrededor una decena de personas en el patio.

-Esa vieja no está nada mal -dije señalando a una muchacha que se quitaba la ropa con un baile sensual ante un grupo de cinco muchachos que le silbaban y aplaudían.

-Chale, güey, ya estás bien pedo -dijo Renato.

-¿Te cae? ¿No está buena?

-Nel, güey. Bueno, igual y sirve para lo que sirve, pero no más. Aunque sí es de lo mejorcito que he visto esta noche. Una vez me empedé con vino y me cogí a una vieja parecida. Pero creo que si no hubiera estado pedo no le habría ni agarrado las tetas.

-No te has empedado muchas veces en tu vida, ¿verdad?

-No, güey. No me gusta la sensación. Una vez me empedé con mi novia Jimena, y a ella le encantó porque me puse muy fogoso. Una vez se empedó ella y me dijo “hazme lo que quieras”, y yo se la quise meter por el ano, pero no se dejó. Ja, ja, ja, pinche vieja, güey.

-Nunca me habías hablado de una novia.

-Ah, es que ya no es mi novia, güey. Estuvimos juntos y cortamos demasiadas veces y me aburrí. Estuve muy clavado con esa vieja, güey. Me he cogido a un chingo de viejas, pero sólo de ella he estado enamorado. Pero es mucho desmadre. Yo creo que los hombres y las mujeres sólo deberían juntarse para coger y luego dejarse en paz, porque lo demás es muy complicado.

-Ésos de allá siguen tu filosofía -señalé pues la chica del baile se había desnudado por completo y ahora estaba recostada boca abajo sobre una mesa y siendo penetrada por detrás por un cabrón; otros tipos estaban haciendo fila y esperando su turno.

-Hoy está más leve la cosa que otras veces -dijo Renato-. Si quieres llégale a esa vieja, para que no te vayas a tu casa esta noche sin orgasmo.

-De ninguna manera. No quiero ni pensar en los patógenos que están brincando como pulgas de una gónada a otra esta noche… Aunque debo admitir que la escena me excita un poquitín. Pero dime una cosa, ¿por qué crees que los hombres y las mujeres no son compatibles?

-Es por sus vaginas.

Me reí tanto que escupí el tequila que estaba tomando –No mames. Si algo nos hace compatibles con ellas son precisamente sus vaginas.

-Tú tenías novia antes de escaparte de Ciudad Plana, ¿no?

-Sí.

-¿Cómo era?

-Al principio muy buena y cariñosa. Después se volvió celosa, mandona, regañona, exigente, asfixiante y, para colmo, aburrida… y también engordó.

-Exacto, güey. Mi problema con las viejas es que se vuelven loquitas. Además, tienen una noción pervertida de lo que es verdaderamente importante.

-¿Cómo es eso?

-Pues las viejas nunca piensan en lo que es práctico, útil o necesario. Piensan en pura pendejadita como que sea bonito, que combine, que se les antoje. Chale, güey, a mí me gustan las cosas de calidad, pero las pinches viejas siempre se van con mamadas. Lo he visto con mi madre, güey. Ya lo dicen los grandes poetas: las mujeres son caprichosas, mudables, irracionales. Es culpa de sus vaginas, güey.

-¿Cómo?

-Yo creo que sus vaginas secretan alguna substancia, alguna pinche hormona que las hace pensar en pendejadas, que las hace ser tan volubles, que sean tan celosas. Debe haber algo en sus vaginas que hagan que la excepción sea la mujer que lee, que se preocupa por adquirir conocimiento. Algo debe provocar que ellas siempre salgan con esas mamadas de “¿en qué piensas?” o “comparte tus sentimientos”. Y luego hay que hablarles como a los loquitos, como a los retrasados mentales, con mucho cuidado, porque si les dices algo que no les gusta empiezan a hacer sus berrinches y lloriqueos. No puedes discutir con ellas como adultos sensatos, tienes que darles por su lado todo el tiempo…

Me le quedé viendo estupefacto -¿Sabes qué me saca de onda, Renato? Que siendo un tipo tan culto y cosmopolita, de repente salgas con cada mamada racista o misógina.

-Precisamente porque yo conozco el mundo y sé qué pedo es que no me ando con pelos en la lengua para decir las netas. Y la neta es que hay algo en las viejas que hace que insoportables y yo digo que son sus pinches vaginas. No me malinterpretes, me encantan las vaginas. Pero soy el primero en aceptar que las vaginas son agujeros del demonio… ¡Es en serio! ¿Has visto esa madre? ¡Es como la boca de un molusco! Siempre chorreando babas y mocos. Es más, yo creo que el mito de las sirenas nació del hecho de que las vaginas huelen como a pescado.

-A la verga, Renato. No mames. Me saliste bien pinche machista.

-Nah, no le tomes en serio, güey. Te digo estas cosas porque sé que contigo no tengo que ser políticamente correcto. Yo amo a las mujeres, güey, de veras, pero a veces pienso que somos demasiado diferentes como para compartir la vida. Claro que pienso casarme y todo, pero será con una vieja que no me dé tanta lata y que sepa su lugar. Ya lo tengo todo bien planeado, güey. Tendré de esposa una mujer bonita, buena y hacendosa, y de amante, una vieja buenota y caliente.

-¿No sería mejor tener como esposa una mujer bonita y buena que además fuera una amante buenota y caliente?

Renato estalló en carcajadas tan sonoras que la chica, que ahora estaba siendo penetrada por tres hombres a la vez, volteó para ver qué pasaba –Así no existen. Las hay de dos tipos: las que nacen para ser madres y las que nacen para ser putas.

-No mames, Renato, no puedo creer que pienses así de verdad. Una mujer puede haber tenido varios amantes a lo largo de su vida, ser muy buena para el sexo y aún así llegar a ser una buena madre y una esposa amorosa…

-Chale, güey. No me salgas con ese pensamiento liberal. Ésas son mamadas, güey. ¡Puta madre! –Renato contrajo el rostro y apretó los puños; parecía que algún pensamiento o recuerdo lo encolerizaba-. Las que van a ser mamás no deben haber sido putas antes. ¿O qué? ¿A ti te gustaría saber que tu mamá anduvo con éste y con aquél?

-Pues no… pero que una mujer disfrute de su sexualidad no la hace una puta… -como de costumbre, sabía que Renato se equivocaba, pero no tenía los elementos o la energía para argumentar.

Renato se reía de mi indignación –No te ofendas tanto güey. En realidad creo que a todas las mujeres les encanta el palo, y les gusta andar de putas. Pero algunas saben que deben reprimirse para poder ser buenas madres y esposas.

-No mames, Renato.

-Piénsalo, bro: si a las mujeres no les gustara ser tratadas como putas no existiría el reguetón.

-No, Renato. Ahora sí que no puedo estar de acuerdo contigo. No puedes nada más decir “Todas las mujeres son putas y pendejas”, eso incluirá a tu mamá.

-Pues no diría que es pendeja mi mamá, pero sí es medio tontita. El único libro que ha leído en su vida es “¿Quién se ha robado mi queso?”

-Pues hablando de libros, también ha habido muchas mujeres escritoras, ¿no? ¿No cuentan ellas como inteligentes o qué?

-Sí, y muchas de ellas han sido muy buenas. Yo soy fan de Sor Juana. Pero han sido excepcionales, güey, una minoría. Y hoy en día, cuando las mujeres escriben poesía sólo hablan de dos cosas: de sus sentimientos ñoños y de lo mucho que les gusta el palo. Nunca vas a ver un poema escrito por una mujer que sea filosófico, sobre cosas trascendentes. Es como cuando las mujeres escriben blogs: no más echan puro choro sobre cómo se sienten y de sus amantes y esas pendejadas. Nunca dan su opinión ni hacen reflexiones sobre temas importantes, como política o arte. Es como con los jotos, que lo único que hablan en sus escritos es de ser jotos. ¡Qué hueva!

-De verdad que no te puedo creer, Renato. En serio. Si fueras un viejo, te creería que pensaras así. Pero coño, eres un chavo, has corrido mundo. Me sorprende mucho en ti…

-Bueno, pues si te vas a poner así de delicadito, ya no te voy a expresar mis opiniones… ¡Chinga! ¿Ese cabrón le está meando encima?

Del otro lado del patio, lejos del gangbang que ocurría por nuestros rumbos, un muchacho estaba orinando la cara de otro, quien muy complacido satisfacía su sed con la lluvia dorada.

-Pinches putos -dijo Renato-. Me cae que son bien puercos… Pero mira a esa vieja, cómo le siguen dando. Y esos cabrones ni condón tienen.

-Qué fijado.

-¡Ja! Pero no mames, güey. Pinche vieja, se va a rebosar. Ja, ja, ja. Pero es como dice la canción: “Hacer el amoooor con ooooocho. ¡Cóoomo no! Con uno no es nada, y cono ocho es la jugada…” Ja, ja, ja.

-No mames. Entiendo que ella piense que cuantas más vergas mejor, ¿pero cómo pueden ellos estarse untando con el semen de otros?

-Ya te dije, güey, los hombres siempre aceptarán tener sexo, sin importar las condiciones, aún cuando eso significa compartir. ¿Te confieso algo? Nunca he cogido con dos viejas al mismo tiempo… ¡qué más quisiera! Pero una vez compartí una vieja con otro güey.

-¿En serio?

-Neto, güey. Estaba en una fiesta de alberca en casa de mi cuate. Ya al final de la fiesta, sólo quedábamos él, yo, y una vieja a la que los dos le andábamos tirando el ojo. Mi cuate ya estaba pedo y se estaba poniendo de impertinente, dándome indirectas para que me largara, pero yo me hacía pendejo. Entonces fue la vieja la que empezó a darnos indirectas y a zorrearnos a los dos. De pronto se quitó el traje de baño y nosotros nos quedamos sin saber qué hacer, pero, je, je, ella nos guió. Y pos qué te cuento, nos la cogimos entre los dos. ¡Pinches fiestas de alberca, ahí está el origen de toda putería!

-Pero no lo besaste a él, ¿verdad?

-No, güey, no mames. Soy caliente, pero no puto.

-Bueno, como sea… Oye, voy al baño.

Me levanté y me dirigí hacia el sanitario, pero una pareja estaba teniendo sexo en él, de modo que tuve que hacer pis en el jardín.

-Esto está de la verga… -dijo Renato cuando volví con él -Siéntate, Diego.

-Gracias -dije y tomé asiento, para ver el gangbang con atención.

-Chale, Diego.

-¿Qué?

-No es divertido alburearte, güey, nunca te das cuenta.

-¿Me estabas albureando?

-Todo el tiempo te estoy albureando, güey. Allá en la ciudad te comerían vivo. Te chingarían enseguida.

-Bah, ustedes los huaches se toman eso del albur muy en serio –estaba un poco harto y un poco más pedo, por lo que me puse medio al brinco -Que te chinguen es que te abran el cráneo con una piedra. El albur no es más que una forma ingeniosa de decir “eres puto” y “yo te cojo”. Pero qué ¿si te lo dicen con rima entonces ya es verdad y por eso ya te chingaron? Mamadas.

-Chale, Diego, eres bien provinciano.

Ahí, en medio de una orgía que no podía interesarme menos, me encontraba cada vez más irritado por la plática de Renato.

-Bueno -dije después de un rato y tras recobrar un poco la calma-, ha sido una noche interesante. Pero me hubiera gustado…

-Habría.

-¿Cómo?

-Se dice “me habría gustado”, no “me hubiera gustado”. “Hubiera” es subjuntivo, “habría” es pospretérito. Es importante saber utilizar el lenguaje, güey, es lo que nos distingue de los nacos.

-No me pinches jodas, Renato…

-Por ejemplo, me caga la madre la gente que dice “en base a” en vez de “con base en”, o los que dicen “transgiversar” en vez de “tergiversar”. Pero los que de verdad me cagan la madre son los que cuando escriben en la computadora ponen “haber” en vez de “a ver”. Como “haber la foto”. Esos cabrones sí que me enferman.

-Y tú eres muy propio con tu habla, ¿verdad, güey? -le dije, pero no captó la ironía.

-A huevo, güey. Hay que saber usar el lenguaje. Por ejemplo, ¿sabes que García Márquez nunca escribe con adverbios terminados en “mente”? Desde que lo supe, yo tampoco los utilizo, ni para hablar.

Me le quedé viendo incrédulo por unos segundos y al final, envalentonado por el tequila, y porque a esas alturas de la noche ya me estaba empezando a cagar la madre, me atreví a ser sincero –Renato, dime una cosa… ¿Por qué eres tan mamón? ¿Cuál es tu problema?

-Ja, ja, ja. ¿Qué te pasa, güey?

-No, en serio. “Al chile, bro”. ¿Por qué eres tan mamón? O sea, eres buen pedo y todo, pero cuando te pones de mamón, de veras me dan ganas de haberte dejado morir de apendicitis…

Renato me miró muy serio y altanero con sus ojos verdes y dijo:

–Soy mamón porque puedo darme el lujo de serlo.

-Ah, va -suspiré al tiempo que me ponía de pie y empezaba a caminar hacia el portón.

-¿A dónde vas?

-A tomar aire fresco.

-¡Te vas a perder el bukake!-

Ya estaba con un pie en la calle, pero me volví para ver y así pude atestiguar cómo los cinco tipos eyaculaban sobre la cara y senos de la chica. Salí riéndome entre dientes, pero mi risa fue cortada por unos sollozos lastimeros. Junto al portón, sentado en el suelo con las rodillas recogidas contra el pecho, estaba un muchacho, como de dieciocho años, flaquito y pecoso. Me sentí incómodo y por un momento pensé en volver a la fiesta y dejarlo ahí pero, quizá por el tequila, me entró un poco usual sentimiento de camaradería hacia el desconocido y le pregunté:

-¿Estás bien, amigo?

Entre sollozos, el chavo levantó la mirada hacia mí y respondió –No, macho, estoy de la chingada.

Dudé por un instante y luego dije -¿Te puedo ayudar en algo?

-No creo, pero gracias…

Estaba a punto de darme la vuelta y regresar a la fiesta cuando el muchacho dijo de pronto –Ella es el amor de mi vida, güey.

-¿Quién?

-Ella, la chica que está ahí.

Me asomé hacia el interior. La muchacha y sus cinco proveedores se habían ido. Renato caminaba hacia nosotros.

-No mames -se lamentó el muchacho-. Yo a esa mujer la tenía como diosa. De verdad la adoraba. Le escribí poemas, macho, y cartas de amor. E iba a llevárselas a su casa a media noche para que las encontrara a la mañana siguiente… No mames. Ya me quiero morir, macho. ¡Me quiero morir!

-¿Qué pedo? -preguntó Renato cuando nos alcanzó.

-Este cuate agarró la mala copa -dije, y volviéndome hacia el chico pecoso-. ¿Cómo te llamas?

-Mario -respondió.

-Oye, Mario, ¿quieres ir por un café?

Mario se enjugó las lágrimas, me miró con extrañamiento y dijo al fin –Bueno, gracias.

Los tres caminamos sin decir palabra hasta un Oxxo. Una vez en la tienda, pedimos unos cafés y nos sentamos en una de las mesas. Mario seguía lagrimando y gimoteando.

-Esa vieja ha sido el amor de mi vida desde que estábamos en la secundaria -dijo sin que nosotros le preguntáramos nada-. Siempre he estado loco por ella, por su cuerpo, por su cara, por su personalidad… ella siempre fue muy divertida, muy open-mind, siempre tuvo ideas diferentes… Pero nunca me peló. Sólo fuimos amigos… Qué mierda, este café sabe a Jugo Magui.

-Ya, Mario -le dije-. Déjalo, ya encontrarás a otra…

-¡No! Estoy condenado a vivir sin amor…

-Ya, no seas emo, güey -dijo Renato-. Mira, ahora esto te parece que es el fin del mundo, pero ya pasará. Todo pasa. Algún día recordarás este momento y te darás cuenta de que todo esto es muy infantil. Hasta risa te dará, como dice Paul Anka…

-¿Y ése quién es?

-Olvídalo. El punto es que todo esto son mamadas, güey. Te enamoraste de una vieja y resultó ser una puta. ¿Y? Encontrarás a otra. El mundo está lleno de mujeres. Hasta te volverás a enamorar. Créeme.

-Pero ninguna será tan hermosa como ella.

-Eso te parece ahora, pero luego conocerás a más mujeres. Es más, si te la hubieras cogido, a los dos meses ya te habría empezado a parecer menos guapa.

-No lo creo. Yo sé que la amaré por siempre.

-Ya, güey, no seas ridículo. Eso no existe. Lo que necesitas es irte a coger con otras viejas para olvidarte de ella. Es más, creo que si te hubieras aparecido en medio del gangbang, te hubiera tocado por lo menos un agujero.

-¡Yo soy virgen! -soltó Mario de sopetón.

-Chale, pues no hay mucho que hacer aquí…

-Creo que Renato tiene razón, Mario –intervine-. Ya la olvidarás. Yo tuve una novia durante tres años y creí que no podría vivir sin ella y ahora mírame: ya hasta asisto a orgías.

-Sí, y ella también…

-Mejor cambiamos de tema…

El resto de la madrugada lo pasamos platicando de cosas triviales para mantener a Mario distraído. Al amanecer, él ofreció llevarnos en su coche hasta el departamento de Renato.

-Fue un gusto conocerlos -se despidió cuando bajamos del auto-. Y gracias por escucharme, de verdad necesitaba a alguien con quien hablar.

-Sí, sí. De nada -cortó Renato.

-Cuídate y buena suerte -dije dándole la mano a Mario. Instantes más tarde, en el departamento de Renato, le dije –Pobre chavo. Estaba con el corazón bien roto.

-¡Nah! Pinche loser, güey. Me dieron ganas de golpearlo.

No dijimos más y nos fuimos a dormir. La semana siguiente fue la última del curso de apreciación musical y Renato dedicó su tiempo libre a buscar opciones para seguir cultivándose en alguna otra ciudad. Finalmente escogió Ciudad Plana, en donde tomaría un curso de historia del cine mexicano.

-Será chistoso vivir en tu pueblo; me da mucha curiosidad -me dijo Renato.

-Sólo recuerda que estoy de fugitivo, no le vayas a decir a nadie dónde ando.

-Sí, güey, no te preocupes.

Renato se iría al domingo a mediodía, así que armó una última fiesta de vinos y quesos el sábado por la noche. Aparte de Bilcho, Renato y yo mismo, todas eran caras nuevas. Ninguno de los amigos de Renato que habían asistido a fiestas pasadas estaba ahí. Al parecer se había peleado con todos ellos. La fiesta transcurrió con relativa calma, entre conversaciones agradables y sorbos de vino. Hacia las dos de la mañana la mayoría de los invitados se habían ido, incluido Bilcho, y sólo quedábamos Renato, un par de chicas llamadas Violeta y Cristina, y yo. La primera era una morena candente y la otra una güera regordetita. Renato se encontraba en su cuarto fajando con Violeta y yo quería llegar al mismo nivel con Cristina, pero al final, después de una larga conversación en la que creí que me la estaba ligando, ella me dio el batazo y le habló a un amigo para que la fuera a buscar.

Me quedé solo en la sala del departamento de Renato, temeroso de tener que pasar toda la noche escuchando gemidos que no me dejaran dormir de la envidia. Pero no permanecí en esas condiciones mucho tiempo, pues al poco rato mi amigo salió de su alcoba en busca de agua. Me vio todo aplatanado y me preguntó:

-¿Y tu vieja?

-Se fue.

-Chaz, qué mal pedo -y se bebió el agua de un golpe-. Bueno, ni hablar, ya sabes que te puedes quedar aquí a dormir.

-Gracias.

-Oye, broder -me dijo sentándose junto a mí en el sofá-. Te quiero agradecer todo tu apoyo y amistad.

Me sentí un poco incómodo –No te preocupes, Renato.

-Es neto, güey, gracias -me puso una mano en un hombro y agregó –Eres una buena persona, Diego -se levantó y volvió a su cuarto.

Me quedé echado en el sofá esperando a reunir fuerzas suficientes para trasladarme a la cama. Pasé así unos pocos minutos antes de que Renato y Violeta salieran de la habitación medio encuerados y riéndose de vino.

-Oye, güey -dijo él-. Dice esta vieja que si te nos quieres unir -los dos se carcajearon.

No supe qué decir.

-Es en serio, broder -dijo Renato ya sin reírse.

Lo pensé por unos segundos, ponderando las implicaciones de esa invitación. Renato tenía razón: sexo es sexo.

-Bueno, va. Pero nada de cruzar espadas.

-Ja, ja, ja. No, güey. Violeta estará en todo momento entre los dos.

-Sobres -y los acompañé dentro de la habitación. Apenas había puesto un pie dentro cuando Violeta me tomó de la cara y me besó con intensidad. Después, besó con igual fuerza a Renato y luego dijo:

-Ahora bésense ustedes.

Me volví para ver a Renato que también parecía muy sacado de onda y dijimos casi al unísono –¡Ni madres!

-Ay, dale. Bésense. Háganlo para excitarme -decía la chica.

-Ya déjate de mariconadas -le dijo Renato al tiempo que le quitaba poca ropa que le quedaba –Llégale, Diego -me dijo apartándose de Violeta.

Ella se me acercó y me ayudó a quitarme la ropa; besó mi cuerpo y yo besé el suyo, mientras Renato se desnudaba. Entonces los tres nos metimos en la cama, con Violeta en medio.

-Tú por adelante- me dijo, y volviéndose hacia Renato añadió –y tú por atrás.

Y lo hicimos tal como ella nos lo indicó.

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Acerca de Maik Civeira

Escritor friki.
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Una respuesta a 41. La teoría de las vaginas

  1. Anónimo dijo:

    El relato misogino de Renato me dejo sin palabras y azorado, crudeza total; pero no de efectismo simple de usar palabras malsonantes si no por la forma en que esta relatado, hace que por un momento por su forma manipuladora de expresarse te identifiques y pienses como el. Sientes el dark side siseando al oido. Excelente

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