44. Cristal

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            Estábamos en tercero de prepa cuando ella llegó al Countri. No pasó desapercibida. Era muy guapa y usaba la falta a cuadros particularmente corta. Eso no era la novedad, puesto que las putizorras cabezahuecas conocidas como las Frambuesas también usaban faldas cortas y se maquillaban mucho para asistir a la escuela. Cristal no se maquillaba, pero sus brazos estaban llenos de colgajos y cueritos, y en su cabello siempre llevaba un adorno diferente, como una estrafalaria diadema o una pluma de flamenco rosa.

            -Mira a esa freak -me dijo Liliana cuando la vimos pasar por primera vez.

En efecto, la vi. Cristal tenía una forma de caminar muy especial, muy libre, como si no tocara el piso, como si caminara sobre burbujas de aire, contoneando sus generosas caderas de forma hipnótica.

Venía del Emérita, una escuela snob y católica sólo para señoritas. Por ello las Frambuesas pensaron que Cristal sería una digna integrante de su grupo y la invitaron a unírseles. Ella, claro, las mandó a volar. Después de eso las Frambuesas se dedicaron a tratar de destruirla socialmente, difundiendo rumores de que era una güila drogadicta. Pero a Cristal no le importaba en lo más mínimo lo que pensaran o dijeran.

A menudo se le veía acompañada de hombres con aspecto inusual: jipiosos con rastas, grandulones tatuados, darketos con cadenas… Cristal no salía con chavos del Countri, sino con muchachos que fueran a la universidad, o que tocaran en alguna banda, o que vinieran de otra ciudad… o que de plano tuvieran cara de rompemadres. Pero nunca se fajoteaba borracha frente a todos en el antro, como hacían las Frambuesas, y nunca se le vio borracha hasta la madre, vomitando en las fiestas de la escuela y orinándose encima como hacían muchas de las chicas populares. Así que todos sabíamos que su fama de suripanta farmacodependiente era puro reflejo del odio verdoso que le tenían las Frambuesas. Yo presentía que en Cristal había un no sé qué desconocido para mí, algo que no podía imaginar pero que deseaba con todas mis fuerzas. Mas yo, siendo tan chiquito y anodino, ¿cómo podía esperar acercarme a su mundo?

Cierta vez Pelón estaba predicando por enésima ocasión las virtudes de la virginidad y nos invitaba amablemente a sentirnos culpables por desear el sexo.

-A ver, ¿quién de ustedes piensa mantenerse virgen hasta el matrimonio?

Prácticamente todo el salón alzó la mano. En un principio yo me quedé quieto, porque ya no era virgen, pero Liliana me dio un codazo para que siguiera su ejemplo. Cristal debió haber sido la única en el salón que permaneció inmóvil, con la sonrisa de quien ve a un montón de niños ingenuos jugar a los superhéroes.

-¿Viste a esa zorra? ¡No levantó la mano! -me susurró Liliana al terminar la clase.

Tiempo después, Cristal se ganó la animadversión de Pelón, por una confrontación que se dio en una de sus clases. El autoproclamado pedagogo propuso un debate entre socialismo y democracia. Como yo no tenía ni puta idea sobre política y en la escuela jamás se preocuparon por enseñarnos qué era el socialismo y apenas si se mencionó que vivíamos en algo llamado democracia, me abstuve de participar. Otros sí hablaron y dijeron lo que Dios les daba a entender: que si es socialismo es malo porque prohíbe la religión, y que la democracia es buena, porque ahí todos gobiernan… en fin, cantidad de intrascendencias tal que cuando Pelón concluyó el debate diciendo que el socialismo era la peor forma de gobierno que existía, Cristal no pudo resistir más, se puso de pie de un salto y exclamó:

-Para empezar, el socialismo no es una forma de gobierno, es un modelo socioeconómico, y en segundo, no está peleado con la democracia, puede haber socialismo democrático, así como puede haber capitalismo totalitario. ¿No sabes nada? ¿No has leído?

-¡Señorita! Las intervenciones ya acabaron, si usted quería participar en el debate…

-¡Es que no había nada qué debatir! Es un debate absurdo, sin sentido. Lo que estaban haciendo aquí era comparar el color verde con las figuras cuadradas. ¡O sea, nada que ver el culo con las tetas!

-¡Ésta es una falta de respeto!

-¡Pero es que no puedo quedar callada mientras vomitas ignorancia sobre estos muchachos! -y sin decir más, salió del aula dando un portazo.

Ese día se ganó los abucheos de toda la prepa, que no la bajó de freak, chaira y ñoña. Pero también se ganó mi admiración. Nunca expresé ese sentimiento; es más, sólo en una ocasión crucé palabras con ella en todo ese año. Caminábamos por un pasillo en sentidos opuestos; yo trataba de desviar la mirada, para no verla a los ojos, pero un sonido seco me hizo volver la vista hacia ella. Los libros que llevaba se le habían caído y ahora los estaba recogiendo; aproveché esa inverosímil escena de sitcom adolescente y me aproximé a ayudarla. Al ayudarla a recoger esos libros que noté uno en particular, cuyo título e imagen de la portada me impactó tanto que me quedé inmóvil, mirándolo de fijo y sin saber qué hacer.

Kama Sutra -dijo Cristal con esa sonrisa avasalladora que la caracteriza –Es un clásico de la literatura sánscrita. No es sólo sobre posiciones sexuales, ¿sabes? Es sobre todo el arte de amar…

-Oh… -musité.

-Gracias por tu ayuda…

-Diego.

-Gracias, Diego, yo soy Cristal.

-Sí… lo sé…

-Claro. Bueno, adiós.

Un par de semanas después acabó la prepa. Yo me fui a estudiar medicina, Rafael entró a la Facultad de Contaduría, Jorge inició administración de empresas y Liliana empezó a estudiar ciencias de la familia con los Mercenarios de Cristo. Por mucho tiempo no supe qué fue de Cristal…

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Acerca de Maik Civeira

Escritor friki.
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